Los derechos del público de los medios son de reciente creación, reconocimiento y divulgación. Tan joven es este campo, que suma menos de tres décadas. Sin embargo, de forma real y potente, las y los defensores de las audiencias y de los lectores han producido y están generando una voz que invita a la reflexión, al conocimiento sobre un derecho básico de quienes recibimos mensajes y, sobre todo, pugna por la divulgación.

En un repaso y búsqueda acuciosa, pero seguramente aún incompleta, se ubicaron textos de divulgación sobre el tema de miembros de la Organización Interamericana de Defensoras y Defensores de las Audiencias (OID), y no es poco el acervo sobre la temática.

Argentina tiene divulgadoras de la talla de Cynthia Ottaviano y Flavia Pauwels; Brasil cuenta con Fernando Oliveira Paulino, Joseti Marques y Liziane Guazina; Canadá con Esther Enkin; Chile tiene a Manuela Gumucio; Colombia está representada por Amparo Pérez, Consuelo Cepeda, Gustavo Castro Caycedo, Mario Mantilla y Olga Restrepo Yenes, y Perú por Rosa María Alfaro.

Nuestro país, México, tiene una nutrida comunidad que cada día crece más y representa tanto a medios públicos como espacios de difusión universitarios, principalmente; en menor número se encuentran los defensores de medios privados. Esto es un avance cualitativo que en algún momento rendirá frutos.

Entre los miembros de la OID y de la Asociación Mexicana de Defensorías de las Audiencias se encuentran Beatriz Solís Leree, Adriana Solórzano, Felipe López Veneroni, Francisco Prieto Echaso, Gabriel Sosa Plata, Gerardo Albarrán Alba, Amelia Nora Martínez Sánchez, Lucila Dolores Garza Tamez, Julio Eduardo Manzano Bizuet, Guillermo Montemayor, Alma González Figueroa, Marco Lara y Josefina Hernández Téllez, entre otros.

El objetivo de su producción escrita, radiofónica y audiovisual de este nutrido grupo de profesionales de la comunicación es pugnar y poner en la mesa del debate el derecho a la comunicación. Cynthia Ottaviano (Cuando las audiencias toman la palabra, Perú, 2014) hace unos años definió exacto el propósito de este trabajo por el público de medios: incidir en la garantía de los derechos todos, desde una transversalidad y una doble dimensión: como público y como productores de sentido.

“La doble dimensión del derecho a la comunicación, frente a la posibilidad de dar, pero también de recibir información, de dibujar el alcance individual de investigar y difundir, pero de comprender también que hay una esfera colectiva en el derecho a la comunicación, porque cuando alguien dice algo, otro tiene derecho a escuchar.”

El propósito, para esta defensora, es fortalecer la democracia y coadyuvar en la educación o formación de la ciudadanía que hoy, ante el nuevo escenario de tecnología y medios, es estrictamente informacional. El fin último es formar “(…) sujetos de su propio destino histórico, son los nuevos actores de la comunicación los que tienen que empezar a descubrirse, a reconocerse, a nombrar las palabras que los definen, a poner esas palabras a su servicio, a comprometerse con ellos mismos. (Porque) las tecnologías en la producción y difusión de información tienen repercusiones concretas en todos los aspectos de nuestras vidas y brindan oportunidades para alcanzar los objetivos de las democracias, siempre y cuando el acceso sea en igualdad de condiciones. A partir de ese acceso a las nuevas tecnologías de la información se profundiza la democracia. Se empodera a los pueblos, se puede acrecentar la productividad, generando crecimiento económico, se pueden crear nuevos empleos, mejorar la calidad de vida y promover la riqueza del diálogo entre las personas”.

El trabajo de las defensorías en este horizonte está vivo y tiene larga vida. Su trabajo cotidiano y a través de los canales propios de sus medios es evidencia. Así las cosas en este siglo llamado de la información y el conocimiento.

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