Su caso

Trabajo en negro

En México, todas las modalidades de empleo informal (también conocido como trabajo no registrado, sin contrato o trabajo en negro) sumaron 30.2 millones de personas en el cuarto trimestre de 2017, según los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi.

Dentro de esas 30.2 millones de hombres y mujeres que laboran sin ninguna prestación se encuentra Sergio del Valle Campos, quien todos los días recorre desde las 9 de la mañana hasta las 6 de la tarde la zona de la clínica uno del Instituto Mexicano del Seguro Social, el hospital general y la colonia Ávila Camacho vendiendo congeladas, tan populares en nuestra cultura mexicana, y que acrecentaron su fama cuando fueron empaquetadas bajo la figura de un pingüino que ofrece diversos sabores a cambio de cinco pesos, que cuenta con una de sus miles de franquicias en la calle Monterrey, en la colonia Cubitos, en el que labora un grupo de 20 personas, entre ellos Sergio.
“Desde hace seis años me dedico a vender estas congeladas, en general gano 50 pesos diarios, la empresa me paga un peso por cada pieza vendida; los mejores días son los domingos, cuando vendo 100 piezas. En los peores días gano 40 pesos.”
La empresa para la que trabaja Sergio es de origen colombiano pero se constituyó oficialmente en nuestro país el 2 de febrero de 2004 en Toluca, Estado de México; en 14 años cobró fama a nivel nacional e inició vendiendo sus productos a un precio de dos pesos por pieza, hoy cuestan cinco, pero únicamente paga uno a sus vendedores informales.
“Cuando me contrataron solo solicitaron como requisito mi acta de nacimiento y ganas de trabajar. Es un trabajo que me ayuda a pasar el día porque vivo solo, pago 200 pesos de renta mensuales, gano diario 50 pesos, menos 35 de mi comida, menos ocho del pasaje, menos cuatro que gasto para una pieza de pan dulce para cenar, me quedan en total tres pesos diarios, por eso cuando me va bien, ahorro.”

A Dios rogando
y con el mazo dando

Sergio nació hace 58 años en Santiago Tepeyahualco, perteneciente a Zempoala, únicamente estudió el primer grado de primaria, ingresó cuando tenía 14 años y desertó por vergüenza, casi no sabe leer ni escribir. No bebe desde la década de 1980 y narra con orgullo que dejó de fumar en la misma época cuando un médico le advirtió del daño en sus pulmones, así que una mañana despertó decidido y como único remedio mascó en ayunas durante unas horas por última vez el tabaco.

“Desde hace seis años me dedico a vender estas congeladas, en general gano 50 pesos diarios, la empresa me paga un peso por cada pieza vendida; los mejores días son los domingos, cuando vendo 100 piezas. En los peores días gano 40 pesos”

Su vida estaba destinada al empleo informal cuando inició en la adolescencia y le pagaban un peso por acarrear agua en su localidad natal; después vendió paletas de hielo también a cambio de un peso por pieza, esa es la tarifa desde hace décadas. Por más de 20 años se dedicó a vender pan en las tradicionales ferias, asegura que su desgaste físico es consecuencia de esas jornadas laborales en las que tenía un salario de 500 pesos semanales con comida incluida, de ello solo valora sus recuerdos cuando conoció San Juan de los Lagos, en Jalisco, así como Querétaro y Huauchinango, Puebla.

“Ahí tenía que estar fuera de Tepeyahualco hasta 15 días, era un trabajo aburrido y además tenías que cuidarte de los compañeros de otros locales porque a veces me robaban la levadura, dormía tres o cuatro horas al día y eso me acabó, por eso ahora estoy más tranquilo aquí.”

¿Cuál es el motivo por el que se levanta cada mañana?

“Mi trabajo, es mi único motor”, Sergio casi no habla sobre su familia porque pocos saben sobre la soledad como él, su padre falleció cuando tenía nueve años y su madre 11 después; en ese momento su mirada se convierte en nostalgia y del bolsillo derecho de su camisa blanca, oculta bajo su chamarra azul marino, saca una fotografía que tiene 40 años de antigüedad, es el rostro de una joven mujer de nombre Avelina, dice que cuando él tenía 18 años, y ella 20 se iban a casar, que él nunca amó a nadie como a ella ni antes ni después, pero una tarde el chofer de un tráiler quebrantó sus ilusiones cuando la atropelló mientras ella manejaba una moto y luego se fugó.
Sergio se enteró hasta después de tres días, cuando regresó de una feria y Avelina ya había sido sepultada, por eso no recuerda con agrado su trabajo en las ferias, por eso jamás se casó y por eso su única motivación es su empleo, “a veces sueño con ella, y las personas me dicen que rece, algunos días ya no me deja dormir desde las 4 de la mañana, sueño que nos casamos.
“A pesar de las cosas que sucedieron, creo en Dios, y creo en vivir con gratitud, me siento orgulloso de mi trabajo, me dicen que soy el más cumplido y el más puntual, eso está bien. Si hubiera tenido oportunidades me hubiera gustado ser ingeniero químico, pero esto es lo que me tocó vivir y lo agradezco.”

Además del empleo informal, los golpes del destino y la soledad que eligió como compañía, Sergio guarda en su cartera los recuerdos bellos de su pasado en forma de tres billetes antiguos en perfecto estado: uno de un peso que tiene plasmado el calendario azteca y que tenía valor en 1969, otro de 1981 con la imagen de Benito Juárez y valor de 50 pesos, y el tercero con la imagen de Venustiano Carranza, cuando en 1982 valía 100 pesos. Sus recuerdos son su tesoro, y a nosotros, la historia de Sergio nos recuerda que tenemos espíritu, pero necesitamos temple.

“En México no hay tragedia, todo se vuelve afrenta”

Carlos Fuentes
La región más transparente

En la sala de espera remodelada del hospital general de Pachuca, al sonido de la lista con los nombres de los pacientes internados y mientras los familiares, todos con aspecto desgastado, escuchan atentos, Sergio del Valle Campos recorre las bancas ofreciendo un respiro convertido en un tubo con hielo de diferentes sabores, que tiene la imagen de un pingüino como estandarte, a cambio de cinco pesos. Desde hace seis años, esos respiros se convirtieron en su único ingreso, luego de más de 20 años laborando como vendedor de pan en las ferias, es esta la realidad de los trabajadores informales de la Bella Airosa, en un panorama que el presidente Enrique Peña Nieto llamó “el sexenio del empleo”.

“Me siento orgulloso de mi trabajo, me dicen que soy el más cumplido y el más puntual; si hubiera tenido oportunidades me hubiera gustado ser ingeniero químico, pero esto es lo que me tocó vivir y lo agradezco”

claves

+En México, el empleo informal sumó 30.2 millones de personas en el cuarto trimestre de 2017

+Sergio gana cerca de 50 pesos diarios vendiendo golosinas congeladas

+Por más de 20 años se dedicó a vender pan en las tradicionales ferias

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