A lo largo de la historia, la escuela ha contribuido de forma importante en el proceso de socialización de los valores. Su intervención, de alguna forma, ha favorecido en el educando la adquisición de los valores considerados como adecuados para su buen conducir como persona y ciudadano. Sin embargo, hoy los cambios sociales y culturales propiciados por la revolución tecnológica y científica han impactado de manera significativa el esquema de valores de la sociedad actual, por lo que las escuelas se ven en la necesidad de considerar una educación en valores como parte fundamental de la sana convivencia que ha dejado de existir en muchos espacios escolares.
Algunos teóricos refieren que la educación en valores debe centrarse en crear conciencia en niñas, niños y adolescentes sobre la importancia de los mismos y la relación que guardan con la sociedad en la que viven; otros destacan el desarrollo de habilidades que les permitan comprender el mundo actual en el que viven y actuar con criterio en la toma de decisiones procurando el bien particular y el bien común de la comunidad. Lo cierto es que la educación en valores es la práctica de los mismos, y los actores principales en este proceso formador serán figuras significativas en la vida de niñas, niños y adolescentes, como lo son la familia y el docente.
Los valores son una construcción humana que caracterizan lo que es bueno o malo; son propiedades, cualidades o acciones positivas que cobran gran importancia para las personas cuando reconocen los beneficios que le otorgan ciertas actitudes positivas en sus relaciones interpersonales, comúnmente son asumidos como un bien para la propia persona. Estos son adquiridos a través del proceso socializador del grupo al que se pertenece (familiar, educativo, religioso, político, laboral, entre otros) y son asumidos de manera voluntaria y razonada.
¿Cómo se pueden integrar los valores en la práctica educativa, de manera cotidiana?
*A través del ejemplo. El profesor es un modelo a seguir.
*Valorar a todos los alumnos por igual y evitar las descalificaciones.
*Cuando se indiquen fallos o deficiencias, aportar sugerencias sobre las posibilidades de superación de las mismas.
*Destacar y premiar las conductas tolerantes y cooperativas.
*Aprovechar los conflictos que surjan entre los alumnos para dialogar colectivamente sobre los modos posibles de resolución.
*Dar participación a los alumnos en el establecimiento de las normas de convivencia en el aula. Una vez consensuadas, exigir su cumplimiento.
De igual forma se propone considerar:
*La enseñanza de habilidades sociales e instrucción directa.
*Hacer uso del modelado –modelo adecuado de relación que demuestre lo importante que es el respeto, la responsabilidad y la coherencia moral–.
*Recurrir a la dramatización –actividades que presenten modelos deseables de conducta–.
*Realizar juegos cooperativos.
Y para el fortalecimiento de valores particulares –correlacionados con los sociales– se pueden considerar actividades como:
*Discusiones de dilemas morales.
*Clarificación de valores.
–Comprensión crítica: análisis y discusión –cuentos, videos, documentales–.
*Juego de roles o simulación
*Voluntariado (alumnos ayudantes)
*Juegos cooperativos
*Resolución de conflictos
Es importante destacar que el profesor, como guía en las aulas de clase, es un elemento clave para difundir, mantener y reforzar lo que es la convivencia saludable basada en los valores humanos. Esto es alcanzable y posible cuando profesores y niños logran reconocer que no pueden evitar convencerse del gran valor que sienten al ser parte de un grupo promovido por la paz, el respeto, la justicia y la libertad.

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