Cuando mi querida amiga Cecilia Colón me propuso leer su nuevo libro titulado Los otros y nuestros monstruos: Acercamientos a la literatura fantástica, solamente por el cariño que le tengo dije sí, aunque por dentro el miedo me puso la piel chinita. Lo curioso es que empecé a leer el libro –con mi rosario en mano y mi estampita de la virgen de Guadalupe de separador– y entre más avanzaba en la lectura, el miedo empezó a mezclarse con otras sensaciones e impresiones, desde las evocaciones hasta la melancolía, de la nostalgia al recuerdo, de lo amoroso al no me olvides, de la admiración al orgullo, del desconocimiento a la delicia, del conocimiento a la cultura y aunque sabía que el miedo ahí estaba latente no me marginaba ni me debilitaba para seguir leyendo cada historia y cada página, y llegar al final.

El recorrido que cada autor hace por obras clásicas y por textos que quizá no hemos leído simplemente reafirma la fuerza de lo fantástico y la complicidad de nuestra imaginación. Quién no olvida a Nosferatu, a Drácula y hasta a Germán Robles, con sus colmillos en la película mexicana El vampiro. Precisamente Cecilia Colón aborda a este personaje en uno de los capítulos del libro. Advierte: “El vampiro es, además, una metáfora de muchas cosas: representa una de las angustias y los temores más ancestrales del ser humano como el miedo hacia lo desconocido que implica el paso hacia la muerte. No sabemos qué hay después de esta. Cada cultura y cada religión dan una respuesta, pero lo cierto es que no tenemos una certeza real y verdadera de lo que ocurre y nos infunde temor dar ese paso que todos, tarde o temprano, tendremos que afrontar. Por eso el vampiro se vuelve tan trascendente, pues él volvió de la muerte, sabe lo que hay más allá, aunque durante el siglo XIX guarde un silencio hermético al respecto”. En este personaje quiero detenerme un poco, no solamente porque es el que más miedo me ha dado, ni porque sea Cecilia la autora –bueno, un poquito mucho por eso–, sino porque en este libro hay una aportación muy original, la forma en que ha sido abordado en el contexto mexicano. ¿Por qué es un personaje poco tratado en la literatura mexicana? Para responder a esta pregunta, Cecilia hace un recorrido detallado de lo que ha sido el origen, a veces olvido, pero también desarrollo de la literatura fantástica en México. Y va encontrando trabajos literarios fascinantes y hasta seductores. Me emociono de corazón cuando ella cita a nuestro poeta hidalguense más representativo de todos los tiempos, don Efrén Rebolledo, como uno de los pioneros en el contexto nacional en hacer referencia al vampiro en uno de sus poemas.

Al terminar de leer Los otros y nuestros monstruos: Acercamientos a la literatura fantástica, coordinado por Cecilia Colón Hernández y Ociel Flores, una de sus citas que definen el género te queda marcada por los siglos de los siglos: “El relato fantástico recoge y cultiva las imágenes y los lenguajes que, en un área sociocultural, parecen normales y necesarios para fabricar lo absolutamente original, lo arbitrario. Lo extraño no existe más que en la evocación y la confirmación de lo que es comúnmente admitido; lo fantástico, por la evocación y la perversión de las opiniones recibidas relativas a lo real y lo anormal”.

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