Gracias al diplomado que la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) está llevando a cabo, titulado La vida rural en el Altiplano. Historia de las haciendas hidalguenses, es como puede tenerse una oportunidad para obtener un acercamiento con un sinfín de conocimiento acerca de estos colosos que el tiempo no ha podido desaparecer; este diplomado deja una experiencia única, deseable y provechosa.
Y aún más cuando se tiene la oportunidad de realizar un estudio de campo enriquecedor, al igual que placentero, multiplicando el bagaje cultural y obteniendo conocimiento de las haciendas pulqueras de la comarca hidalguense. Cabe mencionar que el “as bajo la manga” es justamente observar estos colosos que encierran grandes historias en sus paredes listas para desentrañarse y aprender de ellas.
En cinco módulos se visitan cinco haciendas e incluso, en ocasiones, se anexan visitas sorpresivas que no estaban programadas y que son verdaderos gozos al tener aún más de lo que se espera en cualquier diplomado; una vez más el compromiso de la dirección de educación continua es ante todo un inagotable e inequívoco pacto y deber con la sociedad hidalguense.
Para transmitir el conocimiento de las haciendas no solo éste se genera gracias al titánico esfuerzo que realizan colegas historiadores al igual que arquitectos, ingenieros, antropólogos, etcétera. Es menester comentar que también los hacendados se involucran en este proyecto, por lo que de esa manera se transmiten conocimientos amplios y meticulosos de esa historia cotidiana, de esas tradiciones que identifican a la hacienda volviéndola un personaje en este diplomado, listo para ser estudiado, comprendido y analizado.
La Sociedad de Haciendas de Hidalgo AC, cuyo presidente es el ingeniero Antonio Mateo Linaza Ayerbe, en conjunto con la UAEH ha logrado que este diplomado, más que simple conocimiento, sea un verdadero gusto y placer por poder escudriñar, incluso literalmente “hasta la cocina” de cada hacienda que lo compone.
Una de las haciendas que dejan huella en cuanto se visita es la de Los Olivos, ubicada muy cerca de Zempoala, en Hidalgo. La finca de Los Olivos, se conformó a partir de 1870 con la adquisición de siete ranchos, (Godínez Grande, Godínez Chico, Las animas, Pozos, San Gabrielito, San Juan de los Llanos y Rancho Montaño, conocido más bien por La Troje con su anexo La Palmita, éste en el distrito de Otumba), con una extensión total de 625 hectáreas.
La hacienda logró, en 1876, las primeras construcciones y obras hidráulicas, también inició la plantación del maguey durante estos primeros años y así cada año, alcanzando la madurez de cada planta, se podía ir capando y extrayendo aguamiel para alimentar al tinacal con fecha de inauguración el 18 de febrero de 1886; por último, las caballerizas se lograron en septiembre de 1900, en pleno porfiriato. Asimismo, otras áreas edificadas de la hacienda fueron trojes, calpanerias, corrales, macheros, casa principal, jardines, lavaderos, bodegas, oficina, tienda de raya, muros perimetrales, etcétera. Se logró entonces que el exterior delimite un área de 6.5 hectáreas, incluyendo tan solo el interior más alto, delimitando un área de 1.3 hectáreas.
En el interior de la hacienda, como es característico, se encuentra la casa principal, oficina, biblioteca, tienda de ralla, capilla, calpaneria, trojes, bodegas, talleres de carpintería y herrería, donde se hacían y reparaban carretas y ruedas; el aljibe exterior con bebederos integrados en su frontal, que posee una puerta coronada por una cruz para acceder a una rampa de mantenimiento; las paredes bruñidas con cal y tezontle aún realizan adecuadamente su función; la fachada principal del casco está protegida con un atractivo portal de cantería de arcos rebajados, el portal conduce a la Capilla, al tinacal y un gran portón que accede a la parte interior de la propiedad, sin faltar la singular y característica tradición que toda hacienda tiene: la heráldica de la actual familia.
Y aún hay más, por si no fuese poco, la hacienda es una de las poquísimas que se halla en muy buen estado, gracias a las restauraciones minuciosas y apegadas al contexto histórico del siglo XIX, efectuadas en años recientes por su propietario. Apegándose junto con su mobiliario a transportarnos a una época que, al igual que en aquel periodo, toda la casa es alumbrada con candiles de velas y en los buros de las habitaciones hay quinqués de petróleo.
Vale la pena en demasía poder visitar Los Olivos para adentrarse a un mundo singular que marcó una época sin par, además se añade la cordialidad de los actuales dueños de este coloso, marcando una estadía placentera.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.