Es una mujer a quien bien se le puede considerar bajo dos adjetivos: amable y espléndida al relatar pasajes de su existencia

Pachuca.- María Virginia Devereux Rabling es una mujer a quien bien se le puede considerar bajo dos adjetivos: amable y espléndida al relatar pasajes de su existencia que constituyen por sí, un saludable ejemplo.

Del origen de los apellidos, no comunes en los entornos, refiere de Devereux, que compendia en “Devero”, proviene de su abuelo, irlandés; así como Rabling,
de su bisabuelo, quien llegó a México proveniente de Inglaterra.

Y entre esa ilustre herencia subraya otro nombre trascendente, ya en Hidalgo: Tomás Devereux Sánchez, con una cauda exitosa tanto como maestro y dirigente sindical, al igual que en calidad de tesorero, casi 30 años, en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

De ella, apunta que es pachuqueña en los entornos de la céntrica calle Fernando Soto.

Y de su voz, muy audible, precisa que cursó la primaria en la Escuela Inglesa.

“En ese entonces eran ocho grados, después ingresé al ICLA para continuar con secundaria y preparatoria; eran estudios continuos.”

Tenía en mira ingresar a la Bancaria Comercial, en el Distrito Federal, pero no había cupo. “Opté en la UNAM por filosofía y letras. Confieso que solo estuve una semana. Y entonces empecé a trabajar en una empresa de maquinaria pesada, ya en contaduría. Así fue durante un año”.

Licenciatura en leyes

Finalmente regresó a Pachuca y en 1961 se inició en pos de la que entonces se llamaba licenciatura en leyes, en la UAEH.

“Terminé en el 65. Obtuve el título con estudios de posgrado, como lo estipulaba el reglamento.”

Realizó su servicio social en la procuraduría del estado; el titular era Francisco Figueroa.

En la universidad tuvo coincidencias, afinidades, con el ingeniero Carlos Herrera Ordóñez, quien fuera rector de la institución.

“Él, todo un caballero, me invitó a que impartiera clases de inglés a funcionarios, esto en 1977.”

Recuerda, entre otros, a Héctor Porras, Mario Pfeiffer, Ciro Velásquez.

“En algunas ocasiones asistía el ingeniero Herrera. Seguí con mi labor
hasta 1980.”

Desde entonces existía la biblioteca de maestros. Herrera Ordóñez le anunció: “Usted se queda”. Y así fungió como directora hasta 1986, cuando Juan Manuel Menes Llaguno fue investido como nuevo rector.

Antes, Juan Manuel Flores Álvarez, también rector, la derivó, en 1983, a un curso de biblioteconomía en Monterrey.

Regreso a la biblioteca

Retoma el hilo de la conversación María Virginia Devereux: “Me incorporo a la UAEH en el 85 y regreso a la biblioteca de maestros. Fue cuando Menes Llaguno me externó: ‘Quiero que se vaya al sistema bibliotecario’. Me quedé 22 años, nueve como directora.”  Se jubiló en 2009.

De entonces, también. “Traté a quien fue igualmente rector: Gerardo Sosa Castelán. Carismático, con don de gentes. Siempre me apoyó. A la distancia, de la universidad que conocí, me parece, lo creo firmemente, fue el que transformó en todos los órdenes a la casa de estudios. Siempre tenía algo en mente. Hay que apuntar en el pasado como estaba la UAEH y como despegó bajo su égida. No tengo el menor reparo en decirlo”.

Aborda con naturalidad, como tema que surge sin cuestionamiento previo, la autonomía de la UAEH.

No lo piensa ni cavila, tiene claro el concepto. “Es el derecho constitucional que otorga, como a otras instituciones semejantes, el autorregularse en todos los órdenes de acuerdo con circunstancias: planes de estudios, crecimiento en infraestructura, nuevas carreras, y, en fin, todo lo que se relaciona con su vida interna.

“La UAEH periódicamente es auditada y los resultados han sido más que satisfactorios. Como se llega a decir: cuentas claras.”

Tiene cuatro hijos. El mayor es ingeniero industrial, y tres mujeres: una estudió derecho, otra arquitectura y la tercera optó por contaduría.

Nunca ha pertenecido a un partido político, aunque está enterada de la actualidad del país.

“Eso no me ha eximido para cumplir con mi vocación ciudadana. Cumplo al votar. Me satisface hacerlo.

Vivió cinco años en Tabasco, concretamente en Cárdenas. Su esposo, José del Carmen Romero Gómez, era de ese estado del sureste.

María Virginia Devereux Rabling,recuerdos

Su padre, referencia que honra

Toma tiempo, en tanto apura una taza de café sin azúcar, para aludir a una referencia grata en su vida familiar: su padre, Tomás Devereux Sánchez.

“Nació el 29 de abril de 1907 en Toluca. Lamentable decirlo: falleció en Pachuca el 18 de diciembre de 1981. Sus restos reposan en el Panteón Inglés, cerca de nosotros: Mineral del Monte.”

Y se explaya, un tanto conmovida, pero sin perder serenidad: “Fue alumno del Instituto Científico Literario (ICL), profesor normalista, diputado local, dirigente sindical, y de 1930 a 1977 fungió como tesorero del ICL, ICLA y la UAEH, de la que fue, me complace citarlo, miembro fundador.

“Tras terminar su encomienda, lo relevó un excelente amigo y competente profesional: Jorge del Castillo.”

Se amplía información en el diccionario biográfico hidalguense, de Abraham
Pérez López.

Textual se consigna que fue alumno, maestro y líder estudiantil del Instituto Científico Literario. Desempeñó actividad docente en matemáticas, así como en otros planteles: Instituto Tecnológico de Pachuca, Instituto Lestonac, Instituto Hidalguense, Instituto Anglo Español y escuela Justo Sierra.

Ocupó la secretaría general de la delegación número 16 del SNTE, y por elección se desempeñó como secretario general del mismo sindicato. Más tarde fue electo secretario de acción social del comité ejecutivo nacional del mismo SNTE.

En política, fue diputado por Zacualtipán en la 44 Legislatura local.

Pérez López dice: “Fue un hombre leal consigo mismo, con su familia, con su profesión y con su sindicato”.

María Virginia Devereux se refiere a una efeméride.

“El 18 de enero de 1961, la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) celebró su quinta reunión anual, en la Ciudad de México. Asistieron, por el ICLA, el licenciado Rubén Licona Ruiz, entonces presidente de la junta de gobierno, y mi padre, quien era tesorero de la junta. Hubo análisis de muchos puntos que incidieron, finalmente, con la creación de la UAEH, justo mes y medio después.”

En ese mirar afectivo a los ayeres transcurridos, el primero de junio de 1976, comenta también: “El primero de junio de 1976, por acuerdo del entonces rector Carlos Herrera Ordóñez, se crea la dirección general de contraloría, estableciéndose en un salón del edificio central que lleva el nombre de mi padre. El primer titular fue el contador Sergio Mancera Mendoza.

“También surgió el departamento de inventarios, bajo coordinación de la pasante en administración de empresas Araceli López Ávila.”

En ese calendario, que es impecable en fechas y actos trascendentes para la universidad hidalguense, hay otra fecha importante.

Lo dice la licenciada Devereux Rabling: “El 8 de mayo de 1978, el Honorable Consejo Universitario aprobó la integración del Patronato Universitario Hidalguense, que presidió, así fue, mi padre. Se encargaría de administrar una gasolinera ubicada en la esquina de las calles de Insurgentes Norte, Reforma y Sullivan, del todavía denominado Distrito Federal, otorgada mediante concesión temporal el 20 de enero de 1978. Tiempo después se liquidó este patronato.

“En el mismo acto se aprobó la creación de la licenciatura en administración pública, las modificaciones a la licenciatura en derecho, adecuaciones al propedéutico del bachillerato y un nuevo plan de estudios en el área de ciencias contable administrativas.”

Aún agrega: “Mi padre fue dirigente del SNTE en Hidalgo, que a nivel nacional se fundó en 1943”.

Tras terminar su ciclo en la UAEH, María Virginia Devereux Rabling se incorporó a una vida familiar más apacible.

“Claro, se llegan a extrañar esos días, pero nos adecuamos a nuevos y un poco más tranquilos tiempos, en el entorno de mis hijos, nietos y satisfacciones que se me otorgan ocasionalmente, con mentores de la época de mi padre y quienes, grato elogio, lo recuerdan con afecto y respeto.”

María Virginia Devereux Rabling,recuerdos

Traté a quien fue igualmente rector: Gerardo Sosa. Carismático, con don de gentes. Siempre me apoyó. A la distancia de la universidad que conocí, fue el que transformó en todos los órdenes a la casa de estudios

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