El siglo XV marcó la época en que con mayor auge se mostró el avance de los países que encabezaban el liderazgo hegemónico en la expansión de las rutas comerciales. El “descubrimiento” del continente americano fue una consecuencia lógica del desarrollo del mercado mundial, que permitió el asentamiento de los procesos de explotación del modo de producción capitalista representados en la división y especialización del trabajo.
Así, la expansión mundial del comercio fue y sigue siendo la punta de lanza del proceso de internacionalización del capital, que posibilita la transmisión de sus valores económicos, democráticos y culturales. Es más, podríamos decir sin exagerar que el comercio exterior es la sangre que da vida y dinamismo a la visión del mundo capitalista.
El mercantilismo (siglo XV al XVIII) y el liberalismo (siglo XVIII a la fecha) han sido las perspectivas teóricas que mayormente han privado para explicar el desarrollo del mercado mundial. El primer enfoque teórico se encuentra más asociado a la idea de un proteccionismo encabezado por el Estado para intervenir en la economía y regular los procesos de producción y vinculación con el exterior. Mientras que el segundo enfoque limita la intervención del Estado en la economía y promueve la libertad económica y la propiedad privada como derecho individual que no puede negociarse con nadie.
Ambas posturas no han sido adoptadas de forma homogénea por los países, esto ha dependido de sus procesos endógenos, el tipo de élites locales y su relación con el exterior. Estas escuelas de pensamiento, la mercantilista o liberal, han influido fuertemente en la aplicación de las políticas económicas de las naciones. De hecho, han determinado su historia y clasificación como países desarrollados y subdesarrollados, lo cual ha sido puntualmente explicado por una tercera postura teórica encabezada por Carlos Marx y su crítica total al modo de producción capitalista.
Los millennials y las teorías del comercio internacional

Los expertos contemporáneos del comercio no pueden abstraerse de la contextualización histórica y teórica que ofrecen los tres postulados teóricos señalados anteriormente. Los procesos actuales de integración y desintegración económica experimentado en los distintos bloques económicos mundiales nos obliga a releer a los clásicos de la economía: Adam Smith, David Ricardo y Carlos Marx.
Sin un contexto histórico e interpretativo, los profesionales del comercio no podrán avizorar escenarios y tendencias enmarcados en las relaciones de poder que se experimentan en el ámbito internacional, donde la tecnología cumple un papel estratégico para la conectividad mundial que promueve el liberalismo.
El orden internacional contemporáneo es ambiguo, porque por un lado fomenta la globalización económica basada en los principios del liberalismo económico, mientras que al mismo tiempo surgen propuestas de un férreo proteccionismo en varios bloques económicos ya establecidos (Unión Europea y TLCAN).
Entonces, la evolución del mercado internacional no puede verse como un proceso homogéneo acotado por el cierre o la apertura de fronteras, sino que esa decisión depende de las necesidades del gran capital nacional e internacional involucrado.
Nuestros jóvenes millennials, especialistas del comercio, deben comprender este complejo modo de operar de las economías contemporáneas a la hora de hacer negocios internacionales y proponer equilibrios entre las políticas proteccionistas y liberales. Para ello, la teoría, como una abstracción de la realidad, nos permite hacer esas distinciones éticas y estratégicas a la hora de desempeñar nuestra profesión.
Porque teoría y práctica siempre van de la mano, algo que no hemos comprendido muchos profesionales contemporáneos que insistimos en “ser prácticos”, mutilando pensamiento crítico y de contexto.

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