Hombre de convicciones de largo aliento, ríspido, terco, inteligente. Un personaje del cual no es fácil hablar a favor, porque sientes que traicionas cosas o conceptos en los que siempre has creído, pero del cual tampoco es fácil hablar en contra, pues tienes la fuerte sensación de que al hacerlo te estás contradiciendo ante un cúmulo de evidencias que no es tan sencillo despreciar.
Estudiante de psicología en la UNAM y que al final de su carrera lo sorprende un movimiento estudiantil en 1968, tan inesperado e irreverente que a muchos nos sacó de nuestra monótona vida para obligarnos a pensar en nuestro actual país, en nuestra historia y en nuestro futuro. Se convierte en uno de los dirigentes de dicho movimiento y dará mucha guerra a lo largo de los meses que duró (julio a octubre) y aún más en las décadas siguientes.
Hombre de izquierda, pero alejado de la ortodoxia del partido comunista de la época y de muchos otros teóricos de la revolución, sino de una izquierda en ciernes que él ayudó a organizar primero, a discutir sus ideas centrales después y finalmente a cuestionar de manera contundente, aún ante las vacas sagradas de cada momento. Finalmente se quedó solo y así murió suicidándose el 2 de octubre, el cual ahora menos se olvida.
Hombre que no asumió su homosexualidad como lo hicieron muchos de sus contemporáneos, que se cuestionaba una y muchas veces sobre el carácter de su situación y la de sus compañeros y compañeras de batallas contra una sociedad machista, y que empezaba a cuestionar sus diferencias contra sus propios colegas de la llamada izquierda. Fundó los primeros lugares de reunión para homosexuales en donde discutir sus concepciones sobre cómo entender y tratar de resolver su situación personal y social en medio de una vorágine de sentimientos, agresiones, ideas y proyectos.
Se peleó con las ideas y las evidencias en la mano, de acuerdo como él las veía, y por ello fue acusado de ser traidor, de ser de derecha, de apoyar a las autoridades, pues fue crítico del movimiento en la UNAM de 1986 cuya huelga contra el incremento de las cuotas durara meses. Él argumentaba que las propuestas hechas por el rector Carpizo no eran como las veían los paristas, sino progresistas. Cuestionó severamente al movimiento zapatista y a la visible cabeza de ese movimiento, el subcomandante Marcos, señalando inconsistencias en sus planteamientos y los de muchos de sus apoyadores.
Cuestionó severamente a Heberto Castillo y a Cuauhtémoc Cárdenas cuando se dio la unidad para enfrentar a Carlos Salinas en las elecciones de 1988, y de alguna forma pudo ver el carácter mesiánico de ellos y otros dirigentes del movimiento que creó el PRD, caído hoy en el peor de los descréditos políticos que ha vivido una organización de izquierda.
Peleó contra opiniones y actitudes cuestionables de Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, Andrés Manuel López Obrador, Rosario Ibarra de Piedra, docentes paristas de Oaxaca, Carmen Lira subdirectora primero y luego directora hasta hoy del diario La Jornada, y contra muchos otros que a raíz de dichas polémicas lo atacaron de frente, pero muchas veces también de malas maneras, recurriendo a la descalificación sin fundamentos.
Fue durante varios años un excelente divulgador de la ciencia, a través de una columna publicada en La Jornada cuyo título fue “La ciencia en la calle”, a pesar de su escasa formación científica en las ciencias duras, lo cual suplió con clavarse en revistas serias de divulgación bien acreditadas.
Cuando leo sus argumentos y pienso en las cosas que conozco de las historias en que él participó, fundamentalmente pienso en que no tenía razón, pero también logra clavarme la espina de la duda con la cual él incidía continuamente.
Muchas veces he escuchado alegatos sobre el hombre y la mujer nuevos, los cuales deben ser capaces de transformar a este mundo que parece deshacerse entre nuestras manos. Me cuestiono en este momento si personajes como Luis González de Alba no son necesarios, es más, indispensables, para reactivar en todos nosotros la necesaria autocrítica que muchas ocasiones, la mayoría de ellas, brilla por su ausencia.

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