Como sucede con todas las crisis, cuando estamos en medio de una de ellas salen los iluminados a teorizar y explicar sus orígenes. La que vivimos en nuestro país actualmente es multifactorial y por tanto no es fácil explicarla. Lo cierto es que nadie quiere reconocer su paternidad. El llamado gasolinazo es una crisis que tiene muchos padres, pero hay uno que no puede esconderse y ese se llama gobierno federal. Quizá no sea justo cargárselo solamente al presidente Enrique Peña Nieto, pero sobre él estalló el problema y ni modo, es parte de su responsabilidad. En defensa del jefe del Ejecutivo federal, el gobernador Omar Fayad dice que hay mucha desinformación y que el alza al precio de las gasolinas no tiene que ver con la reforma energética. Pues sí, sí tiene que ver. Ya lo explicó en este diario hace un par de semanas el doctor en economía Roberto Morales Estrella, investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH): si nuestro país ahora tiene que pagar por gasolinas importadas es debido a que durante años el gobierno federal prefirió no invertir en construir nuevas refinerías ni en modernizar las actuales. Si nuestro país fuera autosuficiente para producir sus gasolinas no tendríamos que pasar el trago amargo que actualmente padecemos. El argumento que defiende el gasolinazo pues de esa forma desaparece el pesado subsidio a las gasolinas es cierto, pero es una política que gobiernos priistas del pasado fomentaron y que ahora no quieren reconocer. Que ahora ya no sea viable seguir con el subsidio es culpa no solo de este gobierno, sino de los pasados, panistas y priistas. La reforma energética, por otra parte, ata la inversión de Pemex a la participación de privados. Los ahora precios altos de la gasolina en México sí se deben al precio internacional. Pero esta circunstancia se debe a decisiones del pasado, incluyendo la reforma energética. De filón. Y bueno, no es solo el gasolinazo. Ese es el principio. Lo que realmente sacude a la población más desfavorecida es el efecto multiplicador que provoca el alza a los combustibles y que ya le pegó a la indispensable tortilla.

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