El gobernador Omar Fayad otra vez se puso sincero ante los micrófonos, ayer durante un acto en donde autoridades entregaron estímulos y dictámenes de formalización a trabajadores de los servicios de salud de Hidalgo. Refiriéndose a dos hospitales que construyó la anterior administración estatal, los calificó como “huacalotes” que su administración tiene la obligación de terminar y además ponerlos en marcha, que es lo más difícil de realizar. Y, en efecto, así como no es tan complicado levantar una nueva universidad, sino más bien contratar al personal que laborará en ella, lo mismo sucede con la infraestructura hospitalaria. El armazón, “el huacal”, como dijo Fayad, es lo de menos. Lo complejo es comprar el equipo médico necesario, que es muy caro, y luego contratar a los médicos, enfermeras y personal administrativo que se harán cargo de que funcione. Es lo que pasa con los “huacales” de Zimapán y Metztitlán. Calculó que para que opere cada uno se requieren 100 millones de pesos anuales. Por tanto, al presupuesto anual de la entidad habría que sumarle, a partir del próximo año, unos 200 o 300 millones para que funcionen ambos hospitales. Pero además, habría que agregarle lo que cuesta operar los hospitales que hoy ya funcionan: como el general de Pachuca, el de Tulancingo y el del Valle del Mezquital, por citar los más importantes. Por eso, dijo Fayad, no prometió construir más hospitales durante su campaña. Y con toda razón. Mejor que programe recursos para echar a andar los “huacales” que dejó la anterior administración. Lo que sí prometió fue echar a andar una unidad médica de hemodiálisis en Huejutla. Pues sí, más vale metas modestas que castillos en el aire que luego se quedan abandonados por falta de presupuesto. La pregunta es: ¿No es irresponsable construir infraestructura que está condenada a no funcionar? ¿No se castiga esta falta de planeación aunque haya una secretaría abocada solamente a esa tarea sustancial? De filón. Al parecer la presidencia municipal de Pachuca pondrá en orden a las gaseras dentro del municipio. Esto luego de las agresiones contra la empresa Gas Uno, que ya no ve lo duro sino lo tupido. Esta semana que termina, por ejemplo, dos de sus empleados fueron agredidos con bats en pleno bulevar Colosio, aunque ya ha habido agresiones más serias que pudieron haber terminado en tragedia. Ya veremos si el ayuntamiento hace la tarea. ¿O esperará a que ocurra un accidente?

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