Los más de 500 políticos, activistas y militantes del PSUM, del Frente Cardenista, del Partico Comunista y de lo que luego sería el PRD, asesinados salvajemente durante la sangrienta campaña presidencial que consumó el fraude en favor del desvalido mental Carlos Salinas de Gortari, en 1988, fueron al parecer la garantía de una
hipoteca.
El candado que el Imperio necesitaba para dar fe del cumplimiento puntual de un proceso desquiciado de venta y remate de la soberanía nacional, consumado por Enrique Peña Nieto, avalado por los sucesivos gobiernos de Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y EPN, en los últimos 30 años de naufragio del país.
La letra chiquita de un contrato leonino que facturó a nombre de las empresas extranjeras el destino nacional, redactado con la sangre inocente de cuadros políticos que llegaron a creer en que su sacrificio abonaba al cambio. El macabro inicio de esta fosa clandestina en que se ha convertido el territorio nacional, exaccionado por los peores verdugos de la historia.
No podemos engañarnos con la basura publicitaria del sistema, menos con las burlas infumables de un candidote desangelado e infumable como Meade Kuribreña, el Breve, que anda como alma en pena por caminos trillados defendiendo la bandera de una traición maquinada en contra del pueblo mexicano, de nosotros, nuestros hijos y nietos.

Garantía de un atraco financiero y social

Si los 500 muertos de Salinas –más los que se añadieron en los seis años de infamia– fueron la garantía de la hipoteca mexicana, la sucesión de muertos que han sido ajusticiados durante la campaña dirigida por Videgaray y su mozo de estoques Peña Nieto, serán la garantía del atraco financiero y social que se ha gestado durante este mal llamado sexenio.
México era un país reducido, pero autosuficiente. Productor de alimentos y básicos necesarios para una economía independiente que se basaba en el esfuerzo de sus hijos. Los políticos robaban, sí, pero dejaban en el país el producto de sus rapiñas. Cuando comenzó el desastre de los modernos polkos y Litempos –funcionarios mexicanos de alto nivel reclutados por la CIA–, todo se derrumbó en aras de su ambición.
México se diversificó. Sí. Abrió las puertas de la inversión y los vientres de sus entrañas para ser saqueado sin freno por una casta de petimetres, fantoches e impostores que no tienen límite, ni fondo posible, apoyados en fraudes y tergiversaciones de la peor calaña. Una cadena corrupta de cinco décadas de duración, que amenaza con no dejar piedra sobre piedra.
Fideicomiso tramposo de Luis Echeverría

Creo que todo inició con el famoso decreto presidencial de Luis Echeverría, un furibundo conservador y desalmado, oreja de la CIA, que la vida tiene a fuego lento. Desde el principio de su gobierno decidió que las costas y las fronteras debían pasar a ser propiedad de los extranjeros que tuvieran el poder adquisitivo en dólares para comprarlas.
Los famosos 50 kilómetros de costas marítimas y los 100 de fronteras, reservadas para el dominio y usufructo de mexicanos por nacimiento, fue trasladada al peculio de grandes colonias extranjeras, a través de un fideicomiso manejado desde la Secretaría de Relaciones Exteriores por Óscar Galeano…
Con el apoyo indispensable del titular de Fonatur, el tal Antonio Enríquez Savignac, yerno del americano feo, Henry Cabot Lodge, personaje tenebroso que preparó la invasión a Vietnam dese su embajada en ese país. Enríquez Savignac era el puente con José López Portillo, el inminente sucesor que le dispensaba respeto y temor por sus influencias ante los patrones del norte.
Tan es así, que en 1977, el mencionado Galeano, exdirector jurídico de la SRE, fue condecorado con la complacencia absoluta del Congreso mexicano con la Orden de Comendador por el gobierno de la República Federal Alemana, alcahuete de los gabachos en el mendaz diálogo norte-sur, con el testimonio y la operación del escribano nazi Willy Brandt.
Meses después se firmó el Convenio de Adhesión al GATT, el testimonio histórico más importante que garantizaba la venta de la soberanía monetaria por parte del gobierno de López Portillo. Ahí comenzaron a perderse la vergüenza y la esperanza. Los próceres de huarache jugaban por esta, que estaban modernizando al país.

Privatización desenfrenada con De la Madrid

La llegada de los anexionistas y tecnócratas que gobernaron atrás de la firma de Miguel de la Madrid consumaron el despojo absoluto de la economía estatal, rematando los saldos de las mil empresas paraestatales, desconcentradas y descentralizadas que abonaban al consumo y al mercado interno suficiente.
Empresas telefónicas, aeronáuticas, ferrocarrileras, petroleras, transportistas, portuarias, eléctricas, sanitarias, agroindustriales, mineras y hasta cinematográficas, entre otras, que incidían favorablemente en el gasto popular fueron entregadas a los sectores privados extranjeros y prestanombres nativos.
Se convirtieron de los monopolios de interés público en factorías privadas dedicadas a la explotación de nuestro salario. Socavaron la capacidad el país en función de mantener las famosas variables macroeconómicas dictadas por los financieros del Imperio y abandonaron las posiciones estratégicas para el desarrollo del país.

El peñanietismo, obediente y obsecuente

Los espantajos mexicanos del poder dedicaron su vida a rendir culto a las escuelas monetaristas del libre cambio, del imperio de la ley de la oferta y la demanda, a la intervención de una supuesta mano invisible que corregiría todas las distorsiones, incluido el proceso de explotación. Un mito para idiotas, obedecido y ejecutado por idiotas huehuenches.
Todos los dirigentes entraron a esa rapiña. Desde el más chico hasta el más grande de los empoderados por votos minúsculos de los mexicanos procedieron a rematar lo poco que quedaba: aseguradoras, desarrolladoras inmobiliarias, fraccionadoras de hermosos y caros paisajes, bancos, casas de cambio, Bolsa de Valores, reguladoras de precios de productos básicos…
Explotadoras del campo, maquiladoras, empresas florecientes agropecuarias, despachos contables, jurídicos y administrativos que consolidaban el proceso de anexión irreversible, y todo lo que usted pueda imaginarse para complacer una visión del american way of life, interpretado por dirigentes corruptos y vendidos al peor postor.
Hasta que lograron su encomienda, quedamos reducidos a un páramo indefenso de miseria, que no tiene para cuándo acabar. El peñanietismo, obediente y obsecuente clavó el último estoque: remató la geografía nacional, las reservas petroleras del pueblo y la soberanía nacional, a cambio de dádivas y moche$ para sus favoritos de ocasión, para desalmados que calmaban sus angustias existenciales y sus apetitos borderline.

Catástrofe o voto evitarán muertes y sumisión

Y tal como van las cosas, esto efectivamente no tiene para cuándo. La sucesión de cadáveres de candidatos, autoridades, militantes, activistas, e incluso simpatizantes de Morena, y los que se sumen al Frente por México, podrán engrosar una pléyade de muertos que serán la moderna hipoteca sobre la venta total del país y de la conciencia histórica que ya tienen programada.
Serán el testimonio del pretendido triunfo de un sistema abyecto que quiere entronizar a Meade Kuribreña, un lacayo de los operadores perniciosos, sepulturero de los restos que sobrevivan a esta masacre peligrosa y real. Todo, para satisfacer los apetitos del gabacho.
Solo hay dos cosas que pueden evitarlo: la primera, el anunciado choque con el planeta Nibiru o con el meteorito de un kilómetro de extensión que dicen se acercará a la Tierra el 4 de febrero.
La segunda, y más probable, el voto popular, el que acabe con todas las ficciones de encuestas pagadas, campañas ridículas, compromisos nefastos sobre la riqueza del país y actos de autoridad desquiciados que causan hambre, muerte y miedo colectivo.
¿Usted cual cree que sea la posibilidad más efectiva y conveniente, estimado elector?
Índice Flamígero: Cada semana, el historiador don Rodolfo Villarreal Ríos publica sabrosas y muy bien documentadas columnas sobre nuestro pasado con proyección a nuestro presente. El sábado compartió una serie de anécdotas sobre la relación entre sonorenses y coahuilenses, de la que rescato sus últimos párrafos: “A finales del año anterior, surgió la noticia de que, en una transacción entre la secretaria de Hacienda y Crédito Público, y el gobierno de Chihuahua se hicieron llegar fondos públicos al Partido Revolucionario Institucional (PRI), para financiar las campañas durante las elecciones de 2016. Y aquí aparecieron un par de ciudadanos. El coahuilense Alejandro Gutiérrez Gutiérrez y el sonorense Manlio Fabio Beltrones. A ninguno de los dos conocemos personalmente. El primero, en una acción que jurídicamente dejó muchas dudas, fue apresado y enviado a prisión. El segundo, por vía precautoria, obtuvo un amparo contra cualquier acción policial. Sin tener a la mano expediente alguno, a simple vista, el sustento de la acusación luce muy dudoso. Consultando con quienes saben de esas cosas, nos dicen que eso no suena lógico y que les parece más como una revancha política. En ese contexto, llama la atención que en Coahuila de pronto pareciera que nadie conoce al ciudadano Gutiérrez Gutiérrez. ¿En dónde quedaron aquellos que lo alababan, le otorgaban medallas, buscaban su amistad cuando era cercano al presidente del priismo nacional? ¿Habrá esto último influido para que, al aeropuerto de Piedras Negras le colocaran el nombre del expresidente Eulalio Gutiérrez Ortiz, ancestro de quien hoy es defenestrado? ¿En dónde quedaron quienes buscaban su cercanía porque estaba asociado con la familia Ancira y se le identificaba con el grupo de Carlos Slim, acaso hasta estos lo desconocen ahora? Nosotros, por la información que nos proporcionara alguien quien tuvo trato directo, hace muchísimos años, sobre quien es Gutiérrez, nos parece que la acusación carece de sustento. Por lo que concierne al sonorense Beltrones Rivera, esto parece ser un acto para congelarlo políticamente. Aquí lo hemos dicho en ocasiones repetidas, no formamos parte del grupo de matraqueros del sonorense, el cual hoy parece estar extinguido. Sin embargo, lo reconocemos como un político que durante el siglo XXI ha sido factor importante para las grandes decisiones en este país. Con la derrota a cuestas fue capaz de que, durante las administraciones del ignaro con botas y la del portador de chamarras mangas largas, su partido, el PRI, jugara un papel fundamental para la gobernabilidad. Durante la presente administración fue significativo el rol que jugó para que el legislativo operara. Sin embargo, como presidente de su partido acudió confiado a las elecciones de 2016 y fue víctima de traiciones que terminaron por acabar imponiendo gobernadores como los que hoy sufren Veracruz y Chihuahua, algo que aquí apuntamos en su momento cuando otros se desgañitaban alabando a los recién llegados. Pero retornado a Beltrones, lo que más llama la atención es que ante la andanada de ataques, los miembros de su partido guarden silencio, lo cual hace sospechar que por ahí anda el origen de esa acusación. Mientras tanto, la defensa aparece en voces de otros. Desde nuestra perspectiva, acusar a Beltrones Rivera de una maniobra como esa es un asunto burdo que ni siquiera la ejecutaría un novel de la política. Solamente un ingenuo va a creer que quienes incursionan en la vida pública son seres en olor a santidad. Sin embargo, estamos conscientes de que los profesionales de la política no actúan como truhanes, sí, ya sé que en el imaginario mexicano todo aquel que se dedica a ella es ladrón corrupto y quien sabe cuántas cosas más, mientras los miembros de la iniciativa privada actúan en medio de aromas a incienso y casi levitan por su santidad. Ni una cosa, ni otra para quienes integran ambos grupos. Esto no es de oídas, quienes hemos combatido la corrupción de a deveras, y no en discursos, sabemos de lo que hablamos. Por lo que respecta a Beltrones, de sus paisanos hemos escuchado, mayoritariamente, expresiones positivas sobre lo que hizo en sus tiempos de gobernador de la entidad. De que sobre su actuación a nivel nacional algunos les disguste el poder que acumuló, es normal. Sin embargo, en este país para poder avanzar requiere de políticos que realmente sepan cómo hacer política y no de aprendices, quienes creen que la política se hace con buenos deseos o adoptando posturas extremas en medio de alharacas que venden para la tribuna, pero que poco aportan a resolver problemas. Vayamos dejando de lado aquello de que nuestros gobernantes deben de ser seres en olor a santidad, recordemos que los santos son objetos inanimados elaborados de estuco, madera o carrizo, y están colocados en los templos para que los sacerdotes convenzan a los creyentes de la necesidad de adorarlos. En la vida real, las naciones necesitan que quienes las dirijan sepan combinar la política y la técnica, mientras dejan de lado los discursos efectistas que alebrestan al respetable, pero que carecen de sustento y después es necesario que los pragmáticos intervengan para poner orden y permitir la gobernabilidad. No nos dejemos llevar por la acusación fácil y la palabra estruendosa, revisemos con objetividad aquello que se nos ofrece. Fabricar culpables, de cualquier signo ideológico, es muy fácil. Antes de emitir juicios sumarios demos paso al análisis de datos duros y con ellos en mano seamos capaces de condenar al cadalso a quienes hayan cometido fechorías. ¿Qué clase de sociedad aspiramos a ser cuando los miembros, a la provocación menor, salen con teas en mano en busca de leña verde para incinerar a quien les indican es el demonio en turno? Esta ausencia de calores fue lo que imperó durante el proceso que nos llevó a recordar la relación entre coahuilenses y sonorenses, mientras terminábamos de apalear la nieve que luce bella cuando es observada desde una ventana y al lado se tiene una taza de café humeante”.

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