En el entendido de que las acciones que AMLO ha propuesto para su realización en los próximos seis años no necesitan que alguien las defienda, sí es necesario resaltar una sola cosa de ellas… La interesante apuesta a la reducción de las enormes e injustas brechas provocadas por el Priato en los niveles de desarrollo entre las diversas regiones del país.

Y paradójicamente, en las entidades federativas, el esquema se ha reproducido.

Hidalgo tiene en su territorio las huellas de la injusticia y mala leche de gobiernos estatales que nunca entendieron de justicia distributiva o de desarrollo equilibrado, mucho menos eso de lo sostenible, sustentable o integral.

Para los que están y han estado en palacio de gobierno, Hidalgo termina cuando mucho en Zacualtipán o Ixmiquilpan, o Tulancingo. De ahí para las sierras, solo sobras, nunca obras o servicios generadores de crecimiento o desarrollo. Y de ahí hacia la capital, pues todo. Ahí están sus bissnes, negocios en su mayoría, cobijados por el dinero público. Carreteras, urbanización, escuelas y todo lo que aumente la plusvalía de sus terrenos, muchos de ellos arrancados con argucias de los ejidos, aunque para ello se haya tenido que prostituir a todo mundo.

El doble o triple dilema que enfrenta la sociedad hidalguense cuando se trata de aspirar a gobiernos justos y visionarios, además de honestos y transparentes, siempre choca con la escuela de mañas dejada desde la década de 1990 como herencia por Jesús Murillo.

Robarse todo lo robable es la consigna bien aprendida. Y para ello, tener en el Congreso a sus cuates y adeptos, aunque ineptos. Y además, “obligar” a los alcaldes a tener y traer siempre el trasero embarrado, para evitar eso de las tiradas de primeras piedras. Y esos a su vez, prolongan la indicación hasta los delegados de barrios, colonias y comunidades. O sea, que nadie deje de estar dentro del esquema Murillista por los siglos de los siglos.

La luz al final de ese negro y hediondo túnel lo representa el nuevo Congreso. Esos diputados que AMLO llevó al triunfo y que gracias a ello solo deben tener compromiso con la sociedad apabullada. Con eso se inicia la reorientación de la inversión pública y de los criterios para compensar con algo de lo mucho que se les ha negado a las regiones de las “sobras” y de los entenados. O de los hidalguenses de segunda, o hasta de tercera.

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