María Elena Ortega**
(primera de dos partes)

Hoy es sábado. Mi abuelita murió un sábado de Luna llena. Desde esa ocasión no he vuelto a cortarme el cabello. Aún no lo tengo tan largo como a ella le gustaba.

Cuando cumplí cinco meses de nacida mi madre me dejó para irse a la ciudad porque aquí no había trabajo. La abuela y mis tíos vendían leña y costales con tierra: el monte les pertenecía, pero ahora está prohibido saquearlo.

Mi pueblo, Maxala, está ceñido al monte. Los árboles y la neblina deshilachan por las mañanas y por las tardes la luz del Sol, por eso casi siempre hace frío. Maxala parece vivir escondido entre los árboles: las casas están hechas del mismo barro del que se alimentan los pinos; con sus muros y techos cubiertos de musgo, parecen árboles. Solo en junio y julio el Sol se inclina para entibiar un poco más las casas. Son días cálidos: la neblina no baja de la montaña, sale tibiecita del suelo. En esos meses las plantas de mi abuela florecían sin modestia. Mi abuela y yo aprovechábamos esa calidez para pasar más tiempo en el patio.

“Mali, traite tu banquito”, me decía con voz dulce y me sentaba junto a sus piernas huesudas. Con una escobetilla de ixtle desenredaba mi cabello: lo peinaba, lo peinaba y lo peinaba muchas veces. Solo se detenía para sacar los caramelos de la bolsa de su delantal. Mientras que yo me comía uno, ella se comía tres.

–Abuela, encontré un pajarito muerto, ¿la mamá lo echó del nido porque era el más feo?
–Ajá.
–Ahora no me trepé al árbol para verlos, pues el otro día me dijiste que si los veía la pajarita ya no los iba a querer.
–Ajá.
–Mira abuela, ya hay moras en la pared, ¿verdad que aquí hasta en las piedras se pueden dar los frutos?
–Ajá.
–El domingo que viene mi mamá me haces mis trenzas, porque no le gusta que traiga el cabello suelto.
–Ajá, exhaló un suspiro lloroso…
–ya viene por ti.

Ese día soltó más palabras que las que yo quería escuchar. Al principio no entendí nada. No sé si fue temor o alegría. Mientras me escobillaba el cabello me dijo que ya era tiempo de irme a vivir con mamá; luego regresó a su dulce silencio. El sonido de la escobetilla, alisando mi cabello, llenó mi cabeza de preguntas.

–Dejé una bolsa junto a tu cama pa’ que guardes tus cosas.
Quise decirle que no me quería ir, pero se me enredaron las palabras y solo atiné a decir:
–Ajá.

Sí, abuela, hoy es sábado, el día que mido el largo de mi cabello. Aunque lo cepillo 13 veces al día, esta semana solo ha crecido tres milímetros. Necesito recolectar más cáscara de encino para enjuagarlo.

No me quería ir a vivir con mi madre, ella tampoco quería llevarme, pero la abuela le mandó decir que ya era el momento.

Empecé a añorar el frío con sus gotitas de agua: el calor de la ciudad tenía el aire podrido. Ese conjunto interminable de casas, gente y autos nunca se callaban. Tampoco mi madre: “Malí, lava los trastes; Malí, lava la ropa”. Como no sabía hacerme las trenzas me dejé el cabello suelto.

–Eres una inútil, aprende a trenzarte: así te ves muy fea. Intenta peinarte.
Mientras cepillaba mi cabello para tratar de hacerme las trenzas, sentía como si las manos de mi abuela lo estuviesen acariciando. También escuchaba el suave siseo que hacía, cuando pedía silencio para que oyéramos el canto de los pájaros.

–Vendrá a visitarme Carlos, es un amigo y me dará vergüenza que te vea greñuda, ¡péinate! No quiero que sepa que eres mi hija, desde hoy eres una sobrina y llámame por mi nombre: Emilia.

Entendí lo que dijo porque la abuela ya me había advertido. “Allá las cosas son muy distintas”, tenía razón. “Tía Emilia” se pintaba el cabello de rojo y antes de dormir se ponía los “tubos para enchinar”.

*Este cuento es un adelanto del próximo libro de María Elena Ortega que será publicado a través de la editorial Elementum.

**María Elena Ortega es licenciada en educación, con estudios en derecho por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH). Cuenta con una trayectoria reconocida en las letras hidalguenses gracias a su antología de cuentos Flores sin Sol; al libro infantil ¿Y dónde están los calcetines?, y a su publicación más reciente, Microrrelatos a intervalos.

Comentarios