Hoy en la mañana entre las notas de los periódicos estaba que los feminicidios siguen en aumento, me cuestioné si estos datos no son suficientes para que los gobiernos estatales y el federal vean que no se está atacando correctamente la violencia de género en el país; en este sentido, hoy no hablaré sobre mujeres, sino sobre el género masculino, pues creo que en esta violencia nos hemos enfocado más en ellas que en ellos.

Es momento de trabajar con los hombres, por muchas razones, son quienes asesinan y/o violentan a sus mujeres, a sus hijas; son los que más mueren en el país; son quienes más se suicidan. Por estos datos considero que como sociedad debemos cambiar la concepción del rol de género, tanto de las mujeres como de los varones; es necesario que a nosotras ya no se nos vea como las únicas responsables de hacer las labores en la casa y de cuidar a los hijos, y que somos las sensibles, las débiles física y emocionalmente; a los hombres debemos de dejar de considerarlos como los fuertes, física y emocionalmente, como los únicos en los que recae proveer el hogar, por lo mismo, no son responsables del cuidado de los hijos ni de las labores de la casa.

Aunque se ha trabajado culturalmente en el rol de la mujer, en el de los hombres ha sido poco, de hecho a veces me encuentro juzgando a los hombres bajo este rol tradicional, y exijo que el hombre sea fuerte físicamente o que haga labores duras. Ahora, me imagino qué pasa en el imaginario de ellos, está muy introyectado este rol tradicional, es parte de su formación e identidad como hombres. Uno de los talones de Aquiles de esta masculinidad tradicional es que al hombre le cuesta mucho trabajo mostrar sus emociones, hay que recordar la frase célebre: “¡los hombres no lloran!” Decía Octavio Paz en El laberinto de la soledad que los hombres no se abren, no se rajan, de lo contrario son comparados con el género femenino.

Este tema creo que es uno de los mayores problemas del rol tradicional del hombre, hoy precisamente, platicando con un joven, me contaba: “Tuve que pagar un psicólogo para poder llorar”. Parece que a los hombres la sociedad los ha limitado emocionalmente, es muy fuerte lo que hemos y estamos haciendo, pues el llorar evita estrés, enfermedades y hasta suicidios, y si se evita significa guardar tristezas, temas dolorosos, frustraciones. En este sentido, el hombre va almacenando sentimientos, no los puede contar o desahogarse, y esto no lo hace por pensar en el qué dirán de él, tiene miedo al enjuiciamiento de su masculinidad, esto para un hombre es muy importante, o es lo que se le ha enseñado culturalmente. La mutilación que hace la sociedad de ellos es lo que ocasiona que se sientan enojados, frustrados y esto se traduzca en violencia con quienes puedan desquitarse, en depresión o hasta en suicidio.

Hace poco asistí a un grupo de jóvenes en recuperación de las drogas y contaban cómo muchos de ellos iniciaron “con malas compañías” por falta de cariño, principalmente de sus padres, pero además hablaron de la incapacidad de decirlo, de expresarlo, así que preferían estar enojados con ellos o con la vida, y las drogas fueron una salida parcial a sus estados de ánimo. Uno de los que tomó la palabra al final de su plática dijo: “Denle mucho amor a sus hijos, sean hombres o mujeres, díganles cuánto los quieren”.

Por tanto, si queremos que ya no haya feminicidios y suicidios, en este caso de los hombres, debemos acabar con los roles tradicionales de género y hoy dedico mi columna a ellos; debemos dejar atrás la concepción de que son los fuertes emocionalmente, que nunca deben mostrar debilidad; simplemente, debemos considerar que son seres humanos con sentimientos, que necesitan llorar y expresar si están tristes, alegres o si les pasa algo; esto es muy necesario, pues hay historias trágicas, donde por miedo a cuestionar su “masculinidad” prefirieron un camino de drogas y violencia.

Los hombres, considero, son igual de sensibles que la mujer, por lo que debemos enseñarles cuando están pequeños que expresen cómo se sienten, a que no deben guardar sus sentimientos, pueden expresarlos y/o llorar, esto es fundamental, también que no necesariamente tienen que hacer deportes o labores rudas, depende de sus gustos, pues hay hombres a quienes les gusta la poesía, la danza, la música y esto no debe mermar ni su autoestima ni su masculinidad.

Por último, se les debe enseñar que las mujeres pueden llegar a ser las proveedoras y ellos sean quienes se queden en el hogar, si así se consensa en la familia; pero si la decisión es que trabajen los dos, ambos deben cuidar de los hijos y de la casa; o si él sale a trabajar y ella se queda a cuidar de la familia, también es válido. Cualquier posibilidad de convivencia es legítima, pero lo más importante es que estas sean sin violencia y expresando en ambos casos el sentir, pidiendo ayuda y aprendiendo a escuchar también los sentimientos de la otra persona.

Esto es a lo que llamo una nueva masculinidad y si queremos acabar con el feminicidio no solo necesitamos una mujer empoderada, sino también un nuevo hombre dispuesto a expresarse y a escuchar; creo que este cambio es necesario por ellos y por nosotras.

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