Desde que mi juicio entró a la “normalidad”, he venido diciendo y escribiendo que son muchas las cosas que en Hidalgo no marchan, marchan mal o ambas cosas.

Con añoranza evoco aquella primer colaboración escrita hace más de 30 años, en un semanario regional de Huejutla, dirigido por Gustavo Núñez Salguero; lo titulé “¿Desarrollo o desarrollismo?” Fue mi primer grito de inconformidad sobre lo que se hace con los dineros públicos en las regiones del estado.

Toda una vida después sigo viendo (aunque ya con lentes) que nada cambia. ¿Será porque el grupo político dominante se mantiene y los criterios erróneos se heredan?

Algunos defienden y confunden al concreto echado sobre la madre tierra como progreso; otros, no menos ciegos, aplauden que los hijos y nietos de indígenas hayan alcanzado una profesión universitaria y que hoy estén generando riqueza en Querétaro o Monterrey, y sus comunidades de origen languideciendo. No falta quien cree que es normal que los ríos apesten porque no ha existido capacidad para manejar y disponer las heces humanas. O aquellos que no se alarmen al no poder ver la total dependencia del dinero público, pues ya no producen nada y todo lo que se comen, lo deben comprar.

El cristal con que miro a esa región, tres décadas después que me inicié como crítico de aquello que en casa y en las aulas me enseñaron que no está bien, me sigue mostrando que sigue estando ahí, ese demonio del atraso que siempre soñé y actué para que se superara. Mentiras institucionales a diario, obras mal hechas y decididas, programadas y presupuestadas a antojo de los “ganones”, solo lunares productivos muy escasos y el agua de los ríos pasa y se va al mar sin ser aprovechada, alto grado de mal nutrición y los hospitales llenos de diabéticos o cirrosos por alcohol o pobreza, muy alto nivel de deserción escolar en secundaria y preparatoria, y lo peor en eso, que abandonan la escuela para ir a los campos de cultivo norteños, en los que aprenden cosas malas que luego reproducen en su comunidad.

Los suicidios se dan a diario y no se ve la política pública para entender y atender el fenómeno. Los grillos malosos que buscan hueso se sueltan temprano para dividir a la gente buena. Las carreteras en mal estado, la inseguridad al acecho, las peleas por el pastel gubernamental disminuido, nos ennegrece aún más el panorama futuro. En fin, los años transcurren y los demonios siguen.

PD… A mi amigo Gerardo Sosa Castelán le mando un fraterno abrazo. Las pruebas que la vida nos pone solo son para superarlas.

Dios te mande fuerza y sabiduría para soportar algo insoportable.

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