La ternura me envolvió cuando la vi exponer y reconocí ese ligero temblor en la voz cuando estás nerviosa, cuando se reconoce ese momento por el que tanto se ha luchado, cuando palpas el gran paso que darás en tu vida académica. Y mientras Beatriz Méndez de Dios presentaba su tesis para obtener la licenciatura en ciencias de la comunicación, evoqué esos momentos, esa inspiración, esas alianzas, su necedad.

Mis bromas cuando era mi alumna, mejor no te repruebo tu apellido delata una influencia divina que te protege. Las risas. No necesitaba ninguna recomendación celestial, ella solita se iluminaba en cada tarea, en cada participación, en esa certeza de titularse con una tesis. Siempre con la playera de su equipo favorito, ganara o perdiera. Aprovechando cualquier tarea para analizar, describir o denunciar al futbol. Nunca creyó que fuera el juego del hombre. Identificaba al mejor jugador y criticaba a los malos entrenadores. Explicaba con claridad lo que era un fuera de lugar y gritaba gol con toda la pasión de su alma. Su perspectiva crítica la hizo tener una certeza, el futbol también es cosa de mujeres.
Así, en el camino se encontró una aliada, muchos le dicen madre académica, así la doctora Azul Kikey Castelli Olvera la apoyó y orientó para que escribiera un proyecto bien sustentado sobre las mujeres futbolistas. Platicaron, discutieron, delimitaron una y mil veces, hasta que el trabajo fue tomando forma y fuerza. Así, presentó: Los rostros de Eva. Historia de vida de Eva Espejo, primera entrenadora de futbol femenil en México que ganó un título.

La construcción de su objeto de estudio se armó con paciencia y dedicación. Leyó a teóricas del género, a expertas en historias de vida, creó su metodología. Tomó aire y se fue a las canchas de futbol para acercarse a Eva Espejo. La convenció, su historia debía recuperarse. Charlaron durante muchos días. No solamente grabó su voz, comprendió su fuerza y su lucha, palpó los retos y logros, el ejemplo y la inspiración.

Y así, el día del examen profesional Beatriz Méndez de Dios expuso, fue controlando ese ligero temblor de la voz. La pasión y el conocimiento fueron tomando tono. Escuchó nuestras respuestas. Dudó, respondió segura. Entre el público estaba Eva Espejo, tan jovencita, su historia encantó y emocionó. Y sí, hay muchos rostros en el trabajo. Esa niña bien querida por su familia. Esa adolescente que de ciencias política se fue a la escuela normal. Esa hija que convenció a su padre de apoyarla. La que se ha enamorado, pero se ama más a sí misma. La del carácter “feo”, pero que no dice groserías. La que llegó al Club Pachuca y sin nunca planearlo fue elegida para dirigir al equipo femenil. La que le dolían las derrotas, pero siempre sabía levantarse. La que levantó la copa de campeona. La que no está conforme y lucha por más.

El aplauso después de la toma de protesta logró relajar a Beatriz Méndez de Dios. Los abrazos y las felicitaciones no paraban. Pero, apenas era el comienzo. Un posgrado, más historias de mujeres y futbol. Otras campeonas. Muchos goles.

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