Los libros de texto gratuitos; 60 años después

1925
María Esther Pacheco

En 1959, por iniciativa del entonces presidente Adolfo López Mateos se creó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg); el presidente nombró secretario de Educación Pública a Jaime Torres Bodet, quien desde 1944 siendo secretario de Educación durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho, ya había manifestado su preocupación por la calidad de los libros de texto que se utilizaban en la educación básica. López Mateos consideró que la educación pública y gratuita no podía cumplir cabalmente su función, si los niños no podían tener acceso a los libros, los cuales además consideraba caros y de mala calidad.

Desde su fundación la Conaliteg enfrentó graves críticas debido a que los textos se distribuyeron tanto a escuelas públicas como privadas. El presidente consideró que todos los niños sin excepción debían contar con los libros; en comunidades aisladas constituyen el único material de lectura y aportan conocimientos básicos sobre temas relevantes como la salud, la educación ambiental y los derechos y obligaciones de la población.

Para supervisar el contenido y la edición de los primeros libros se designó a Martín Luis Guzmán, destacado escritor y periodista. Una de las mayores preocupaciones del gobierno en turno fue evitar que el contenido de los mismos causara controversias o provocara resentimientos. A partir de entonces los libros se consolidaron como importante elemento en la educación básica. En 1960 se produjeron 19 títulos para los alumnos de primaria y dos para el maestro. En el diseño de las portadas han colaboraron artistas de la talla de Jorge González Camarena, David Alfaro Siqueiros, Roberto Montenegro, Alfredo Zalce, Fernando Leal y Raúl Anguiano, entre otros.

Desde su concepción los libros de texto han dado lugar a múltiples lecturas por su carácter público. Estas lecturas estuvieron durante mucho tiempo centradas en su orientación ideológica, en su gratuidad, obligatoriedad y unicidad. Estos temas no han perdido vigencia a pesar de que ahora se incorporan otros, como los relativos al reconocimiento y respecto de la diversidad étnica, lingüística y cultural de los pueblos que forman nuestra nación; ha sido un gran acierto su publicación en lenguas indígenas.

A partir de la reforma educativa de 1993, la SEP ha promovido la participación del sector académico en la elaboración de los materiales dirigidos a maestros y alumnos. Como es el caso del libro de texto para educación secundaria: Canto del Sol Hidalgo. Tierra, historia y gente, en cuya elaboración participaron investigadores de la Universidad Autónoma del Estado. Además, ha incorporado la obra de importantes escritores como José Emilio Pacheco.

Investigadores como Alicia L Carvajal, Miguel Ángel Vargas y Evelyn Diez-Martínez, han centrado sus trabajos en la investigación de los contenidos, la utilización de los libros en el aula y en el estudio comparativo de los textos gratuitos y los publicados por editoriales privadas, particularmente los de español, analizando las competencias que uno y otro desarrollan.

Independientemente de la polémica en torno a los contenidos de los libros y su funcionamiento, merece especial atención preguntarnos qué sucede con los millones de libros que se entregan cada año a los estudiantes de educación básica.

En el 2010, se editaron 245 millones 361 mil 562 libros, para los niveles: preescolar, primaria, secundaria y telesecundaria. De esos, solo 23 millones 327 mil 440 fueron producidos en la planta de Querétaro de la Conaliteg, el resto fue impreso por editoriales particulares: 222 millones 34 mil 122 libros. El presupuesto asignado para el año 2010 fue de 2 mil 220 millones 507 mil 96 pesos que se modificó y quedó en 2 mil 509 millones 34 mil 690.45 pesos.

La enorme cantidad de libros que año con año recibe cada estudiante, hace imposible la conservación de los mismos. Más aún si la familia tiene varios hijos. La mayoría de esos libros, triste es decirlo, terminan en la basura, porque nadie los quiere. No existe un lugar en donde puedan llevarse. De la misma manera que se hace entrega de los textos nuevos, deberían recogerse aquellos que las familias no pueden o no quieren conservar.
¿Por qué siendo México un país en “vías de desarrollo”, sigue sin implementar un sistema para reciclarlos? Países del primer mundo como Estados Unidos, utilizan un sistema en el que los libros son reutilizados varios años y forman parte del acervo de las escuelas. Al inicio del ciclo escolar, cada estudiante recibe su dotación de libros, de los cuales se responsabiliza por todo el año; al final del curso debe devolverlos y esos vuelven a ser utilizados por otro alumno.
Muchos de los libros de texto, particularmente los de lectura, podrían volver a utilizarse más de una vez. No sucede lo mismo con los cuadernos de trabajo, pero esos constituyen menos de la mitad del paquete de libros.
Las nuevas tecnologías permiten conservar y compartir una gran cantidad de información. Los libros de texto ya pueden descargarse directamente desde el portal de la Conaliteg. Así que vale la pena preguntarse a 60 años de su creación, si no es hora de cambiar las políticas de entrega y considerar que tenemos un país pluricultural, en el que no todos tenemos las mismas necesidades. Y si bien es cierto que en algunas regiones de nuestro país constituyen el único medio de apoyo para la educación, en otras zonas salen sobrando.
A pesar de la contingencia sanitaria que vive el mundo entero, la Conaliteg, a través de su director Marcos Salaiza, aseguró que los libros para el nuevo ciclo escolar 2020-2021 se entregarán sin ningún retraso… y que en algunas comunidades remotas en las que no hay servicio de televisión ni de Internet serán las únicas herramientas con las que cuenten profesores y alumnos de educación básica. Lo cierto es que hasta el momento las escuelas saben que recibirán los libros, pero desconocen cuál será la logística para la entrega.

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