El libro de la semana

Como se indicó en la entrega pasada de este espacio, el libro Margarita Michelena: poeta y periodista, que este año edita la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), recupera esa poesía y ese periodismo que hicieron visible la creatividad y la pasión de esa mujer, que la profesora investigadora Elvira Hernández Carballido buscó en documentos y hemerotecas, en la voz de quienes la conocieron, en cada poema y en cada columna que Michelena firmó. Y la encontró en esos escenarios y en otros más.

Cabe advertir que han sido pocos los perfiles, semblanzas y breves biografías que se han interesado en la vida de esta escritora hidalguense; por ello, la importancia del libro editado por la UAEH, pues por primera vez se detallan con referencias sus datos, confirmándose algunos y corrigiéndose otros. Por ejemplo, se dice en diferentes páginas de Internet que ella fundó el periódico titulado El Cotidiano, lo cual es un error; la publicación no se llamó así, Carballido lo puntualiza y lo corrige: el diario se llamó Cuestión. También se recupera un perfil más sensible de la mujer que amó; se hace referencia a su esposo Eduardo Cataño, quien murió joven y se cree que esa muerte pudo representar la decisión de ya no escribir más poesía. Aunque en el texto también se recupera una interesante declaración donde ella advierte y deja entrever lo que pudo ser el motivo de su adiós a la poesía.

Su último libro El país más allá de la niebla es todo un tratado de reconciliación con la vida, sin olvidar a la muerte, después de inventariar las cosas de la memoria, las cosas que están más allá del alma. Al llegar a ese punto de la entrevista, una plática informal entre viejos amigos, se anima un poco más –había estado muy enferma– para hablar de esa obra. “‘Es un poema que en su epígrafe lleva todo el secreto. Es el poema del alma vasca, del alma vascuence que se encuentra de pronto conciliada con todo lo que amó y todo lo que fue, los vivos y los muertos, en una casa que es… la casa del poeta, la casa de todos los suyos. Ahí lo dice en el epígrafe José María Barandiarán. Es una reconciliación total con la vida y la muerte. Es donde yo me vacié, terminé todo lo que tenía que decir’. La interrumpo para preguntarle cómo llegó hasta aquí. ‘La madurez –acentúa–; le di vueltas a todo y llegué de pronto a eso. Todas mis dudas, mis angustias, quedaron ahí; mis vivos, mis muertos, todo está allí. Por eso digo que ya no tengo nada que escribir después de este poema’”.

En la segunda parte de Margarita Michelena: poeta y periodista, la autora recorre el trabajo poético y cita que, de acuerdo con la especialista en literatura María del Rocío González, en la poesía inicial de Michelena “se manifiestan estas diversas sensaciones de amor, desamor, la vacuidad del ser, la nostalgia por lo vivido, la visión desencantada de la realidad, el tedio y el hastío”. Dicha investigadora afirmó que Michelena es una mujer de letras a la que “su vigilancia, nunca en reposo, le permite advertir los prodigios del mundo, la hacen nombrarlos, dándoles nueva carga sustancial y perdurable como el acto poético que los conjura”.

González asegura que “la lírica de Michelena logra hacer inteligible al lector la condición humana y su entorno social con un lenguaje diáfano y sencillo”. Pero nadie mejor que la misma Margarita para expresar su sentir y las razones de su inspiración: “La belleza de la poesía es la piel de mi pensamiento y de mi amor”.

Andrea Cataño Michelena indicó que todos los poemas escritos por su madre fueron congregados en la antología Reunión de imágenes, y si bien la obra cubre solamente 100 páginas, la poeta escribió lo esencial. Leerla en este siglo XXI permite confirmar que en su obra se mantiene la intensidad, la búsqueda de perfección formal y armonía; “el tiempo ha decantado su obra haciendo resaltar sus momentos esenciales”.

Otro testimonio interesante que el libro recupera es la declaración del crítico y ensayista Dionicio Morales. Cuando entrevistó a Margarita Michelena le compartió una anécdota personal, que representó un buen broche de oro para cerrar el segundo capítulo dedicado a la poesía de Michelena.

Para terminar, le cuento una anécdota mía con una comunicadora cultural: “‘¿Quién crees, Dionicio, que sea la mejor poeta de México?’. ‘¿Viva o muerta?’ Le respondo. ‘Viva’, dice ella. Sin titubear digo que Margarita Michelena. La comunicadora cultural menciona otro nombre. Y le digo que no estoy de acuerdo. Ella defiende su argumento diciendo que Margarita tiene 30 años de no escribir poesía. Yo le contesto: ‘Bueno, Cervantes tiene 400 años que ya no escribe’. Margarita Michelena se ríe y me contesta que ya lo había leído en un periódico. Le gustó muchísimo mi respuesta”.

Fue así como Margarita Michelena dejó su huella poética por siempre en la literatura nacional, pero Hernández Carballido señala que no fue el único escenario donde estuvo presente la escritora hidalguense: el periodismo también fue su espacio libre de expresión.

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