Van tres marchas al hilo contra la violencia feminicida y las desapariciones y ambos fenómenos no se detienen en la entidad. Como si los autores de ambos delitos desafiaran el enojo social, lejos de detenerse siguen atentando contra las mujeres. Ayer, un día después de la última manifestación que se llevó a cabo desde Mixquiahuala hasta Progreso, aparecieron dos mujeres muertas con evidentes signos de haber sido asesinadas por razones de género, es decir, dos feminicidios más. La primera de ellas fue encontrada muy temprano, a las 7 horas, en la calle Guadalupe Victoria de Progreso. La mujer fue dejada en la vía pública, una de las condiciones para considerarse feminicidio, y presentaba lesiones infamantes, que hablan de que fue víctima de violencia extrema. Aún no se sabe la identidad de la mujer, pero la marcha del sábado culminó en ese municipio, por lo que cabe preguntarse: ¿será un crimen en respuesta a la manifestación? ¿El autor o autores del nuevo feminicidio buscan sembrar miedo para evitar nuevas protestas? Si es así, se trata de un grave, muy grave antecedente. Porque implicaría que alguien desea que el clima de violencia que hoy ensombrece la región del Valle del Mezquital continúe y sea visto con normalidad. Lo peor es que hasta el momento las autoridades brillan por su ausencia, por la falta de una actuación contundente que responda a esta ola feminicida y de desapariciones. ¿Qué sigue después de la marcha y los dos feminicidios de este fin de semana? ¿Otra marcha y más muertes? De filón. Así como la violencia feminicida no cede, la pandemia en Hidalgo tampoco. Ayer, la capacidad hospitalaria superó su promedio y alcanzó los 55 puntos porcentuales, lo que significa menos camas generales disponibles para pacientes positivos al Covid-19. Y sigue la mata dando.

Comentarios