IRÍA FERRARI
Pachuca.- La marcha atrás o coito interrumpido suele clasificarse como un “método anticonceptivo natural”, y es la técnica más utilizada.

Ahora bien, la eficacia de ese método es dudosa, tanto para prevenir el embarazo como las infecciones de transmisión genital.

Todos hemos oído alguna vez lo que nos ha contado alguien que practicaba esa técnica y le ha ido bien, pero no siempre hay que fiarse. También hemos oído el viejo refrán de “antes de llover chispea” y eso, dicho de otra manera, es exactamente lo que pasa.

Cuando un hombre eyacula, libera unos 2 millones de espermatozoides, alguno de ellos puede quedarse en el conducto eyaculatorio.

Antes de eyacular, durante la excitación, los hombres liberan un líquido llamado preseminal, que puede contener alguno de esos espermatozoides. Si bien, no son tantos como durante la eyaculación, con uno solo basta para fecundar al óvulo.

Dicho eso, vuelvo al tema: La marcha atrás, también llamada coitus interruptus, consiste en retirar el pene de la vagina antes de la eyaculación y así evitar que existan espermatozoides que puedan llegar al óvulo.

Es uno de aquellos métodos que se utilizaban cuando no existía otra cosa, junto a los llamados naturales, pero actualmente son muchas las parejas las que practican la marcha atrás, ya sea como anticonceptivo habitual o esporádicamente.

¿El líquido preseminal contiene esperma?

Hay una frase que siempre acompaña a la idea de la utilización de ese método, y esa es: “¡Cuidado! Antes de llover, chispea”. Esa expresión hace referencia al peligro que conlleva los espermatozoides que pueda contener el líquido preseminal.

Contrario a lo que se piensa, ese líquido no contiene esperma por sí mismo.

Es segregado por las glándulas de Cowper y su función es la de lubricar la uretra y corregir el PH que ha podido ser modificado con la orina y que afecta a la calidad del semen.

Es cierto que puede arrastrar a aquellos espermatozoides que hayan quedado rezagados de anteriores eyaculaciones, pero también es verdad que eso solo puede ocurrir si ha habido una eyaculación justo antes, puesto que al orinar se expulsaría la mayor parte de ellos.

Además, esos espermatozoides en el líquido preseminal estarían privados de los nutrientes y la protección que les da el esperma, así que su calidad sería mucho menor y su capacidad fecundatoria se vería reducida.

El estudio más importante sobre la cantidad de espermatozoides contenidos en líquido preseminal después de una eyaculación es el de Killick (92).

Solo encontró esperma en 41 por ciento de las muestras estudiadas, y de ese porcentaje ninguna contaba con más de 23 millones por mililitro.

Pero con uno solo es suficiente para un embarazo, ¿verdad? En realidad debemos pensar que de las parejas cuyo miembro masculino tiene esa cantidad de espermatozoides en eyaculación, solo un 2 por ciento logra un embarazo. Un hombre con esa densidad sería considerado potencialmente infertil.

La verdad sobre su eficacia

Ya sabiendo que el líquido preseminal tiene muy poco poder fecundatorio podríamos pensar que la marcha atrás es un método muy eficaz, pero, ¿por qué no se considera así?
Sobre todo, la razón radica en que no todos los hombres son capaces de controlar la eyaculación con seguridad en la mayoría de las relaciones.

También es importante lo anteriormente mencionado; la cantidad de espermatozoides puede ser mayor si ha habido otra eyaculación justo antes. Practicar la marcha atrás en el segundo coito es mucho más arriesgado y ese es un error muy común.

Las estadísticas indican datos sorprendentes: Contando con que el hombre controle su eyaculación y esa sea la primera del día, la eficacia de la marcha atrás es muy cercana a la del preservativo masculino, un 96 por ciento.

Eso sí, cualquier pequeño fallo en su ejecución reduce esa eficacia al 78 por ciento.

¿Por qué los expertos no recomiendan la marcha atrás?

Lo cierto es que muchas personas que dicen que es totalmente ineficaz es porque no conocen los datos, pero eso es normal, ya que en nuestro país no hay estudios relacionados.

Si nos tomamos la molestia de buscar en Internet, utilizando la palabra inglesa (withdrawal), veremos que todas las páginas indican los datos de eficacia arriba mencionados, pero en español es difícil encontrarlos.

Muchos especialistas, reconociendo que su eficacia es bastante alta, no lo recomiendan (y yo sinceramente tampoco), pero no es porque no confiemos en las estadísticas. Mi opinión se basa en dos razones.

La primera es que, efectivamente, existen muchos otros métodos más eficaces y sencillos de utilizar. Con la marcha atrás dependemos de que el hombre controle, y aunque lo consiga, la mayoría de las veces muchos factores pueden hacer que sea complicado en un momento determinado.

Utilizando otro método, la posibilidad de fallo es menor y, con métodos hormonales, por ejemplo, aun fallando en su uso, el riesgo es más reducido.

Además, no podemos saber con seguridad si el método ha funcionado o no hasta que no haya un retraso en la menstruación. Con otros métodos podemos actuar en consecuencia al fallo utilizando la píldora del día después.

La segunda, y no por ello menos importante, es que la presión de estar pendiente del momento eyaculatorio del varón puede hacer que la relación sexual sea todo, menos relajante y placentera.

Ella pierde todo el control de su anticoncepción y la responsabilidad (otra más) la tiene el hombre. El hecho de tener que extraer el pene antes de eyacular interrumpe la clave erótica y puede hacer que el orgasmo sea más débil.

Además, se ha observado que los hombres acostumbrados al coitus interruptus tienen dificultades para eyacular dentro de la vagina cuando así lo desean.

Asimismo, esa técnica no sirve para prevenir infecciones.

Otro inconveniente del coito interrumpido es que, aunque se haga para “ganar sensibilidad” y aumentar con ello el placer en realidad, puede perderse. Ya que podemos estar más atentos a eyacular fuera de la vagina que a lo que estamos sintiendo, nerviosos por controlar o nerviosas por si no controla y más tarde quedarnos con la duda de si habrá pasado algo o no.

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