Yohali Reséndiz es reportera de asuntos especiales en Grupo Imagen, que abarca periódicos, televisión y radio. Ha sido multipremiada por sus trabajos, entre otros, cuando dio con el paradero del feminicida de una joven universitaria.
En este año publicó Los hijos de la cárcel, un singular enfoque sobre aquellos menores que se vuelven necesarios acompañantes de sus madres, que por diversas infracciones a la ley están tras las rejas de una prisión.
Eso dura hasta que los pequeños tienen tres años.
En la solapa de su libro se sintetiza el contexto de lo que aborda, con un lenguaje abierto, llano, a veces hasta descarnado, pero que va muy de acuerdo con lo que se aborda.
“Cuando un niño vive en una cárcel, recibe, sin merecerlo, dolor, amargura y violencia: está condenado con su madre por un delito que no cometió.”
Yohali Reséndiz precisa que, en México, si una mujer ingresa en un centro de reclusión y tiene hijos, puede vivir con ellos hasta que la criatura cumpla tres años. Lo mismo sucede si ella decide embarazarse: vivirá con su niña o niño hasta que cumpla esa edad. Llegado el momento, y si ningún familiar se hace cargo, el DIF recibe a los menores. Esa es, sin duda, una situación que encierra muchos cuestionamientos.
La autora ahonda, en su investigación, sobre el destino de los pequeños, quienes lamentablemente tampoco tuvieron libertad y conocieron en su entorno violencia, drogadicción, sexualidad, amargura y depresión.
Muchos de ellos se convierten en delincuentes, viven con traumas severos y reciben castigos brutales sin merecerlo; así, cuando se integran a la sociedad, su alma está muerta.
Y hay cuestionamientos enlistados: ¿Qué hacen las autoridades al respecto? ¿Por qué el sistema escolarizado en las cárceles no se ha generalizado en todo el país? ¿Por qué los niños pagan la condena de los adultos? ¿Por qué no existe un activismo asertivo ante ese desgarre social?
Y en remate:
En una época donde la defensa de los derechos humanos, de la equidad de género y de la tolerancia son una constante, ¿por qué nadie presta atención a esa infancia triste que, en lugar de sonrisa, muestra una herida abierta?
La comunicadora ejemplifica con trocitos de historias reales de pesar y angustia en bocas de mujeres que demandan auxilio para sus hijos.
Incluye estadísticas que asombran.
El Centro Nacional de Gobierno, Seguridad Pública y Sistema Penitenciario Estatales 2016, por medio de una encuesta realizada por el Inegi determinó que de 609 niños, 298 eran menores de un año, menores cuando vivieron con sus madres en un centro penitenciario.
Y se enlista los estados en donde se produjo esa situación, Hidalgo está contemplado.
Se pidió la opinión, el sano y bien respaldado consejo de una experta. Y esto manifestó:
“Nadie está preparado para decir adiós, se tenga la edad que se tenga. Afrontar una separación es difícil. El trabajo de la madre que vive con su hijo o hija en la cárcel debe basarse en fortalecer vínculos y trabajar durante su estadía juntos; el tema, a través de relatos, cuentos, libros, hasta el punto de que el menor lo asimile como paso natural. Lo ideal es que la madre tenga también apoyo sicológico para que pueda igualmente trabajar en ‘soltar’ a su hijo o hija llegado el momento”.
Yohali trae a cuento breve cita de Wendy Dale: “Las infancias nunca duran. Pero todo el mundo merece una”.
Que Los hijos de la cárcel sirva para concientizar a quienes tienen en sus manos opción de cambiar esos patrones de tratamiento injusto a pequeñitos, sería, sin duda, la mejor recompensa a la tarea periodística de Yohali Reséndiz.
El libro, de editorial Aguilar, registra su primera edición en mayo de este año.

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