El gobierno de Hidalgo empezó esta semana a dar visos de que la corrupción no tiene cabida en la presente administración. Primero cayó el exdirector general de recursos financieros de la Secretaría de Educación Pública por el probable delito de peculado. Horas después, agentes de la Procuraduría General de Justicia intervinieron una docena de domicilios en busca del exsubsecretario de administración y finanzas de esa misma dependencia Pablo Pérez Martínez, acusado del mismo delito. Y ayer, la Procuraduría General de la República (PGR) realizó un cateo en las instalaciones de Radio y Televisión de Hidalgo, como parte de las investigaciones sobre el desvío de recursos detectados en la anterior administración. ¿Cuál es el mensaje? Más allá de pretender ser una administración transparente, ¿hacia qué dirección apunta la bayoneta? ¿Contra quién realmente quiere proceder Omar Fayad? ¿Contra el sistema que lo postuló? Al inicio de la administración el discurso anticorrupción parecía que no alcanzaría a los peces gordos, pero tal parece que no es así, al menos en el caso de Pablo Pérez, quien ejerció un papel determinante en la SEPH durante el periodo de Francisco Olvera Ruiz. Pero, ¿son reales las persecuciones, o simples buscapiés para legitimar la lucha contra una práctica enraizada en el tejido político-social? Para creer que la batalla es auténtica, la ciudadanía esperaría la detención o al menos la comparecencia de altos exfuncionarios y no posibles chivos expiatorios. ¿De verdad Miguel Cuatepotzo Costeira o Joel Guerrero Juárez, exsecretarios de Educación en el gobierno de Olvera, no sabían de las presuntas triquiñuelas que hacían sus subordinados? Como sea, el trabajo anticorrupción en estos cuatro meses de gobierno es incipiente, pero firme como la línea telefónica 01 800 HONESTO. El beneficio de la duda está dado y no hay marcha atrás, una manera que algunos en el seno tricolor pudiera incomodar. De filón. La mitad de la población en la entidad es pobre. En Acaxochitlán, seis de cada 10 personas habitan hacinados. Y así, un espiral de miseria lacera a nuestro amado estado de Hidalgo.

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