La imposición de modas en esta sociedad ha llegado a extremos inimaginables. Hay moda en todo y para todo… para vestir, looks, hablar o caminar, en fin, todo lo que implique consumir debe estar precedido del impulso férreo de una campaña publicitaria dirigida a las mentes débiles, que dicho sea de paso, son mayoría.

Es en esta debilidad mental mayoritaria donde las modas hallan tierra fértil para desencadenar el consumismo empobrecedor, para eso sirven los
medios de información, quienes se encargan de sembrarlas, insisto, entre segmentos mayoritarios que, acostumbrados a imitar, imitan y se vuelven iguales, creyendo que con ello progresan.

Las modas evolucionan y se vuelven cada vez más feroces. Si a través de ella se obtienen ganancias económicas es muy explicable que los “ganones”, al no tener llenadera, exijan cada vez más y más dividendos a los diseñadores de modas.

Imponen modas en los consumos de tipos de drogas, lo mismo en los modos de operación de fraudes y asaltos… bueno, hasta los psicólogos empiezan a decir que algunos casos de homosexualidad son modismos. Tampoco sería raro que descubriésemos que los suicidios entre los jóvenes y niños son parte de otra moda macabra, y si esto resultase cierto, solo preguntarnos: ¿y quién y qué gana con estas modas?

¡Cuánta complejidad se da entre los fenómenos sociales! Si bien es cierto que los avances tecnológicos traen mayor bienestar, felicidad y esperanza de vida, entre otras cosas, también, aparejado a esos avances, vienen un sinfín de nuevas formas de sufrimiento humano envuelto en mercadotecnia para que la aceptemos con facilidad.

No quiero ni pensar que la disposición de drogas sintéticas en todas las comunidades rurales, y en especial alrededor de las escuelas, y los cada vez más suicidios entre los marginados de la Sierra y la Huasteca, son ya una terrorífica moda impuesta por quien sabe quién.

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