Inmadurez. Hay personas que se resisten a admitir el paso del tiempo. Parece que no se dan cuenta que ya no tienen 23 años. Siguen en la fiesta, en el desmadre, sin reflexionar que enfrente tienen responsabilidades, un trabajo que cuidar, dar el gasto para la familia. O simplemente son inconscientes que su cuerpo, en función de su edad, ya no responde de la misma manera como lo hacía en su juventud. Pero ahí van, derrochando su energía, destruyendo su propio organismo. Lo que sí, es que tarde o temprano les llega la factura. En este Maldito Vicio José Luis Dávila escribe sobre un hombre, de nombre P, que vive de sus viejas glorias. Aunque no se entera que es aburrido, piensa que todos quieren escuchar sus anécdotas de músico borracho. Enfrente, Parménides García Saldaña, ícono del movimiento de la literatura de la onda, narra el preludio de una bacanal, plena de decisiones y comportamientos inmaduros.

Enseñanza de P
Publicado en la edición de julio de Esto no es un libro

*José Luis Dávila

P es un hombre muy curioso. Siempre usa sombrero para ocultar su calvicie prematura y una barba de candado a medio crecer. Toca la batería cada viernes en El Marinero. Jamás creí que también fuera profesor de física, pero de algo tiene que vivir ¿no? Como sea P es un buen tipo. Cuando salimos por las chelas siempre cuenta cosas interesantes, siempre tiene proyectos en mente y pontifica sobre la importancia de convertirse en su propio jefe.
El mayor problema que tiene P es su vanidad. Sobre todo con las mujeres. Creo que cualquier hombre es capaz de conquistar a cualquier mujer, pero también creo que la existencia de esa posibilidad no necesariamente implica que un hombre pueda conquistar a todas las mujeres que le gusten, sobre todo si por conquistar entendemos darse un revolcón precoz. Creo que eso es lo que le hace convertirse en un fastidio de cuando en cuando, porque suele llegar al punto del alcohol en el que de lo único que habla es de sus conquistas.
Lo triste es que siempre son las mismas. Ya todos conocemos la historia de la argentina que se fue con él justo después de ver al novio besarse con otra en un bar de Cholula, y la de cuando dos chavitas de 18, que lo vieron tocar en el bar, le aceptaron un trío a cambio de una ronda de cervezas para todas sus amigas. Es aburrido cuando ese punto de la noche llega. Ya todos sabemos que es hora de irse en ese momento, pero alguien tiene que cuidarlo y llevarlo a su casa, donde su esposa ya entendió que es inútil esperarlo despierta.
Creo que la vida de P está llena de insatisfacción, esperanzas rotas, planes fallidos, decisiones estúpidas y consecuencias que lo aprisionan. P es, tal vez, uno de los hombres más reprobables que pueda conocer, porque vive en un limbo de negación ante su edad y defectos; el paso del tiempo lo aterra y ese miedo le hace cometer más tonterías. Sin embargo he aprendido algo de él, y esta es la mejor enseñanza que alguien como él puede dejar, porque siempre sabe dar la mejor justificación para cualquier cantidad de idioteces que hace: “soy músico, ¿qué esperabas?”.

* José Luis Dávila (Puebla, 1990).
Realizó estudios de lingüística y literatura hispánica en la BUAP; se especializó en periodismo cultural. Participó en diversas revistas electrónicas como Letras Raras, Neotraba y Cinco Centros. Es autor del libro Entre Paréntesis del Fondo Editorial Tierra Adentro.

¡No te adornes, no te adornes!

(Fragmento del libro El rey Criollo)

Parménides García Saldaña*

Era sábado. Un sábado tibio por el Sol que resplandecía oculto entre unas nubes que avanzaban diagonalmente. Una sombra cubría parte de la casa. El agua de la alberca estaba casi inmóvil. Fernando y Luis jugaban futbol en el jardín. Rodolfo (traje de baño, camisa sport desabotonada, lentes oscuros de burbuja), sentado en una silla playera con una lata de cerveza en una mano y un cigarro en la otra, estaba en el pórtico, y los miraba. Espera a las golfasgordas que habían subido a cambiarse, y arriba oía la confusión de sus voces y pasos. Estaba agotado (tronadísimo), y nadó como foca. Tuvo que nadar y jugar voleibol, hacerle al monje porque el imbécil de Fernando (como siempre, siempre hay un o una imbécil que siempre chinga los planes chingones), aún no podía fajar. En parte, Alma tenía la culpa: le había dicho que invitara a dos de la onda y la que le tocó a Fernando estaba de adornada.
En la carretera, él y Alma medio fajado, besos y cachondeo ligero, una mano en un seno, en un muslo, preparando el terreno, bregando. También Luis en un besuco por aquí y por allá, pero Fernando, elimbecilquesiemprenofalta, nada, cruzado de brazos, mientras su nalga miraba el paisaje de la carretera. Como la vieja que le tocó a Fernando no fajaba, al rato las otras no quisieron. Un plan prometedor se había echado a perder al principio por culpa de una pinche vieja adornada. Fernando era un pendejo, cotorrear aquí y allá, mira gorda esto y lo otro y que aquí y que allá, mira gorda esto y lo otro y que aquí y que allá, lavarle el coco para meterle la onda. Y hubieran llegado a la casa directamente al colchón, unos guapachosos saltos de bienvenida pero ni madre, echando farsa: jugando fut y nadando para-ver-si-la-pendeja-de-la-adornada reaccionaba y entraba en la onda de fajar con Fernando.

*Parménides García Saldaña (Orizaba, Veracruz, México, 9 de febrero de 1944-Ciudad de México, 19 de septiembre de 1982)
Fue un escritor mexicano, perteneciente a la corriente de la literatura de la onda. También escribió el guión de la película Pueblo fantasma (1966) y artículos periodísticos, aún no recopilados.

TUITIZA LOCA

Hay personas que pasarán los años, les sale barba, canas, aumentan de peso, ¡pero la mente sigue intacta! #inmadurez
Dave
@bearpzo88

Comentarios