En este periodo de vacaciones de verano es la oportunidad para descubrir o redescubrir el patrimonio cultural que hemos heredado y que aún permanece en el estado de Hidalgo.

Profesores de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) se han dado a la tarea de desarrollar líneas de investigación del basto e invaluable patrimonio que se encuentra en nuestro estado, desde los primeros vestigios de los primeros habitantes que transitaron por el territorio que hoy conocemos como Hidalgo.

Los investigadores universitarios y otros pares académicos han volcado sus investigaciones en libros que ha venido publicando la máxima casa de estudios del estado a través de sendas ediciones que se ocupan del estudio del patrimonio natural, el patrimonio colonial y aquel de diversas épocas.

Sin duda, usted lector, al planear sus días de descanso, buscará el lugar idóneo para conocer y visitar. Hidalgo ofrece distintas opciones para conocer su patrimonio cultural. Por su parte, los profesores universitarios de Hidalgo, a través de sus libros, ofrecen información útil y académica.

A partir de esta entrega dominical, abordaremos libros como el de Pintura rupestre del estado de Hidalgo, Códices del estado de Hidalgo y Conventos del estado de Hidalgo.

Hoy hablaremos de Conventos del estado de Hidalgo, numerando en principio los conventos franciscanos y agustinos.

Los conventos franciscanos edificados en nuestro estado se encuentran localizados en los municipios de Tecozautla, Huichapan, Alfajayucan, Tepetitlán, Tlahuelilpan, Atotonilco de Tula, Tula, Tepeji, Tulancingo, Zempoala, Tepeapulco y Apan.

Los conventos agustinos que podemos encontrar en territorio hidalguense se ubican en Chapantongo, Ixmiquilpan, Mixquiahuala, Ajacuba, Actopan, Tezontepec, Epazoyucan, Zempoala, Acatlán, Atotonilco el Grande, San Bartolo Tutotepec, Metztitlán, Zacualtipán, Molango, Xochicoatlán, Lolotla, Tlanchinol, Huejutla, Chapulhuacán y Tlahuiltepa (Chichicaxtla).

Como es de notarse, 32 edificaciones de los siglos XVII y XVIII permanecen en pie, fieles testigos de la empresa evangelizadora en el siglo XVI. La arquitectura monástica novohispana de ese siglo encierra elevadas torres, contrafuertes, bóvedas, esculturas y pinturas que invitan a conocerla y hacerla nuestra y conservarla como parte del patrimonio de la humanidad.

El libro Conventos del estado de Hidalgo, editado hace 19 años, ahora convertido en un libro clásico, fue dirigido por Víctor Manuel Ballesteros García, quien se encargó de describir expresiones religiosas del arte y la arquitectura del siglo XVI. Para ello dedicó un capítulo a la empresa evangelizadora del siglo XVI, en la que el cristianismo tuvo un papel de suma importancia en la conquista y la colonización del nuevo mundo, correspondiendo a los reyes españoles transmitir el encargo que realizó el Papa para propagar el cristianismo en América; sobre la conquista militar, se desplegó una conquista espiritual.

La presencia en el actual territorio del estado de Hidalgo se dará a partir de 1528, cuando los frailes franciscanos fundan el convento de Tepeapulco; la orden religiosa de los agustinos asienta su primera edificación en 1536 en Atotonilco el Grande. De esa manera se iban multiplicando las construcciones religiosas.

Ballesteros García desarrolló una metodología sencilla para ir descubriendo los espacios que integran el templo y el convento. Describió el atrio, la cruz atrial, las capillas posas, la capilla abierta, los campanarios y las torres, la iglesia, la portada, la nave, el presbiterio, el altar y la sacristía. En el libro Conventos del estado de Hidalgo invita, de manera didáctica, al visitante a descubrir elementos como el portal, la portería, el claustro, las pinturas, la escalera, las celdas, las fuentes y los huertos.

La cruz atrial que se conserva en algunos conventos le dará la bienvenida; observará la majestuosidad de las fachadas y su campanario; seguramente se admirará la belleza de los portones y sus herrajes; en algunos conventos encontrará el portal de peregrinos y en otros el cementerio y sus criptas.

Al entrar al templo del convento lo atraerá la altura de sus naves, algunas con nervaduras; le llamarán la atención las pinturas y esculturas, pero, sobre todo, el altar y el presbiterio; algunas edificaciones conservan valiosos órganos de tubo en el espacio dedicado al coro.

Otros conventos conservan sus claustros y celdas, así como lo que fueron los huertos de las órdenes religiosas y las fuentes que los proveyeron de agua.

La construcción de templos y conventos durante el siglo XVI estuvo fundamentalmente a cargo de los frailes, auxiliados por artesanos europeos e indígenas. El espacio arquitectónico es concebido por los nativos y conquistadores.

Conocer los templos y conventos sin perder de vista sus elementos permitirá llegar a una mayor comprensión del arte religioso.

En las próximas entregas hablaremos sobre Códices del estado de Hidalgo y Pintura rupestre del estado de Hidalgo.

Ese libro solo puede consultarse en la Biblioteca Central de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, en la Ciudad del Conocimiento. La edición se encuentra agotada.

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