Desde algún sitio muy oscuro de las profundidades mexicanas se contrarrestan las defensas que muchos hacemos del nacionalismo democrático. Mofándose, arguyen que no podemos combatir el nacionalismo de Trump con la posición de hacer triunfar a “la enchilada”, comparando a ésta con los valores sostenidos de siempre por nuestros heroicos antepasados. Y organizan marchas para denostar a Trump… ¡y para apoyar a Peña Nieto!
¡Qué cachaza! Con esas posturas, dizque ideológicas, siguen apuntalando los exabruptos y los denuestos antimexicanos. No se han dado cuenta de que cada agravio, jamás contestado por los inútiles de Zacazonapan, tiene un precio en dinero. Hasta Honda, la armadora japonesa emblemática, retira sus programas de inversión, ante las amenazas arancelarias del neoyorquino esquizoide.
Las empresas extranjeras, todas, reaccionan con respuestas primarias ante los estímulos, como los perros de Pavlov. De nada sirve que Japón sea el principal acreedor de la deuda de un billón 100 mil millones de dólares de los gabachos. En ese juego no se mete su aparato financiero estatal. Aquí estamos dejados a nuestra suerte, a las respuestas urgentes e importantes.

Trump no es nacionalista:
sí un aislacionista xenófobo

Esta serie de denuestos de la caverna mexicana parten de un error insalvable: consideran que el tipo anaranjado es nacionalista. No alcanzan a entender que es simplemente un aislacionista xenófobo, un anacoreta del populismo demente. Sus algazaras de guerrita infantil no tienen nada que ver con propuestas nacionalistas de gran calado, como las que han distinguido la larga lucha mexicana por la independencia.
Las de Trump son balandronadas que, debido a la debilidad estructural de nuestro modelo económico, ya entregado a los designios extranjeros, destruyen a base de amenazas y denuestos las bases de un país prendido con alfileres, manejado en sus números fundamentales por especuladores, manipuladores e impostores financieros y “coyotes” de toda laya.

Los gabachos ofendidos
sabrán librarse de la amenaza

Los delicados asuntos de la seguridad nacional, el comercio y las relaciones exteriores los ha puesto Trump en manos de arribistas y neófitos que, los propios gabachos entienden, no sirven más que para el fracaso. Bannon, Miller, Kushner, Priebus, Conway y el vocero Spicer tripulan la nave de los locos. Los estadunidenses conscientes libran su propia lucha contra estos energúmenos.
Los ofendidos gringos podrán reponerse pronto de esas embestidas del neo republicano, gracias a los valladares del Congreso, a las amenazas del impeachment, al valor civil de algunos de sus jueces, gobernadores y alcaldes, al empuje de su resistencia cívica, que ven irse por el caño los datos del crecimiento económico, la deuda externa, los derechos humanos y la inversión.

Aquí no. Gobernantes
maniatados por la corrupción

Pero aquí no tenemos nada de eso. Nuestra claque gobernante, administración, cámaras, judicaturas, gobiernos estatales y municipales están inyectadas con virus terminales. Casi todos se han involucrado en el ejemplo corrupto del llamado presidente de Atracomulco, y se hayan impedidos por sus compromisos adquiridos con los jefes regionales del narcotráfico.
El nacionalismo mexicano es una ideología concreta, abandonada, vituperada por los grandes intereses, pero tan vigente como los 80 millones de miserables y hambrientos que ha dejado en el país la aplicación de neoliberalismos, tratados de libre comercio, desregulación de embestidas foráneas, creencias fantasiosas en el buen vecino, sueños del primer mundo y todas las iniquidades que se han cometido contra el pueblo.

Opción: reconstruir lo
que los toluquitas han derruido

El viejo presidencialismo pudo cumplir, a veces, con funciones defensivas, tutelares de las clases desprotegidas. Una vez que los toluquitas acabaron de enterrar ese sistema político, exhibiendo una corrupción inaudita, un odio de clases que ha desembocado en un desprestigio total, debe buscarse una alternativa que persiga reconstruir lo que avasallaron.
El nacionalismo que hoy exige nuestro país es el mismo de siempre: radicalmente distinto al que ha sido y es exaltado por minorías raciales y étnicas, por iluminados con pruritos de supremacía decadentes, por afanes ignorantes de superioridades antropomórficas, dignas de ser encerradas en manicomios a cal y canto.
Obviamente, también es opuesto al pedestre nacionalismo fascista y nacionalsocialista que desembocó, con los excesos de todos conocidos, en el exterminio europeo causado por la segunda Guerra Mundial. Las conciencias lúcidas de Europa y Estados Unidos saben que por ahí no se va a ningún lado. En México necesitamos saber de qué se trata lo que constituyen algunas soluciones a este desafío.

Despojos, por su sumisión
vergonzosa e incondicional

Es un dato reconocido por todas las estadísticas mundiales que la fuerza de trabajo mexicana se ocupa 2 mil 500 horas al año, 500 más que el promedio de obreros de los países que pertenecen a la OCDE. La diferencia es que la mexicana ha sido sometida a salarios de hambre, en espera de la llegada de capitales extranjeros. Y no ha sido así. Nunca llegaron para nada bueno.
En ningún momento de nuestra historia, y mucho menos en este, ‎ha sido nuestro camino la industrialización a cualquier costo. Menos, el modelo de la maquila, tampoco la construcción de las obras superfluas y faraónicas. Jamás ha alcanzado el exiguo presupuesto nacional para esas despiadadas aventuras que lo único que han logrado es abultar la pavorosa deuda externa.
Han agigantado a grado extremo, como hoy, que la voracidad toluquita la ha llevado a extremos del 55 por ciento del PIB, los compromisos inconfesables que se han firmado a nuestras espaldas con quienes hoy amenazan invadirnos, despojarnos de nuestro territorio vital. Han sido ni más ni menos, actos consentidos y maquinados de sumisión vergonzosa e incondicional.

¡Que ya dejen de robar con sus obras y planes faraónicos!

Si llega a consumarse, como es lógico, el arribo de los millones de migrantes desplazados, ha llegado el momento de cancelar para siempre los gigantescos proyectos de los moche$ para la tolucopachucracia: el billón de pesos de capital inicial para el “bisnes” de Vi(rey)garay –con su socio Gerardo Gutiérrez Candiani– de las zonas económicas exclusivas, una engañifa nacional… la construcción del mega aeropuerto, que hasta ahora ha sido una fuente de ingresos para los burócratas de cuello blanco que tienen miles de camiones de volteo rellenando con millones de toneladas de cascajo los pantanales aledaños a Texcoco…‎ el fantasioso tren bala a Querétaro, botín de Higa-EPN, Slim y las familias Vázquez Raña y Salinas de Gortari…y decidirse a redireccionar esas bolsas de sultanes a la inversión en proyectos de desarrollo regional, a la infraestructura básica, el transporte, el turismo y todas las actividades multiplicadoras de pleno empleo. Solo elevando los índices de empleo se logran productividad y competitividad.

Experiencia de los migrantes: agropecuaria y tecnológica

Nuestros migrantes, con toda la experiencia recabada en ese largo exilio de oprobio y carencias en Estados Unidos, tienen la capacidad suficiente para ser la brújula en el desarrollo tecnológico, la economía del conocimiento y, fundamentalmente, la atención del problema agropecuario.‎ El crecimiento de las regiones productivas, para el desarrollo del mercado interno. Renglones que jamás debieron postergarse.
El modelo del desarrollo mexicano siempre debió basarse en estos argumentos, nunca en las fantasías y ambiciones de gobernantes desclasados y apátridas que nos llevaron hasta donde hoy nos encontramos, a punto de perder el país.
Cambiar la mentalidad maquiladora por la clave de la autosuficiencia alimentaria. Generar puestos de trabajo bien remunerados para hacer girar la rueda de la historia y eslabonarnos en el camino de la frustrada independencia política, financiera y económica.

Vamos, de la mano de la derecha, a las oscuridades cavernarias

‎Si no lo hacemos, seremos llevados otra vez de la mano de la derecha entreguista y reaccionaria a otra de las oscuridades de esa nefasta caverna de gorilas y mentecatos.
Marchar no es la salida. No, si es para denostar a Trump. Menos, si es para apoyar a Peña Nieto.
¿O usted qué haría?, vale preguntar, parodiando al cavernícola de Los Pinos. ¿No cree usted?

Índice Flamígero: Isabel Miranda de Wallace siempre está pre$ta para apoyar a los gobiernícolas, quienes ante el temor –bien fundado, por cierto– de que la marcha #VibraMexico organizada por diversas organizaciones de derecha, y a la que “inocentemente” se sumaron instituciones educativas liberales como la propia UNAM, le ordenaron emprender una distinta, ésta sí de abierto apoyo a la tolucopachucracia. Nada bueno se augura del encuentro –¿o choque?–, en el Ángel de la Independencia, de ambas manifestaciones. + + + Y quien de plano se pasó de la raya fue el que alguna vez fungiera como cacharpo de Octavio Paz. En su cuenta de Twitter, Enrique Krauze publicó que “…no marchar proyecta pasividad, indiferencia y hasta cobardía.” Quizá los dos primeros calificativos sean acertados, pero llamar cobardes a quienes no se le sumen proyecta intolerancia rayana en la estupidez, ¿no cree usted? + + + Recuerda don Alfredo Álvarez Barrón que “la CTM en el estado de Nuevo León ha implementado, desde hace varios años, el cobro de cuotas semanales a taxistas, vendedores ambulantes y hasta a niños empacadores, por permitirles trabajar en sus áreas de influencia…”, remembranza que El Poeta del Nopal convierte en revelador epigrama:

Elemental y simplista,
para el lector primerizo:
la CTM priista
¡inventó el cobro de piso!

www.indicepolitico.com / [email protected] / @pacorodriguez

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Columnista político desde 1977. Comentarista radiofónico y de televisión. Publica su columna “Índice político” en 47 medios de comunicación de la República mexicana y tres de Estados Unidos. Apunta con el Índice, pero también propone.