Así tituló una nota el diario español El País, publicada el 29 de enero de 2018, que refleja claramente la situación de la inmensa mayoría de los mexicanos en relación con la salud pública; dicha nota llamó poderosamente mi atención porque, considero, refleja la gravísima realidad que padece el pueblo mexicano; solo faltó señalar en ella que a los ciudadanos u organizaciones sociales que pugnamos porque se atienda y resuelva esa realidad se nos sataniza, criminaliza y casi se nos pone tras las rejas por el nefando crimen de pretender mejorar la infraestructura hospitalaria, dotar de medicamentos y servicios médicos a los más pobres de nuestro país. A quienes, como en el caso concreto del movimiento antorchista, solicitamos un hospital con suficientes médicos, enfermeras, equipo, instalaciones y medicinas en cualquier región del país se nos llama chantajistas, extorsionadores, “grupo de presión”, revoltosos, y así, una larga fila de etcéteras, muchos epítetos, como pretendida justificación de las autoridades para descalificar nuestro reclamo, y poder así salirse por peteneras negando la solución de la demanda o ejecutándola en “etapas” –clásica maniobra dilatoria tan del gusto de los gobernantes para escamotear o posponer para las calendas griegas la solución de las demandas populares–; como resultado, pasan años para que puedan concluirse las obras, si es que se concluyen, y para cuando llega el soñado día de la inauguración, muchos de los iniciadores de la gestión de dicho hospital han pasado a mejor vida. La nota-reportaje, ofrece dos ejemplos del padecimiento de familias humildes cuando tuvieron la mala suerte de que uno o dos familiares enfermaran; la verdad sea dicha, y sin minimizar el mérito de la publicación arriba referida, personalmente conozco miles de situaciones similares, pero como bien dice la nota, son “solo dos ejemplos de la situación en la que viven muchos millones de mexicanos para los que ponerse enfermos es un lujo solo reservado a las clases “pudientes” y curarse de verdad algo solo al alcance de las élites, a pesar de que el derecho a la salud está consagrado en el artículo cuarto de la Constitución”.
Permítame, estimado lector, citar a continuación algunos extractos de la publicación, aquellos particularmente reveladores de nuestra realidad: “Apenas siete por ciento de la población recibe una atención médica digna”, aseguró un especialista del centro médico ABC, de la capital mexicana, una de las instituciones privadas más prestigiosas del país. “En el sector público existe falta de atención debido a la escasez de personal, carencia de recursos, tanto diagnósticos como terapéuticos, y sobrecarga de trabajo”, sostiene Jimena Ramírez de Aguilar, médico internista que compagina la sanidad pública con la práctica privada en ese hospital, refirió que de acuerdo a las autoridades federales el Seguro popular “cubrió a 53.3 millones de personas; el IMSS (seguro social) y el ISSSTE, para los funcionarios y sus familias, a 78 millones, más el millón inscrito en las Fuerzas Armadas y en la petrolera estatal Pemex. Los números no cuadran porque la cifra supera a la de la población, unos 123 millones de asegurados. La explicación es que muchos están duplicados en uno o varios seguros al tiempo que otros ni siquiera saben a qué tienen derecho y no se registran. Por su parte, el Inegi indicó que unos 32.6 millones de trabajadores no tienen acceso a los servicios de salud. Es decir, que dos de cada tres personas con actividad productiva carecen de esa prestación, lo que no es de extrañar en un país con más de 50 por ciento de su fuerza laboral empleada en la economía informal”. Además, el diario español criticó lo que la inmensa mayoría de los mexicanos sabemos: “El sistema sanitario mexicano es un ogro burocrático, fragmentado e ineficiente, con listas de espera interminables y lastrado, además, por las enormes desigualdades entre las ciudades y el campo. Además señala que la médico internista Jimena Ramírez comentó que “Oaxaca, por ejemplo, es, en algunas zonas, desde el punto de vista sanitario, igual que África, pero sin leones”. Yo digo que Oaxaca, Hidalgo, Puebla, Veracruz, Chiapas, Guerrero, etcétera, hasta llegar a 32.
Las cifras que señala confirman claramente que la demanda de Antorcha de cambiar de modelo económico en México es totalmente justificada, que necesitamos un gobierno que piense, trabaje y gobierne para todos los habitantes: “México, segunda economía de América Latina, ocupa uno de los últimos puestos de la OCDE en gasto en salud (solo 2.7 por ciento del PIB, frente a una media de 6.6 por ciento) y tiene una esperanza de vida de 74 años, una de las más bajas, frente a los 84 de los españoles o japoneses; ostenta el segundo puesto en obesidad (33 por ciento de los adultos, solo por detrás de Estados Unidos), tiene solo 2.4 médicos por cada mil habitantes frente a la media de 3.4 de la OCDE, mientras que la diabetes es ya casi una epidemia nacional”. Y dice, muy acertadamente, cuando de campañas y de políticos se trata, que: “A pesar de de ser un problema de vida o muerte, la salud no ha sido de momento un tema que hayan mencionado en estas semanas de precampaña los candidatos presidenciales en las elecciones de julio”.
Sin duda, aunque en Antorcha lo hemos dicho desde hace mucho tiempo, el que desde otra perspectiva se observe y refleje nuestra realidad, es algo útil; nos ayuda a conocer mejor las carencias y rezagos que laceran a nuestra patria. Por mi parte puedo decir con plena y fundada convicción, que los antorchistas, desde nuestro origen mismo como organización, hemos venido no solo diciendo lo que hoy comenta un medio de prensa extranjero: hemos luchado a brazo partido durante décadas para transformar esa dolorosa realidad que afecta a los mexicanos más pobres, y lo hemos hecho a contracorriente, enfrentados a la insensibilidad gubernamental, de todos los partidos a decir verdad, y bajo fuego nutrido de la prensa incondicional del poder. Y así seguiremos, sin desmayo, bregando para que en México se imponga algún día la justicia, el respeto a la dignidad humana y la debida atención a las graves carencias de nuestro pueblo. Por esa causa trabaja y lucha el movimiento antorchista nacional, y a ello convocamos a todos los hombres y mujeres de buena fe, a sumar esfuerzos. La solución a los problemas del pueblo solo pueden ser obra del pueblo mismo; no caerá desde arriba por buena voluntad de los poderosos. Debemos organizarnos para exigir nuestros derechos, en este caso, a una buena salud.

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