María Callas, la Divina

135
Maria Elena Torres

El espacio en esta ocasión es dedicado a una gran soprano, quien merece ser recordada y conocida por su gran representación en diferentes óperas de su tiempo y, quien fue también, una de las artistas más complejas del siglo XX.
María Anna Sofía Cecilia Kalogeropoulos nació un 2 de diciembre de 1923 en Manhattan, Nueva York, Estados Unidos; murió el 17 de septiembre de 1977 en París. De origen griego, con portentosa voz, capacidad de los matices y colores insospechados, aunado a su especial forma de interpretación de los personajes en escena, estilo revolucionario de usos y costumbres de los grandes divos y divas de su época.
Una de sus frases al inicio de sus representaciones era: “Primero perdí mi voz, luego mi figura y por último a Onassis”. Al igual que las grandes divas del melodrama, manifestó su sufrimiento a través de su arte y fue considerada como la gran cantante de ópera del siglo XX.
El mundo conoció su dramática historia de amor con Onassis, su temprana muerte o sus primeros éxitos, entre los que se cuentan aquella interpretación de Casta diva, que en 1947 la elevó hasta los altares.
Líricas o dramáticas representaciones la llevaron al triunfo a temprana edad, interpretando La gioconda, La walquiria, El barbero de Sevilla, La traviata, Fedora, etcétera.
También en 1947, cuando se marchó a Italia, debutó en la Arena de Verona con La gioconda de Amilcare Ponchielli, su éxito fue tan grande que atrajo la atención de otros teatros italianos de prestigio, a partir de ese momento su carrera estaba lanzada. Cantó Turandot de Puccini, Aida y La forza del destino de Giuseppe Verdi e incluso Tristán e Isolda de Richard Wagner, esta última en italiano.
En 1948, al ser la protagonista de la Norma de Vincenzo Bellini, en Florencia fue consagrada como la gran soprano de su generación; en 1950 fue el momento de sus triunfos absolutos, protagonizó veladas inolvidables de las cuales existen documentos que lo constatan, donde encarnó papeles de repertorio italiano belcantista y romántico para soprano.
En el año de 1949 se casó con Meneghini, cuyo matrimonio no le ayudo en nada para sentirse la gran diva de la ópera de su momento, por lo que el camino para su gloria profesional no fue nada fácil para ella.
La primera época de la ópera se inicia con el estreno Manolis Kalomiris, el contramaestre, uno de los pocos títulos del repertorio contemporáneo que abordó en su carrera, y los papeles titulares de Suor Angélica y Tosca de Puccini y de Leonora en el Fidelio de Beethoven.
El día que representó Madame Butterfly en la Lyric Opera de Chicago en 1955, un oficial de justicia la reclamó, por la demanda que presentó Eddie Bagarozy, quien fuera su representante, quien la acusaba de incumplimiento de exclusividad que tenía con él. Esta fue una de las primeras ocasiones, y no sería la última, en que la diva de la ópera aparecía en la prensa sensacionalista.
En 1992 se dieron a conocer unas cartas en donde estaban redactados algunos incidentes de su vida; de una infancia dolorosa donde tomaba muy en serio las críticas que, con crueldad asombrosa, le hacía la prensa y coincidía con su inicial ascenso a la fama. Por otro lado, también, fue una preocupación para María la imagen que presentaba y delataba su inseguridad, porque en los años de 1953 y 1954 llegó a perder mucho peso, lo que la convirtió en una dama delgada, elegante y tímida, pues su figura era tan enigmática que tal parecía que salía de cualquier aria de una ópera de Puccini.
En su vida personal no fue muy afortunada, ya que su primer matrimonio solo duró 10 años y posteriormente su relación con el millonario griego Aristóteles Onassis tampoco le aportó la felicidad ni la estabilidad necesaria para proseguir su carrera.
Para 1960 perdió fuerza y para 1965 anunció que se retiraba de los escenarios a consecuencia de su frágil salud.
El 17 de septiembre de 1977 falleció en su casa de París, contando con 53 años, a causa de un fallo cardiaco, mujer hasta cierto punto incógnita, quien su deseo fue: ser feliz.

Comentarios