Los senadores mexicanos firmaron la ratificación del nuevo tratado entre Estados Unidos (EU), Canadá y México, llamado T-MEC; lo definieron como un instrumento que “contribuirá a un posicionamiento fuerte del país en la actual coyuntura internacional”. Este nuevo acuerdo internacional sustituye al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que se firmó en diciembre de 1992 y entró en vigor en enero de 1994.

El TLCAN contribuiría al desarrollo armónico, a la expansión del comercio mundial y a ampliar la cooperación internacional; ¿realmente lo hizo? Por supuesto que no, pues los términos de intercambio siempre favorecieron a EU al ser los detentadores de la propiedad intelectual de procesos y productos.

En materia agrícola, EU protegió y desarrolló tecnológicamente a sus productores, en detrimento de los mexicanos, que no fueron asistidos ni tecnológica ni comercialmente.

Supuestamente alentaría la innovación y la creatividad y fomentaría el comercio de bienes y servicios protegidos por los derechos de propiedad intelectual. Como resultado, el 95 por ciento de las solicitudes de patentes en México son de extranjeros, principalmente de EU, pues los mexicanos poco protegen.

Supuestamente mejoraría el empleo, las condiciones laborales y los niveles de vida, pero en México tenemos una informalidad del 57 por ciento, equivalente a 30 millones de personas que no tienen seguridad social, tampoco la quieren los trabajadores por la pésima calidad de los servicios del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) e Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), sin medicamentos ni especialistas, y los pocos que hay dan una cita después de un año, con riesgo de que el paciente muera antes de su cita.

El TLCAN prometió ser un factor de desarrollo, pero solo generó una insultante desigualdad, con empleos muy alejados de un trabajo decente y de un salario digno, según el concepto de la Organización Internacional del Trabajo, sobre todo porque los salarios de los trabajadores mexicanos son los más bajos de Latinoamérica.

Solo cuatro de cada 10 mexicanos en edad de trabajar están en la formalidad y seis en la informalidad. ¿El producto interno bruto (PIB) que genera la informalidad está registrado? Cabe mencionar que los becarios son eso, becarios, no trabajadores; los registros estadísticos en cuanto al empleo presentan sesgos no fácilmente de cuantificar.

¿Qué ofrece a los mexicanos el T-MEC?, tenemos que tener claro, como dice Silvia Ribeiro, no por el hecho de que se tenga un acuerdo comercial se piense que un país se beneficia, tal parece que de la experiencia histórica y del pasado TLCAN no hemos aprendido nada; el T-MEC además de conservar las desventajas del TLCAN, agrega nuevos elementos, fundamentalmente los relacionados con la propiedad intelectual.

En franca desventaja de México con EU y Canadá, por las asimetrías tecnológicas; en materia de propiedad intelectual, el T-MEC define procedimientos judiciales para evitar la divulgación de secretos industriales y comerciales de las empresas transnacionales, en caso de litigios, sobre todo las que contaminan, aunque utilicen químicos tóxicos; o en la biotecnología, que está destinada a la apertura de los mercados mexicanos de productos agrícolas transgénicos, como el maíz, encasillando a México para que los importe.

México tendrá la obligación de unirse a la Unión de Protección de Obtenciones Vegetales (UPOV-91), la cual criminaliza y prohíbe a los agricultores replantar de su propia cosecha o intercambiar semillas registradas, restringiendo su uso para la investigación pública.

A través del T-MEC, EU tiene una estrategia energética, la cual, por un lado, aplicará el fracking, que además de usar mucha agua, usa más de 520 sustancias cancerígenas que envenenarán a comunidades enteras por la contaminación del agua, pero esta información está protegida por el secreto corporativo; el plan incluye la explotación de 60 mil pozos petroleros en México, el llamado Bloque Energético de América del Norte integra a Canadá y a México, con el fin de que EU enarbole la supremacía energética en su guerra fría contra China, Rusia, Irán y Venezuela por su petróleo, no importándole los desastres que provoque por el abismo bioclimático.

Su estrategia en el T-MEC es el capítulo de propiedad intelectual, que con palabras melosas y falsas dicen que moderniza y proporciona una protección sólida y efectiva a sus innovadores y creadores, claro, las empresas transnacionales. ¿Sigue usted viendo con buenos ojos el T-MEC? Yo no.

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