En la década de 1960, la invasión de películas con los ídolos juveniles del momento como Alberto Vázquez, Enrique Guzmán y César Costa, provocaban la producción de cintas llenas de canciones y amores castos, pero cuatro personajes masculinos parecen querer romper con esa imagen, ellos son los Caifanes. Sí, los Caifanes, cuatro hombres de clase trabajadora que en una noche de parranda conocerán a una pareja burguesa a la que invitarán por una noche a conocer. Interpretados por Sergio Jiménez, Óscar Chávez, Ernesto Gómez Cruz y Eduardo López Rojas, son unos “mugrosos” más de la moderna Ciudad de México de la década de 1960 pero que le pueden “bajar a la vieja” al joven y apuesto chico rico, que representó el actor Enrique Álvarez Félix. Beben y bromean, con cerveza en mano demuestran su hermandad, les gusta robar y vagar, decir “albures finos”. El caifán, dice uno de los personajes, “es el que las puede todas”.

Pero, ¿quiénes son los Caifanes? El crítico de cine, Ayala Blanco, responde:
“Los Caifanes, personajes de la película homónima de Juan Ibáñez, son ante todo un grupo de mugrosos sin nombre: el Mazacote, el Estilos, el Azteca y el Capitán Gato, mecánicos queretanos de farra en la ciudad, cuatro indumentarias que compiten en ridiculez como aquellos habitantes de Salón México (los pachucos, sus precursores aviesos), seres anónimos sin fortuna ni gloria. Nunca serán ni vagos ni malvivientes, son pícaros urbanos supercantinflescos e inofensivos que solo desean pasar una noche dedicados al vacile, a la expansión del ánimo… Los Caifanes padecen todas las deformaciones impugnadas por psicólogos y filósofos al pelado mexicano y al mexicano a secas; tienen todas las lacras intelectuales de prelógica simbólica; están esencializados privilegiadamente con todas las facetas de la enajenación nacional –la seducción de la muerte, la vocación del fracaso y la impotencia ante las instituciones sacralizadas los obseden– y además poseen una sensibilidad frágil y vulnerable bajo su manto de rudeza y rigidez.”

México recupera en esa película un modo y una utopía de ser joven. El filme presenta a un cuate que cae bien, ese cuate que las puede todas y por eso se le bautiza como caifán. En Los Caifanes se mezcla la juventud pobre que busca una noche para divertirse y olvidarse de las largas jornadas de trabajo con la juventud clase media alta que se cree intelectual y que considera divertido recorrer el México nocturno de 1967.

Los cuatro caifanes no tienen nombre: el Capitán Gato, el Estilos, el Azteca y el Masacote. Son bohemios y saben esconderse en las camas de amor eterno. Mientras una voz nostálgica canta esa estrofa de fuera del mundo, la audaz Paloma, interpretada por Paloma, desdeña al novio engreído porque palpó la originalidad de cuatro hombres que parecen hablar en otro idioma y que la invita a hacer muchas jaladas. Esa juventud mexicana atrapada en Los Caifanes delataba diversas formas de vivir en un México que oscilaba entre la ingenuidad y la provocación. El cine de la década de 1960 en México, marcando así a esa época.

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