Todo lo que digamos se usará a favor o en contra. Este es un precepto legal, pero que hoy tiene sentido en muchos de los mensajes que recibimos en el día a día de esta sociedad, o era de la información.

Este es el caso, por ejemplo, de la controversia pública y de medios públicos, pero también de los derechos de las audiencias, sobre la “diferencia” que tuvieron Sabina Berman y John Ackerman en su programa del Canal Once “John y Sabina”, el martes 10 de noviembre, y que el 12 en comunicado de la televisora se dio por concluido “de manera acordada por los conductores”.

Para resumir, en el programa pregrabado, ese día tenían una entrevista con el secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma. La emisión la inició Sabina Berman, invitando a su co-conductor a expresarse sobre la represión armada contra las manifestantes de Cancún, Quintana Roo, por el asesinato de la joven Bianca Alejandrina. Sin embargo, John Ackerman la ignoró y dio pie a la entrevista con el secretario de Educación Pública. Después de intentar dos veces intervenir, Sabina por fin logró hablar y se dirigió al invitado preguntándole ¿qué se puede hacer ante el machismo de Ackerman que no la deja hablar, se impone, la ignora? Ese hecho desató la polémica, de inmediato se calificó o descalificó la acción y reacción de Sabina, pocos se centraron en Ackerman. Se dijo que era “berrinche”, que “los trapos sucios se lavan en casa” y que no se ventilan en público, que se faltó a las audiencias al exponer el desacuerdo entre conductores, que saboteó el programa, y un largo etcétera.

En los estudios sobre el habla, la lingüística tiene muchas luces y aportaciones sobre el tema. Deborah Tannen tiene diversas investigaciones sobre la comunicación entre géneros y encontró hallazgos que nos dan pista o argumentos sobre lo que vimos en TV y lo que interpretamos del hecho Sabina y John.

Para comenzar, la lingüista norteamericana, afirma que en la vida social el diálogo es constante y puede darse sobre temas intrascendentes o catastróficos, o importantes y cruciales. El diálogo es constante y en este se da el conflicto, la oposición, la cooperación y/o el acuerdo. Sin embargo, un elemento clave para que se dé la comunicación es el metamensaje o lo que se comunica con actitudes y es a partir de estas como se da la respuesta, la reacción.

En esta ecuación comunicativa, la base o plataforma que soporta estilos y formas de comunicarnos es la cultura, la socialización histórica del lugar y papel que debemos jugar mujeres y hombres. De ahí que asociemos a mujeres con la crianza, la ternura, la comprensión, la sumisión, el cuidado, la casa, la belleza, la sensibilidad y el silencio, entre otras cualidades, virtudes y acciones; y a los hombres con la fuerza, el poder, la razón, el conocimiento, el equilibrio, la acción y el liderazgo.

Dice Tannen que en el rejuego comunicativo “para encarar las percepciones nuevas, las comparamos con nuestra experiencia anterior… Funciona muy bien cuando el mundo que encontramos se comporta como el mundo lo ha hecho en el pasado, pero nos hace perder el camino cuando el mundo es nuevo.”

Esto sucedió con el “desencuentro” de Sabina y Ackerman. Se interpretó la protesta de la conductora desde viejos patrones que sancionan la voz, el derecho de interpelación y de denuncia de las mujeres: “calladitas se ven más bonitas”.

Desde el medio, solo se atinó a expresar, vía comunicado oficial, el fin del programa por “mutuo acuerdo”, aún y cuando Sabina expuso que esta situación adversa a su papel de co-conductora lo había hablado con la dirección del Canal Once hasta en ocho ocasiones. Desde la defensoría de audiencias del mismo canal, se expresó que el público no tenía por qué exponerse a “las diferencias entre los conductores” y que el programa al aire no es el mejor espacio para dirimirlas, con esta postura confluyeron algunos opinadores de medios. Incluso, en redes, hubo burla sobre la actitud de Sabina, tacharon su respuesta de “berrinche”, de “reclamo inapropiado”, de “tema que no tenía que ver con el invitado y la educación a distancia”. Se retomó el sarcasmo de Dresser para denostarla, es decir, se repetió sin contexto para cuestionar a los detractores de Sabina, quienes la han calificado de “chaira”, “arrastrada lame huevos”, “burguesa blanca que analiza el país desde el privilegio” y de “mal cogida”.

En esta confusión y sanción cultural, solo la comisión de género del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM fue clara respecto a pronunciarse en contra de la descalificación, discriminación y anulación de voz de Sabina por el investigador de este mismo Instituto, John Ackerman.

Este incidente nos muestra cuán difícil es entender que los derechos de las audiencias se tejen desde la empatía, el respeto, la igualdad y la equidad. Los derechos no solo son discurso o letra, son acciones y ejemplos. Dejar pasar este tema, o bien seguir descalificando a la “víctima”, es común y reiterado de una sociedad que está lejos de entender y hacer real el derecho de las mujeres en general, y como audiencias en particular, y apelar al ejemplo estadunidense sobre igualdad y derechos: todos somos iguales pero unos (blancos) más que otros (negros y latinos). En este caso, más los hombres que las mujeres.

Largo es el camino de los derechos en todos los ámbitos.

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Josefina Hernández Téllez
Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.