México goza de un desempeño macroeconómico sólido, este marco, que se estableció luego de la crisis de 1995, ha funcionado correctamente: la inflación pasó de más del 50 por ciento en el año destacado a menos del 5 por ciento, y el déficit en cuenta corriente fue ubicado en los niveles cercanos al uno por ciento del PIB. El déficit presupuestario fue reducido a 0.3 por ciento, mientras que los requerimientos financieros el sector público fueron ubicados en 2.5 por ciento, en comparación del 6 por ciento en 1999.

El manejo de la deuda pública también ha reducido la vulnerabilidad entre los choques de tipo de cambio y tasas de interés. Luego de la apertura comercial, México ha consolidado su base exportadora y su especialización ha evolucionado hacia las manufacturas de tecnología media y alta. En contraste, la proporción del petróleo en las exportaciones totales pasó de una tercera parte a fines de la década de 1980 a menos de 10 por ciento a principios de la de 2000.

De aquí que la actividad en México se haya vuelto menos vulnerable a las fluctuaciones en los precios del petróleo, pero sigue expuesta a las desaceleraciones cíclicas en el extranjero y, en especial, en Estados Unidos, que compra 90 por ciento de sus exportaciones.

Frente a las fortalezas referidas, México enfrenta, entre otras debilidades, las siguientes: niveles de capital humano insuficientes, como consecuencia de avances educativos, que son los más bajos entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Entre 1990 y 2004 la población mexicana mayor de 12 años se duplicó. No existe un seguro de desempleo y las pensiones son bajas. La conclusión obvia es que se necesitan tomar medidas en varios frentes para aumentar la productividad de forma directa y liberar sinergias que aumenten los beneficios de reformas anteriores. Uno de los mayores problemas que vive nuestra economía es la distribución del ingreso, que es de las más desiguales en la OCDE, como reflejo de la extensa pobreza. Desde principios de la década de 1990, los grupos de ingresos medios han aumentado su participación en el ingreso y los deciles más bajos han ganado ligeramente. Sin embargo, cerca de la mitad de la población de México aún vive en condiciones de pobreza. Una persona de cada seis vive en situación de pobreza extrema. De igual manera, la estrechez de la clase media limita el tamaño de los mercados potenciales. Todo el anterior diagnóstico formaba parte de un documento que fue elaborado por la organización (OCDE, México, octubre 2005). Ese análisis describía la gradual fortaleza y consolidación económica que iba adquiriendo México. También discutían zonas de debilidad como la pobreza, el desempleo, pero desde la perspectiva de la OCDE marchaban por la ruta correcta. ¿Qué se hizo mal (o, muy mal) para qué en 2019, increíblemente una nación subdesarrollada como Perú crezca a tasas del 3 por ciento, mientras que México crecerá al cero por ciento y camine rumbo a la recesión. Entre las posibles respuestas están que: durante los primeros nueve meses de 2019 la inversión pública cayó en 14.4 por ciento. En el caso de la inversión privada, hasta el primer trimestre del año retrocedió 4 por ciento. Lo anterior ha provocado caída de exportaciones fundamentales como el sector automotriz quien, por primera vez desde 2009, ha enfrentado el desplome en sus ventas durante los últimos nueve meses, de manera que para octubre se han vendido 8.9 por ciento menos vehículos respecto a octubre de 2018. La historia sería muy distinta si se creciera a tasas del 4 por ciento y se hubiera logrado enfrentar y disminuir la ola de violencia que sufre el país.

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