Del discurso al hecho hay mucho trecho. Este refrán popular, como muchos otros en nuestra lengua española, encierra sabiduría que el propio pueblo se ha encargado de conservar al transmitirlo de generación en generación durante siglos. El proverbio al cual nos referimos, de origen español, es utilizado con frecuencia para referirse a políticos que prometen mucho en el discurso, en la campaña, pero que cuando llegan al poder no cumplen. Esto, como sabrá el lector, es la regla y no la excepción en nuestro sistema político. Cuando el actual gobernador Omar Fayad asumió el cargo, su principal bandera fue el combate frontal a la corrupción. Dijo que su gobierno no toleraría actos contrarios a la legalidad y además prometió que impulsaría una reforma para establecer un sistema anticorrupción en concordancia con el proceso puesto en marcha en todo el país. La reforma ya fue aprobada desde el año pasado e incluso ya fue nombrado un fiscal anticorrupción que no ha hecho prácticamente nada desde su nombramiento oficial ante la Cámara de Diputados. Esta anomalía, la inactividad del nuevo fiscal, fue denunciada en tribuna por diputados de oposición y hasta el momento ni el gobernador ni ninguno de sus funcionarios han pronunciado una palabra al respecto. Tampoco los diputados priistas han protestado, pese a que se supone que están muy interesados, al igual que el gobernador, en el combate a la corrupción. Pero no solo se sabe muy poco de la actividad de Ricardo González Baños, nuestro fiscal anticorrupción, tampoco se sabe quién sustituirá a la excontralora Citlali Jaramillo, quien renunció hace tres meses para buscar una diputación federal. Lo anterior pese a que estamos en pleno proceso electoral y es necesario tener una Contraloría aceitada y fuerte. Tal es el interés de la actual administración sobre el combate a la corrupción. Como dice el refrán: del dicho al hecho… De filón. Deslucido y desorganizado, así fue el primer acto de campaña del abanderado por la coalición Por México al Frente a la presidencia de la República Ricardo Anaya en Pachuca. Después del empolvado y fugaz evento, ¿volverá por tierras hidalguenses?

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