Mario Cruz Cruz
Soledad Espinoza Lozano

Profesor investigador y
profesora de la UAEH

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres…”, así comienza uno de los poemas inconclusos del fallecido escritor Eduardo Galeano (1940-2015), que tras su muerte nos encargó a varios proscritos no olvidarnos de sus nadies, esos jodidos y re jodidos que contabiliza la estadística oficial en millones de brazos que producen riqueza y que también sirven para llenar las urnas en las elecciones; porque en la democracia partidista el voto de una pulga vale lo mismo que el de un perro. Pero, que contrariamente en la economía de mercado, el perro come croquetas y los pobres se alimentan de esperanzas.
Para muestra un botón. En campaña electoral la izquierda, el centro y la derecha partidista les lanzan a los nadies migajas para asegurar su curul y, a pesar de la incomodidad que les genera, son objeto de gran valor, por lo que a toda costa hay que reiterar la bondad del ungido candidato, arropar sus lágrimas, sus esperanzas y dejar huella con la imagen del absurdo.
Y así transcurre la vida de los dueños de nada, ese pueblo ninguneado y chantajeado por el patrón que amenaza una y otra vez con despedirlo porque cientos de los suyos están en la fila, dispuestos a ocupar el puesto a menor precio, pues solo tienen más que su trabajo para vender y por ello ceden su humanidad al libre juego de las fuerzas del mercado.
Los hijos de los nadies sueñan que un día dejarán de ser pobres, y elección tras elección les aseguran que lloverá el cambio, que llegarán soplos de buena suerte y, sin embargo, lo único que ha llegado en los últimos sexenios para nuestro pueblo solo son deudas públicas y gasolinazos, eso sí, inteligentemente repartidos entre los nadie, los hijos de los nadie y los nietos no nacidos de los nadie.
Pero no se alerte, si usted se apellida como uno de los cuatro hombres más ricos del país, seguro tiene la posibilidad de controlar parte del 70 por ciento de la riqueza de México y no formar parte de esta historia de desesperanza.

Construyendo la epistemología de “los alguien”

Pero, ¿qué pasaría si un día los nadies, de los que habló Galeano, se reconocieran como “los alguien”? Si en una realidad, no tan lejana, supieran que su dialecto es palabra y que sus modos de hablar también están bien dichos y que la imposición del habla sigue acompañando el saqueo de nuestra tierra y sus recursos.
Y si los nadies se dieran cuenta que sus artesanías son arte y la distancia que separa sus rituales con la ciencia es la magia y el espíritu creativo que debe acompañar a todo investigador comprometido con su tiempo y para eso está la educación científica impartida en las aulas universitarias, creadoras por excelencia de lo posible. Entonces, si los hijos de los nadies asistieran a la universidad pública podría haber más ciencia y comprenderían mejor su entorno y construirían una sociedad más justa.
Más interesante aún, si los nadies recuperaran la memoria histórica, entonces se darían cuenta que han sido gobernados por el linaje de “los mismos”, cuidarían su voto, democratizarían las instituciones y erradicarían la corrupción que tanto daño causa a nuestra patria. Los hijos de los nadies se deben educar, reapropiarse de la palabra y ganarse un puesto laboral por sus capacidades y no por herencia o favor político, es un principio básico de dignidad.
La palabra, la ciencia y la política también son nuestras, los nadies estamos obligados a tejer la esperanza, hacer comunidad y construir, por llamarlo de algún modo, las epistemologías de los alguien, esos saberes de la gente que camina a ras de suelo y de la que estamos orgullosos de pertenecer.

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