La frase “gobiernos cercanos a la gente”, como toda aquella que es adoptada por la clase política, ya perdió todo su significado. Quizá, hace unos 15 años, resultaba un eslogan efectivo que ganó simpatía entre la población que buscaba una opción política que le permitiera mejorar su calidad de vida. Pero hoy su significado original no solo ya se desgastó, sino tiende a referir lo contrario. Un ejemplo de lo anterior ocurrió ayer, cuando la secretaria del Trabajo María de los Ángeles Eguiluz simplemente ignoró a un matrimonio que desde 2010 busca que los gobiernos cercanos a la gente los escuchen, ya no que resuelvan sus demandas, eso es pedir demasiado. Apenas concluyó la comparecencia que protagonizó ayer con legisladores locales, Eguiluz Tapia atendió las preguntas de reporteros pero de pronto aparecieron los esposos Tito Armando Cruz Soto y María Cinthya Aguirre Álvarez. El primero narró que perdió la vista en un accidente de trabajo, mientras que Aguirre Álvarez se dijo víctima de la corrupción cuando tuvo la oportunidad de tener un ascenso laboral. Ambos cuestionaron los resultados de las estrategias de vinculación, capacitación, justicia laboral y fomento al autoempleo que la secretaria Eguiluz presumió a los legisladores locales. Aguirre dijo que ni siquiera ha logrado interponer una demanda laboral contra la Secretaría de Educación Pública de Hidalgo desde hace una década. ¿Esto es eficiencia administrativa, cercanía con la gente? Lo peor es que la funcionaria pública, en lugar de ofrecer alguna solución, citarlos para después, darles una tarjeta, no hizo nada. Simplemente se dio la vuelta y se fue. Ah, pero ya veremos en 2018 a varios de los funcionarios que hoy no tienen tiempo de escuchar. Seguramente el próximo año electoral saldrán a la calle, vestidos de forma modesta, a pedir el voto. Saldrán a prometer que ellos sí encabezarán un gobierno cercano a la gente. De filón. El malestar económico es la madre de los movimientos sociales que hoy están cambiando la historia de Europa. O eso al menos interpretó el profesor Olivier Brossard durante una entrevista concedida a este diario. Ojalá que los políticos locales tomen nota y luego no digan que no se dieron cuenta del mal humor social y los movimientos que se avecinan.

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