Arturo Quiroz Jiménez

Fue por un oficio con fecha ya lejana del 26 de enero de 1801 que el antitaurino virrey Félix Berenguer de Marquina determinó comunicar a todos los superintendentes del reino de la Nueva España que a partir de tal fecha no se volverían a autorizar juegos de reses bravas en ningún escenario del país, según nos dice Benjamín Flores Hernández (2004); pero tan pronto Marquina dejó de ser virrey se autorizarían, en 1809, 10 corridas de toros en la ciudad de Puebla.

Se sabe también que en septiembre de 1810 se realizó una corrida organizada por Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y Juan Aldama para celebrar el buen éxito que estaban logrando los independentistas; tuvo lugar en la plaza de gallos de Dolores.
La corridas de toros en México, así como en España y Francia, tienen relación directa con las festividades religiosas. Según Julian Pitt-Rivers, señala que casi la mitad de toros inmolados de las corridas de España son sacrificados en honor de la Virgen María como parte de la celebración de una fiesta religiosa: el calendario de las corridas es el calendario religioso, algo parecido sucede en México, ahora precisamente estamos prontos a las festividades del patrono de la ciudad de Pachuca: San Francisco, ya se espera la temporada de toros cada domingo durante el mes que dura la feria, si hacemos un cálculo rápido se matan seis toros cada domingo, lo que da un total de 24 toros sacrificados para gusto de un público necesitado de la fiesta de la sangre, aunque vemos que ahora solo habrá dos fechas.

Pero digámoslo en un tono más antropológico: hay quien dice que la corrida de toros es un ritual que asegura la estabilidad de la sociedad y reafirma que los hombres son hombres y que el orden social se ha mantenido, es decir, la supremacía del humano sobre la bestia, pero, ¿es necesario este sacrificio, esta muestra de sadismo hacia un ser vivo?
No debemos olvidar que la muerte de cada toro es una tragedia en sí misma. Es que nuestra nación está ligada en su historia, pareciera, a este tipo de festividades, pero en este siglo, cuando encontramos avances en los derechos animales y cuando se debe dejar de pensar en la superioridad, justamente se plantea una luz posible para legislar su prohibición.

Hace algunos días, el presidente de la nación habló de la posibilidad de someter a votación la prohibición de las corridas de toros. Por primera vez, pareciera, se habla desde la autoridad de la posibilidad de esta legislación.

Según datos obtenidos por Grupo Reforma, en México el 59 por ciento de la población estaría a favor de la prohibición de las corridas, un 85 por ciento manifiesta que poco o nada le gustan ese tipo de espectáculos, un 73 por ciento cree que es un acto de crueldad; en esta manera tan particular de preguntar es ahora cuando hay que estar atentos para acudir a dar nuestra opinión, es la hora de terminar con estos espectáculos que no sirven ni para adorar a los santos ni sostienen el orden social, mas sí acaban con la vida de un ser que sufre de miedo, desesperación y, sobre todo, dolor físico.

Es hora de dar una opinión en contra de los espectáculos donde se maltratan seres vivos, hora de aprovechar esos mecanismos tan cuestionables para la toma de decisiones, es ya tiempo de inclinar la balanza de nuestro lado del lado de la protección animal.

Bibliografía
Flores Hernández, Benjamín (2004) Organización de corridas de toros en la Nueva España del siglo XVIII y primeros años del XIX. Anuario de estudios americanos.

Pitt-Rivers, Julian (1993) The spanish bull-fight and kindred activities en anthropology today. Vol 9. Núm 4

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