Dicen que los años no pasan en balde y es cierto, sin duda cada año que se añade a la edad de uno se torna una nueva experiencia que hay que vivir al máximo, pero también representan un acercamiento más con la extinción del ser.
Después de vivir 90 años es innegable que el momento del acaecimiento está cerca, la muerte no hace distingos y arrasa sin miramientos, el detalle está en cómo saber vivir el paso por este mundo. Hay quienes tratan de hacer un bienestar a la humanidad y dejar su legado, otros parecería que se afanan con la búsqueda constante de hacer el mal sin mirar a quién, solo por el mal mismo.
La humanidad está llena de casos excepcionales y únicos, más no repetibles, quizá similares, pero jamás podrán ser estos iguales y por desgracia los hombres y mujeres que arriesgan su vida mantienen firmes sus ideales, luchan por mejorar las condiciones de la sociedad, etcétera. Son los que más se necesitan, pero la muerte no avala esta necesidad como para dejar con vida a esas buenas personas.
Y como también la muerte no conoce fronteras, ni muros ni mucho menos países primermundistas y en vías de desarrollo, justamente lo que aconteció este 25 de noviembre a las 10:30 horas en Cuba da un panorama de lo que es la pérdida de una leyenda que vivió 90 años para su pueblo, aunque hay personas que piensen lo contrario y digan que este personaje en realidad se aprovechó de su pueblo para su propio beneficio, pero lo cierto es que para nadie es desconocido quién fue Fidel Castro Ruz.
Estar más allá del bien y el mal es un privilegio que solo las leyendas se dan, la historia magnánima las suma a una lista de próceres que han dejado huella indeleble en la humanidad, en ocasiones para mal o para bien, pero siempre marcando tendencias, formas, ideas, regímenes.
El caso de Fidel Castro no es exento de ese privilegio que dona la historia solo a personajes que se ganan un lugar en sus páginas; un personaje que marcó un hito en gran parte del siglo XX desafiando a los yanquis, al imperialismo, al servilismo de los proletarios para con el capitalista explotador y represor.
Pero, ¿por qué tanta animadversión este personaje produce? Bueno, siempre que se lucha contra el orden establecido, se logra el encono de los que son afectados por medidas contrarias a lo que están acostumbrados, el caso de los grandes capitalistas cubanos que después de la Revolución cubana tuvieron que dar sus bienes materiales por una expropiación a favor de las clases menesterosas, es un claro indicio de que no se puede tolerar ni estar de acuerdo con quien lejos de hacer más boyante el bolsillo, simplemente lo amedrenta.
El quitar los beneficios a las grandes compañías estadunidenses que durante años solo se beneficiaron de Cuba para lograr de esa nación un gran casino lleno de grandes burdeles y hoteles, lugar paradisiaco, sin duda, pero no para los que vivían en la isla, sus pobladores, los verdaderos cubanos que estaban a expensas de los extranjeros que solo los miraban con desprecio y abusaban de ellos para sus propios negocios benéficos.
Fue cierto, Castro duro en el poder muchos años, demasiados para ser exactos, no se puede tolerar una dictadura, porque eso fue en lo que terminó transformándose la isla bajo el mandato del comandante Fidel Castro, sin embargo habría que plantearse ¿todo estuvo mal?, ¿en verdad todo se perdió por la figura dictatorial de Castro? Percibo que no, en gran medida no se puede perder ni tampoco poder aludir que por un régimen como el que se vivió en Cuba todo estuvo mal.
Cuba tuvo a su dictador, sí es un hecho que no se puede omitir, a todas luces lo fue Castro, por lo menos los gobiernos que ostentan una democracia y que piensan que las dictaduras son pésimas, malas, caducas, lo piensan así. Otro punto que cabría analizar ya que tampoco una democracia es un esplendor para toda la ciudadanía, en México la hemos vivido o lo que aparentemente es una democracia ya que ha quedado a deber, y mucho, para las mayorías.
Por lo menos en Cuba el analfabetismo fue erradicado, el sistema de salud es a nivel mundial de primerísima calidad y las mayorías son tratadas con cierta deferencia, no existe la drogadicción, pues ésta es castigada con la pena de muerte, situación importante que ha logrado que el temor a ser pasado por las armas abstenga a quien quiera delinquir con ese acto ilícito; ¿qué sería de México si se tuvieran esas bondades? Con tanta falta de oportunidades y escuelas que lejos de enseñar son solo negocio, qué sucedería con un sistema de salud que lejos de estar en vías de desarrollo y caduco simplemente fuera eficaz, y ni qué decir del narcotráfico, que seguro ya hubiera sido erradicado en nuestro país, sin miramientos.
Una leyenda ha muerto, Fidel Castro está más allá del bien y el mal, pero aun sus detractores no entienden la importancia que tuvo la figura de ese hombre peculiar en el siglo XX. No puedo asegurar si hay una vida después de la muerte, pero sí puedo asegurar como historiador un hecho certero, Fidel Castro se ha vuelto inmortal, sí claro, lo ha logrado al tener su nombre un espacio en la historia que no lo olvidará y perdurará por tiempo indefinido para generaciones futuras.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.