Llega el mes de septiembre y todos los habitantes de este país se vuelven patriotas. Sus casas las engalanan con banderas de México, serpentinas, papel picado, rehiletes, etcétera. Es interesante como también se unen a este patriotismo los burócratas, las escuelas, los edificios, en fin, todo se matiza con los colores patrios.

México se vuelve un país que ama la historia y que se preocupa por lo que acontece a diario; sin embargo, la realidad es otra muy distinta, el mexicano promedio cree que Miguel Hidalgo es el padre de la patria cuando en realidad ese mote le pertenece a Agustín de Iturbide; piensa también que Hidalgo e Ignacio Allende luchaban por los mismos ideales y que siempre se llevaron bien, lo cual dista de ser cierto pues sabemos que incluso Allende quería envenenar a “ese viejo y loco cura”. Qué más falso que pensar que se han cumplido en el año 2010 los 200 años de la gesta independiente, cuando la realidad es que será hasta 2021 cuando realmente se cumplan los “doscientos años de ser orgullosamente libres”, una falsedad abismal que las franjas de la insigne e ilustre bandera nacional tengan significados de independencia, pureza y unión; cuando en realidad el verde es la esperanza, el blanco la fe católica y el rojo la caridad como nos lo demuestra la doctora Guadalupe Jiménez Codinach en sus numerosos libros e investigaciones que a lo largo de muchos años ha llevado a cabo, menciona además que los colores de la bandera actual de México se deben muy probablemente a que Agustín de Iturbide había leído la Divina comedia de Dante Alighieri y al hacer referencia acerca de las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, que aparecen vestidas respectivamente con los colores verde, blanco y rojo, Iturbide se inspiraría para añadir estos a la que sería la futura bandera mexicana.

Curioso, pero también aparte de Iturbide el partido político PRI (Partido Revolucionario Institucional) tomó de rehenes esos colores para su propio logotipo, logrando un icono que aglutinaba, según sus partidarios en las filas del partido, a políticos dignos y comprometidos con el pueblo, herederos de los principios nacionales y revolucionarios. ¡Bah! que cinismo, más alejado de la realidad ya que no eran ni son aptos muchos de ellos para las exigencias del país y mucho menos son políticos comprometidos para el resguardo, bienestar y las necesidades de la ciudadanía.

Pero antes de hacer corajes y que nos produzcan un malestar estomacal y vaya que con los llamados “antojitos mexicanos” tan comunes en estas fechas basta y sobra. Retomemos la pregunta, ¿qué celebramos cada 15 y 16 de septiembre en México? Una gesta libertaria, una fiesta patriótica, un acercamiento a nuestra historia, una reunión familiar, unos días de descanso. Pues bien, la respuesta pareciera simple, pero no lo es, ya que es más compleja. Entender la historia de nuestro país no solo es gritar a todo pulmón cada 15 y 16 de septiembre “¡Viva México! ¡Vivan los héroes que nos dieron patria y libertad!”; Simplemente ¡no! El acercamiento a este episodio histórico debe ser más objetivo, comprometido, analizado y por supuesto entendido.

No basta con hacer de las fiestas patrias un espectáculo multicolor ni tampoco cambiar protocolos añejos para demostrar un renovado sentimiento patrio, o se escuche el tañido de una campana recordando una arenga libertaria, mucho menos recordar nuestra independencia sin un análisis histórico previo que incluya a nuestros servidores públicos para que den el llamado, coloquialmente, “Grito” teniendo en consideración realmente lo que están haciendo y el porqué. No se trata de dar espectáculos multicolores solo para demostrar un supuesto acercamiento con la ciudadanía, que en realidad demuestra la vigencia de aquella frase romana “al pueblo pan y circo”.

Por ejemplo, en nuestro querido estado de Hidalgo se han gastado millones en hacer de esta fecha todo un espectáculo, y cuando escribo millones, me refiero básicamente tan solo a 2018 con una cifra de 8 millones, mientras que en 2017 se pagaron 13.5 millones de pesos. Este año quién sabe cuál será la cifra de los trabajos de adornos patrios y escenografía que incluyen una réplica del acueducto del Padre Tembleque, misma que será custodiada por dos enormes figuras prehispánicas, tlahuizcalpantecuhtli, que conocemos coloquialmente como atlantes de Tula, que por cierto y curiosamente tienen los ojos rojos, sí, en verdad ojos rojos, repito.

Que alguien me explique esta aberración histórica, bueno, quizá la respuesta es que de acuerdo con los tiempos que se están viviendo en Hidalgo y tomando en cuenta las muertes, los feminicidios, las violaciones a los derechos humanos, las explosiones de gasoductos por culpa del crimen organizado debido al llamado huachicoleo, los asesinatos, etcétera. Bueno, entonces todos estos sucesos en conjunto vaya que producen una gran resaca que a cualquiera, mínimo, le pone los ojos rojos de tanto llorar y lamentar, preguntar ¿hasta cuándo seguirás así mi querido Hidalgo? ¿Tú lo crees? Yo también.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.