“No traías instructivo cuando naciste. No sé cómo tratarte, cómo reaccionar ante ti. Soy tu madre, pero voy aprendiendo junto a ti esta tarea”, dice el personaje de Cher en el filme Mi madre es una sirena, cuando su hija, interpretada por Winona Ryder le reclama su manera de ser.
Cuantas películas que he memorizado porque delatan este papel complicado de la maternidad, del maternazgo dirían mis maestras feministas. Una cosa es parir porque nuestro cuerpo biológicamente está preparado para ello, pero otra cosa es el maternazgo, aprender a ser madre, desde cargar al bebé y amamantarlo, hasta orientarlo, darle de comer, quererlo… construir este amor maternal a través de nuestra experiencia, intentos, fracasos, necedades.
Los chicos de mi vida es otra película con la que lloro y lloro en cada escena. Una niña que se convierte sin quererlo en madre. En una escena, cuando discute con su hijo, reclama: “Pero, ¿es que este trabajo de ser madre nunca termina?”, grita airada. Qué difícil ser para los otros, para los hijos, para las hijas, a quienes amamos sin duda, pero a veces no sabemos cómo reaccionar a sus miedos, a sus planes –donde no estamos siempre–, a sus sueños, a su vida…
Por supuesto, con otros filmes canto inspirada como en Mamma mía!, mientras Meryl Strepp ayuda a su hija a vestirse para su boda y juntas entonan, llenas de nostalgia, aquella melodía del grupo Abba: “Con la mochila, ella sale temprano de casa, dice adiós con la mano, con una sonrisa distraída. Veo cómo se aleja, una vez más me invade la tristeza y tengo que sentarme. Tengo la sensación de que la pierdo para siempre y no llego a entrar a su mundo… ¿De verdad sé lo que piensa? No deja de crecer. Siempre se me escapa de las manos”.
Otra de mis favoritas es Lola de la cineasta mexicana María Novaro. Una madre joven que aprende a querer a su hija sin dejar de quererse ella misma. La escena más hermosa: Lola carga a su hija, caminan por la noche entre los escombros de una Ciudad de México abatida por el terremoto de 1985. La ropa las confunde, no se sabe dónde empieza una y dónde termina la otra. La bufanda, la gorra y el abrigo las une, las separa, las tiene juntas, pese a todo.
Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar delata todas las maneras de ser madres, cerca o muy lejos, buenas o crueles, abnegadas o geniales, cada una somos madres a nuestra manera, de acuerdo con nuestras imposibilidades y aprendiendo error tras error, cariño más miedo, certezas y suspiros. Bien lo dice uno de los personajes más inolvidables de la película, un personaje de nombre Agrado: “…una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”. Y cada una hemos soñado ser la madre que hemos deseado ser.
Hoy, 10 de mayo, yo buscaré mis espejos en el cine, ser madre de película.

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Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.