1900. Baum está a punto de concluir la novela que le conducirá a la fama, pero para escribirla toma como punto de partida toda la literatura infantil que conoce para desarrollar su propia versión, excepto un detalle que desde sus primeras versiones inquietó a los editores de los originales de Grimm, Andersen, Hoffmann y Perrault: la oscuridad y a veces salvajismo, propios de cada una de las historias.
A Baum le desagrada la idea de incorporar elementos así a su novela y, ya como encomienda de trabajo, decide suprimir cualquier aspecto que desde su punto de vista resulte perturbador para el tipo de historia que pretende narrar. Sin saberlo, Baum será uno de los primeros protagonistas de la expurgación literaria que años más tarde pretenderá borrar de la historia de la literatura la célebre novela de Harriet Beecher, La cabaña del tío Tom, por su constante uso de referencias a la cultura negra, misma de la que pretendieron retirarse las palabras negro, nigga, por ser despectivas hacia los afroamericanos, de la misma forma en que se buscó limpiar a Mark Twain para volverlo más presentable.
Una vez publicado, The wonderful wizard of Oz no solo demostró ser un éxito de ventas, pasó muy poco tiempo antes de que tuviese una versión musical en Broadway, previo a una adaptación en cine en 1939, apenas 10 años después de volverse sonoro y a color. Pero aun cuando Baum buscó sostener su obra bajo un tono abiertamente colorido y alegre, también sin saberlo, su extrema alegría sería la causa de reflexiones en dirección opuesta.
1948. Desde el año pasado, George Orwell ha trabajado en una novela oscura, sórdida, después de haberse empleado como policía, aunque no abandonó sus ambiciones en la escritura, durante un año se ha sostenido aquejado por la tuberculosis, así como incertidumbres en torno a su novela. Pese a todo, falta la decisión definitiva del editor, aunque sabe de antemano que la obra tendrá problemas.
Orwell, a quien no le faltan méritos porque gracias a sus míseras condiciones de vida durante una etapa en la que apenas podía hacer una comida decente, sus colegas lo usaron como pretexto para conformar, no solo una agrupación de escritores a favor de los derechos de todo escritor británico, sino a promulgar una ley que los protegiera y les diese una calidad de vida decorosa. También su literatura valía la pena, pero la protección recayó en él poco antes de crear una de las obras más subversivas de la historia.
Ese mismo Orwell, el que escribe, tiene tras de sí un fantasma no menos grande: Nosotros de Yevgeni Zamyatin, quizás la primera distopía a gran escala en la que se retrató una sociedad casi como la que Orwell está describiendo. Lo cierto es que su trabajo, más que a Zamyatin, le debe casi todo a L Frank Baum.
En lugar de un fabuloso mago, será el Gran Hermano; el espantapájaros por fin tendrá lugar como cronista de la narración, pensando en un mundo mejor y llevando sus memorias de cuanto le sucede, huella personal de su trabajo en favor de una verdad fabricada. Su Dorothy, en algún momento también será la amante del espantapájaros, mientras el león será instrumento de una cobarde traición muy calculada, que el hombre de hojalata llevará hasta su cierre, pero con mano de hierro, como sirviente del Gran Hermano.
Es decir, en lugar de la fantasía, la suya será una distopía basada en la fantasía más cruel que Estados Unidos le sorrajó al mundo, donde ni siquiera adentro de la imaginación se podía escapar de la figura de un dirigente oculto tras un fantoche, quien no era otra cosa que un vil y vulgar prestidigitador, aplastando y controlando a su antojo a la magia que por derecho propio seguía sus reglas.
Le queda la duda, llamarla El último hombre de Europa o 1984.
1973. Tras la partida de Syd Barret de Pink Floyd, el grupo estaba a punto de comenzar una nueva etapa en su historia, una en la que muchos de los resultados que caracterizaban su música cambiarían por completo en favor de la inserción de David Gilmour, así como de la gradual capitanía de Roger Waters y fue justo con Dark side of the moon que la agrupación se reinauguró para brincar a la historia con un disco definitivo que la marcaría del todo.
Sin embargo, como buenos y orgullosos británicos, de los primeros en ostentar la etiqueta “conceptual” para referirse a una producción discográfica hilvanada por una idea en la que reposaban la estructura de un título, así como, poco después, tomarían de Orwell Rebelión en la granja, para Animals.
Oculta bajo el orgullo, la leyenda urbana cuenta que una vez Dorothy pisa Oz (homófono de la palabra anglófona us, nosotros), precisamente en ese instante como si entrara en tempo, El mago de Oz de 1939, se puede ver en una extraña sincronía, como si el verdadero sentido de Dark side of the moon, no fuese otra cosa que una versión musical de 1984, adaptada para su inspiración directa, en el mismo país donde Nigel Kneale fue el primero en montarla en 1953, donde se asentó e hizo legado.

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