Cuando los errores cuestan vidas y empujan a un país hacia el desastre, el creciente poder de la opinión pública interna e internacional puede constituir el último punto de resistencia que se tiene a la mano. No porta armas de destrucción masiva ni tiene facultades ministeriales, pero cuando menos desnuda a los fantoches.

El mundo de la burocracia empoderada es un tiradero, está lleno de impostores, sentenciaba el tango “Cambalache”, una de las más rotundas expresiones del pensamiento popular argentino de la década de 1940 del siglo pasado. Todo sigue igual.

Cambiarse de camiseta, envolverse en piel de oveja, traicionar los principios ideológicos esenciales y aparentar lo que no se es sigue formando parte de ancestrales truculencias que ya no pueden sostenerse, sin pagar un costo político demasiado caro, obtuso y afortunadamente necesario.

El patetismo de la corrupción, impudicia e incongruencia se revela en toda su magnitud, cuando las banderas, posiciones y declaraciones de los dirigentes son desmentidas cruelmente por su conducta. Casi nadie los salva. Los ejemplos cunden en todas latitudes.

Nuestro poder adquisitivo como el de Botsuana

Ante la práctica sistemática del engaño y mentira, las antiguas hipótesis de la razón de Estado se han desplomado para alegar buenas intenciones, hasta caer a niveles de descrédito nunca revelados.

Los organismos internacionales, los que manejan las orientaciones, tendencias y objetivos de los países occidentales, han entregado recientemente sus informes y conclusiones sobre el ritmo y rumbo de las economías. Como todos los meses de abril desde que tenemos memoria, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional sacaron la baraja.

Esos organismos a los que el gobierno mexicano se ha ceñido a pie juntillas y línea por línea en sus recetas desde el neoliberalismo para acá ha dado un veredicto sobre el gobierno de la supuesta transformación: el poder de compra real de los mexicanos es similar al país africano de Botsuana. Venezuela y México están en ese mismo casillero. Y así, casi ya no tenemos para cuándo.

Esto era en abril, para que nadie crea que los informes son posteriores al desastre de la pandemia. Demasiado desastre teníamos en casa para haberle echado la culpa a esa peste de lo que pasaba en el país durante 18 meses de transformación radical.

Según el Banco Mundial y su óptica, en abril de este año la economía mexicana aumentó la capacidad de generar riqueza en los últimos años. La prueba es que tenemos en nuestras filas al cuarto o quinto multimillonario del planeta, pero ha mostrado el peor de los retrocesos en su capacidad de distribuirla o de ocuparla.

Antes del inicio del gobierno actual, México se consolidó como una de las primeras 12 economías del mundo, pero ya cayó al escalón 20, al número 70 en cuanto a ingreso por habitante y 90, si este se mide por la capacidad real de compra, rango comparable a los más atrasados países del llamado continente negro.

Aquí es mejor medir la felicidad, por designio del dedo mayor

La medición es demasiado generosa con la cifra fría del producto nacional bruto, que representa la suma del valor agregado por todos los agentes económicos residentes en el país, más algunos impuestos cobrados, así como ingresos por compensaciones a empleados o por rentas, descontando los subsidios.

Algunos chairos de la burocracia morena que despachan en las caretas hacendarias o económicas, con Herrera al frente del timón y al garete en la tormenta, pueden tomar esta decisión casi filantrópica como pretexto para alegar que estén apoyando la ocurrencia de medir la felicidad, así como suena, en lugar del producto interno de la economía, el poder de compra o los ingresos de la población.

Aquí es mejor medir la felicidad, por designio del dedo mayor, aunque esta sea definida desde el chusco altar de muertos instalado en Palacio Nacional. Con orientaciones que definen su apego por un pasado que nunca volverá, para el bien fundamentalmente de los pobres y de la honestidad valiente.

Trinidad y Tobago, el mejor país latinoamericano en ingreso

Si hablamos de corrupción y de la indolencia con nuestros impuestos desde el gobierno, cada vez cantamos mejor, dado que ya ocupamos el deshonroso lugar de entre los últimos en la aplicación del Estado de Derecho. Y esto en solo dos años. Dicen que vienen tiempos mejores, pero seguro que serán peores.

Desafortunadamente para México ahora está clasificado en medio de los países más atrasados del antiguo Pacto de Varsovia, Croacia y Eslovenia, con cerca de 7 mil dólares de ingreso per cápita muy delante de nosotros. Para colmo, a nivel regional, el mejor país latinoamericano en cuanto al ingreso nacional por habitante es Trinidad y Tobago, nuestro ancestral pargo en las competencias futboleras.

El presidente del Banco Mundial afirma que el progreso en el planeta no es parejo y definió que, en muchos países de África y América Latina, incluyendo México, la pobreza se acelera y aumenta incontenible. Por si hiciera falta, recordemos que este informe es de antes de la pandemia.

Escasean sentido común, lógica, inteligencia e intuición

Ante la amenaza de su renuncia hace muy poco, el actual secretario de Hacienda y Crédito Público pidió al posible sustituto que se pusiera de rodillas y les pidiera a sus colaboradores que siguieran en sus puestos, pues no había mejor equipo, probado y eficiente. No es chiste.

Para más datos duros, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe destroza cada vez que se puede a la economía mexicana y a su manejo. Estamos abajo de la tabla de la competencia entre los 19 países considerados por el organismo de la Organización de las Naciones Unidas para pasar a la báscula.

‎Tal parece que estamos condenados a repetir el viejo sonsonete, consistente en que si la realidad no se ajusta a nuestras palabras y acciones políticas, es peor para la realidad. Como México no hay dos, sea gobernado por un neoliberal o por un iluminado transformador. Lo que escasea es el sentido común, la lógica, inteligencia e intuición.

Y eso que la tasa actual de crecimiento del producto interno bruto es apenas la cuarta parte de la registrada en el sureste de Asia. Los criterios para el desarrollo enumerados por el Banco Mundial son los mismos que aplicamos desde hace seis décadas. Ni a quién irle.

Y las bandas del narco, apapachadas por la 4T

Estamos rumbo al desastre, a costo también de 100 mil vidas, hasta ahora, por efecto de la pandemia, y cerca de un millón de masacrados por las bandas del narcotráfico, tan apapachadas por el régimen de la cuarta decepción. Números para que cualquier dictador africano presuma un domingo cualquiera.

Son los números de nuestra tragedia nacional.

¿No cree usted?

Índice Flamígero: Hay de delincuentes a delincuentes, la unidad de inteligencia financiera ha servido para apretar a algunos adversarios del gobierno federal, pero no para sancionar a los cercanos. La dependencia prácticamente exoneró a Pío López Obrador por “lavado” de dinero, y echó la bolita al Instituto Nacional Electoral que deberá determinar si hubo transferencias irregulares para campañas. En otros casos, la UIF, que depende de la Secretaría de Hacienda, ha congelado cuentas durante la actual administración.

El presidente del Banco Mundial afirma que el progreso en el planeta no es parejo y definió que, en muchos países de África y América Latina, incluyendo México, la pobreza se acelera y aumenta incontenible. Por si hiciera falta, recordemos que este informe es de antes de la pandemia.

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