Cada vez resulta más difícil para los neoliberales, para no llamarles ladrones, pues se escucha muy feo, el ocultar las negras intenciones que desde siempre tuvieron sus políticas públicas dirigidas al campo mexicano.

Hoy se habla que el TLCAN fue diseñado, no por expertos en comercio humano y justo, sino por el Pentágono, esa poderosa institución norteamericana cuyo trabajo es velar por los intereses gringos en todo el mundo. Espionaje, contrarrevolución, combate a las democracias que no sean de receta yanqui, debilitamiento de formas originales de organización política, económica o social, debilitamiento de las estructuras sociales, generar dependencia hacia lo que nos venden en condiciones de usura, mantener el saqueo de las riquezas y materias primas, desbaratar los modelos económicos internos para que el desempleo de nuestros jóvenes les aseguren la mano de obra para sus empresas suficiente y barata, en fin, ese ente diabólico fue quien creó la receta para que hoy México esté en la peor de las prisiones… ¡la cárcel de la dependencia total de los norteamericanos!
No toda la culpa la tienen los gringos. Una buena porción de esta traición se la debemos a nuestros gobernantes, quienes en su sumisión y conveniencia, durante décadas dejaron que las acciones de gobierno se guiaran por recetas fuereñas, y sin dejar de reconocer nuestra pasividad y cobardía como sociedad, pues solo observamos y callamos.

Pero la luz ¡ya está! Elegimos a un presidente que, con la fuerza social nunca antes vista, deberá agarrar al monstruo por los cuernos y llevar a México por caminos nuestros, no de los gringos.

En el campo, hacer lo que dijo que hará: reforestar e impulsar la fruticultura, diagnosticar y aprovechar las vocaciones naturales de cada metro cuadrado de nuestro campo, impulsar formas humanas y solidarias de organización productiva, firmar acuerdos comerciales con países hermanos que sean nuestros iguales, mirar a otros lados del mundo y atraer lo bueno y exportar en condiciones de equidad. Fomentar el consumo interno mejorando la economía rural y urbano/marginada, llevar servicios financieros y financiamiento suficiente y oportuno, romper la maldición de que el campesino siempre compre caro y venda barato, regresar a los extensionistas como forma eficaz de transferir innovaciones tecnológicas, reaperturar los talleres productivos en la academia, revivir la cafeticultura y su agroindustria, cambiar el modelo actual de la educación superior para retornar a la prioridad del campo, la salud y la educación y ya no seguir produciendo peones para las transnacionales.

Es muy larga la lista de pendientes acumulados en el empobrecido campo mexicano, sin olvidar que no todo es tarea de Obrador. Los gobernadores deberán de hacer a un lado la simulación y el engaño con sus políticas.

Por ejemplo, en Hidalgo tenemos ejemplos vergonzantes que hasta delitos son, de obras para los campesinos que nunca sirvieron y que solo son prueba de raterías que aún no prescriben, seleccionadora de limón persa donde solo hay cultivo de naranja valencia, beneficiadoras de café que nunca operaron, en fin, los malos gobernadores y los alcaldes y asambleas que no se apliquen, que pongan sus barbas a remojar. Les puede llegar su primero de julio.

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