Desenfocado

Enid Carrillo / @enidbug

Después de un mes de tratamiento, Horacio sentía que no podía vivir sin ayuda del medicamento. Aquella mañana despertó sintiéndose fuera de sí mismo. Corrió al espejo y no vio su reflejo: había olvidado tomar las pastillas que lo hacían humano. Las buscó entre el desorden de la mesa, pero tampoco pudo ver nada. A donde sea que mirara, todo parecía borroso y desenfocado. ¿Por qué la vida parecía tan sombría sin las pastillas? Pensó en medio de la tormenta que era su cabeza, cosa que le impidió reconocer que tan solo había olvidado ponerse los lentes.

Hasta aquí

Alma Santillán / @alma_santillan

Azotó la puerta de la oficina y salió a zancadas del edificio; en la cajuela del auto llevaba papeles de toda una vida sirviendo a otros. Furiosa, tomó el camino a casa, ahí empezó su nueva vida, en paz.
Llenó su mundo de fantasmas, les compartía su tiempo y su cama, tenía para ellos un lugar en el auto y en sus sueños, hasta que uno a uno se fue quedando en silencio. Se cansaron de estar entre iguales.
Supo que la vida se le había escapado el día en que, por fin, decidió abrir la cajuela del auto para incinerar tanto papel: sus manos atravesaron el cristal y un escalofrío le llenó los dedos. Recordó que, el día de su despido, ignoró el alto del primer semáforo.

Cenicienta

Irving Nava

Ella lloraba en un rincón porque no podría asistir al baile del príncipe, cuando de pronto apareció su hada madrina. Le regaló el vestido más elegante y unas zapatillas de cristal que encajaban perfecto en sus pies. Estaba lista para irse cuando su hada le dijo:
–Y recuerda, Cenicienta, debes volver antes de las 12.
–¿Por el hechizo, hada madrina?
–No. Para que ningún estúpido diga que si te desaparecen fue tu culpa por andar sola en la calle después de las 12 de la noche.
Cenicienta, temerosa como miles de mujeres, decidió no ir al baile.

Comentarios