Maldito Karma, David Safier

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Cuando Harry Potter concluyó su voto de existencia hasta el último volumen de la serie, para verse anexado a los animales fantásticos, quedó claro que el niño prodigio de la magia era funcional por un aspecto bastante extraño y poco sencillo de reducir: porque el extraño joven con la cicatriz de relámpago era portador de una fantasía escatológica.

Los mundos de la literatura y del cine giraron en torno al jovencito porque la temática que ofrecía era más interesante respecto a preocupaciones centrales que estaban estacionadas en su argumento, sin alarde, sutiles, pero infecciosas como la peste: ¿de qué se nos habla que tenga sentido y nos diga que alcanzamos el siglo XXI, pero seguimos en un infancia rodeados de sortilegios y encantos incomprensibles?

Una vez concluida la vida de la criatura, ¿cuál sería el destino de dos industrias que por apostarle a la novedad del personaje se quedaron con las manos vacías?

Aunque no faltaron imitadores y entusiastas de versiones propias con ligerísimos sesgos de eso que hizo famoso a Potter, comenzó un nuevo aire para la industria editorial, pero una vida no menos interesante para los autores. Rowling se volvió referencia, porque después de ella, un escritor podía aspirar sin problemas al súper estrellato. Esa es la situación de Safier.

Humorista, su escritura es una de esas raras manifestaciones de algo que conocemos como buen sentido del humor, pero es privilegio de unos cuantos poder plasmarlo en literatura, quizás el aspecto más interesante y peculiar de su obra es que recurre a los trabajos propios de un aficionado a la literatura infantil, pero modifica todos los aspectos de su obra de manera tal que inserta preocupaciones propias de adultos y, pese al enorme teje y maneje que eso representa, su literatura sigue siendo ágil, agradable y le ha servido para convertirse en superestrella.

Tras el debut de su novela seminal, Safier se ha convertido en el literal mercader de su escritura y su persona. De hecho, gracias a Maldito karma se le encuentra en todas partes referido como la extraña panacea alemana del humor, para fortuna de sus lectores, hay un dejo siquiera malicioso para aproximarse al verdadero gusto de tan raro trabajo.

La vida de sus protagonistas, cuando no apesta, sí es un reflejo muy claro de algo que una moral ordinaria reprobaría sin el menor empacho, pero el autor se encarga de hacer pasar por pruebas no solo fuera de serie, sino que alcanzan la cuota del ridículo, así como una imaginación sádica por boba y hasta ordinaria. Pero la realidad es una y muy clara: la obra del autor no solo está funcionando, no ha requerido de intermediarios para hacerse de un lugar entre la afición del público y eso deja mucho qué decir de su consistencia, ya que no ha dejado de ofrecer aquello que le funcionó y sigue ubicado en el mismo punto.

Quién sabe si en algún punto de su producción Safier intente hacer algo más o su obra cobre matices que ahora no tiene, pero hay que hacer un recordatorio importante. El sentido del humor se encuentra en una categoría filosófica que todavía hoy no goza de una interpretación satisfactoria y certera, en todo caso es bastante complicado plantear chiste, broma y humor. Todos.

Pero sucede algo muy simpático con la aparición de Joker, el filme de Todd Phillips; se trata del mismo director que hizo ¿Qué pasó ayer? y Viaje censurado, películas con un sentido del humor guarro y hasta burdo, pero detrás de esa persona cuyo trabajo sería censurable por chato y noño, se mostró un realizador de gran estatura con el retrato de un personaje anódino y hasta predeciblemente burdo como el Guasón.

De la misma forma, recuérdese a uno de los grandes genios de la comedia es Chaplin, quien además de una vida convulsa y con episodios de sobra oscuros que en la pantalla parecían producto de su imaginación, no eran otra cosa que recuerdos de su juventud, así como una declarada pedofilia por la que se expulsó de Estados Unidos como a Polanski.

Mientras se sabe más de Safier, quienes quieran escuchar hasta dónde ha llegado, atiendan su propio perfil de Spotify, donde narra en alemán su obra, como si fuese un locutor de radio.

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Twitter: @deepfocusmagaz

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