Tictac, tictac. Es el sonido onomatopéyico del tiempo: ¿esa presencia?, ¿sustancia?, ¿dimensión?, que nos persigue a todos. A algunos su paso constante no los deja dormir. A otros, los más jóvenes, ni siquiera les importa… hasta que envejecen. En este Maldito Vicio Tania Magallanes reflexiona sobre nuestra nimiedad, nuestra absurda fugacidad si comparamos nuestra historia con la del Universo. Y José Emilio Pacheco filosofa junto con Nezahualcóyotl:

No tendremos la vida para siempre: solo un instante breve

Ya que yo no tengo tiempo (de cambiar mi vida)

Tania Magallanes*

¿Qué otra cosa vislumbras
en la oscura lejanía, allá en el abismo del tiempo?
La tempestad, Shakespeare

En últimas fechas no tengo tiempo para nada. ¡Se me fue el tiempo!, pienso, ese que debería girar a mi alrededor y no yo en torno suyo. Porque todo lo que tengo que hacer es tan importante para la humanidad como para detener el tiempo… si soy yo la que al concebir el tiempo lo crea.
En Los dragones del Edén, Carl Sagan hace un ejercicio para dimensionar la cronología cósmica, el tiempo del Universo; comprime 15 mil millones de años en un año, desde un hipotético Big Bang hasta nuestra era. De enero a la Nochevieja narra las efemérides. El primero de enero se lleva a cabo la gran explosión; el origen de la vida en la Tierra fue el 25 de septiembre; los dinosaurios aparecen en Nochebuena y el hombre hace acto de presencia, por fin, hasta las 22:30 horas del 31 de diciembre: “La historia escrita ocupa los últimos 10 segundos del año y el espacio transcurrido desde el ocaso del Medioevo hasta la época contemporánea es de poco más de un segundo. En virtud de la convención adoptada, se supone que el primer año cósmico acaba de tocar a su fin”. Y henos aquí. Después de tanto tiempo, desperdiciando nuestro segundo imaginario que nadie nos devolverá.
Para nuestra cultura el tiempo es la forma más preciada de medir nuestra vida. Es tan valioso como para no disponer de él, para dar las gracias por el tiempo que nos dedican, para invertirle.
Todo nos ha costado tiempo también. Nuestra lengua es una herencia del pasado, seres históricos que se comunican entre sí y que heredan de generación en generación la cultura y visión de su mundo. La repetición de rutinas y hábitos a través del tiempo nos ha dado todo lo que somos, nos ha moldeado poco a poco como un Dios que lentamente construye en el barro a su Adán. Hasta Dios se tomó su tiempo para crear el Universo, dicen.
La vida ajetreada del hombre contemporáneo lo orilla a no tomarse su tiempo. Ahí está, móvil, siempre diferente (me gusta pensar que fue un domingo cuando Einstein pensó por primera vez el tiempo y el espacio para su teoría).
Desperdicio el tiempo mientras sigue pasando como un río. Evolucionamos con ese fluir. Al menos yo ya no soy la misma de hace un año. Cada minuto que pasa aprendo y desaprendo, y me observo con otros ojos, nunca nuevos ni objetivos, mis ojos que ven pasar el tiempo, que se arrugan como almendras tristes, lo experimentan siempre de manera distinta.
Sin buscarlo, Sagan nos da un baño de humildad. El hombre ha estado una ínfima parte del tiempo del Universo, su estancia en él es insignificante, al igual que el espacio que ocupa. Sin embargo, nos sentimos tan importantes, únicos.
Si todos pudiéramos tener el tiempo necesario como Adriano, ya no para escribir nuestras memorias, sino para contarlas al menos… En un instante vives, al otro no. Somos un instante en la eternidad.
Así, si la Europa del Renacimiento vive el último día del año a las 23:59:58, aquí todos nosotros nos hemos apagado. Que comience un nuevo Big Bang. Que el hombre surja desde las 00:01. Hagamos valer el tiempo, tenemos todo el del Universo.

*Tania Magallanes. 34 años. Anclada en 1990.
Le gusta contar anécdotas propias y ajenas. Se roba historias de la prima de una amiga para aderezar las suyas aburridas. Drama queen.

Tarde o temprano

Homenaje a Nezahualcóyotl*

José Emilio Pacheco**

I

No tenemos raíces en la tierra.
No estaremos en ella para siempre:
solo un instante breve.

También se quiebra el jade
y rompe el oro
y hasta el plumaje de quetzal se desgarra.

No tendremos la vida para siempre:
solo un instante breve.

II

En el libro del mundo Dios escribe
con flores a los hombres
y con cantos
les da luz y tinieblas.

Después los va borrando:
guerreros, príncipes,
con tinta negra los revierte a la sombra

No somos reyes:
somos figuras en un libro de estampas.

III

Dios no fincó su hogar en parte alguna.

Solo, en el fondo de su cielo hueco,
está Dios inventando la palabra.

¿Alguien lo vio en la tierra?
Aquí se hastía,
no es amigo de nadie.

Todos llegamos al lugar del misterio.

IV

De cuatro en cuatro nos iremos muriendo
aquí sobre la tierra.

Somos como pinturas que se borran,
flores secas, plumajes apagados.

Ahora entiendo este misterio, este enigma:
el poder y la gloria no son nada:
con el jade y el oro bajaremos
al lugar de los muertos.

De lo que ven mis ojos desde el trono
no quedará ni el polvo en esta tierra.

*A partir de las traducciones
de Ángel María Garibay y Miguel León Portilla

**José Emilio Pacheco Berny (Ciudad de México, 1939-2014). Poeta, narrador, ensayista y traductor; ha sido uno de los escritores más importantes de la literatura mexicana del siglo XX. Premio Cervantes 2009

Tutitiza local

No hay hombre lo bastante rico para comprar su pasado. Oscar Wilde #Tiempo

Xalappz
@xalappz

 

DIRECTORIO MALDITO

Director del mal: Jorge A. Romero
Colaboradores viciosos: Mayte Romo, Ilallalí Hernández, Alma Santillán, Enid Carrillo, Erasmo Valdés, José Luis Dávila, Diego José, Óscar Baños, Luis Frías, Rafael Tiburcio, Abraham Gorostieta, Negra Magallanes, Elizabeth Rivera, Daniel Fragoso, Julia Castillo, Isabel Fraga, Antonio Madrid, Jorge Daniel el Ene, Víctor Valera, Sonia Rueda, María Elena Ortega, y otros que, si bien no están, podrían caer en el vicio algún día.
Ilustración: Especial
Diseño: Cuauhtémoc Ríos

Comentarios