Roberto Madrazo, después de ser dirigente nacional del PRI, en 2006 contendió por la presidencia de la República.
El Tabasqueño no tuvo fortuna y perdió ante Felipe Calderón.
Su carrera política fue sólida: legislador en ambas cámaras del Congreso, y gobernador de su estado.
Abogado por la UNAM, realizó estudios sobre urbanismo en la Universidad de California.
En 2009 dio a conocer su libro El despojo, en su contenido, parece poco diferente a lo que estos días electorales se ha expresado. Las percepciones de Madrazo se parecen a las vertidas por algún candidato de oposición, aunque se mantuvo fielmente priista.
Él cita:
“México como una larga crisis, hecha de simulación y engaño en todos los niveles de gobierno, desde todos los partidos y todas las ideologías… México muere porque el sistema vive. Es cierto que en el 2000 la sociedad le entregó al PAN un México con problemas, pero lo entregó vivo…”.
Su percepción del país y de quienes lo gobiernan no es nada amable: “La figura del presidente sigue siendo ‘imperial’. Salinas, Zedillo, Fox o Calderón no han sido la excepción”.
Y se afirma que el autor da respuestas a preguntas nada gratas:
“¿Qué hacer para recuperar la vida institucional y la legalidad, la estabilidad y la gobernabilidad? ¿Tiene salida México en el contexto de una transición fallida?”
En la portada se subraya, aludiendo a su derrota:
“Ni el PRI ganó, ni el PAN encarnó el nuevo régimen. Perdió el Estado.”
En el prólogo manifiesta que durante dos años ensayó un análisis como el que presenta en su obra.
“Una reflexión que encontró una base sólida en la experiencia concreta y el acervo que me han dejado cuatro décadas de trayectoria política, al cabo de las cuales me he asomado a cada rincón del territorio nacional, al mapa de los anhelos y frustraciones de su gente.”
El despojo se divide en ocho capítulos, muy tomados de la mano en cuanto a los tiempos.
En todos hay un sentido de reclamo, pero en el último, México casi sin retorno, sin olvidar el año de la edición del texto, escribe:
“Es claro que no será fácil abrirse paso en medio de la tupida red de complicidades y negocios donde figuran lo mismo el poder político que el corporativismo, sindical, lo mismo el narcotráfico y los diversos niveles de gobierno que el ingrediente policial, militar y empresarial. No obstante, Estado y mercado habrán de generar una dinámica que permita desplazar los centros actuales de dominación y hegemonía para consolidar el nuevo Estado de Derecho que México necesita.”

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