En la obra de Adela Muñoz Páez se abre una interrogante sobre María Sklodowska-Curie: “¿Una científica genial o una mujer ambiciosa que se aprovechó del talento de su marido? ¿Un ídolo de masas o una persona patológicamente introvertida? ¿Una esposa abnegada o una amante apasionada que destrozó a una familia?”.

También: “Admirada tras ser galardonada con su primer Premio Nobel, compadecida tras la muerte de Pierre Curie y ferozmente atacada tras el escándalo Langevin, fue a la vez venerada en su Polonia natal, aclamada por los estadunidenses y los franceses por el desarrollo de la radioterapia, y minusvalorada por algunos círculos científicos por su condición de mujer”.

Muñoz Páez es catedrática de química inorgánica en la Universidad de Sevilla y se dedica al estudio de materiales en fuentes de radiación sincrotrón.

Ha publicado en la editorial Debate Historia del veneno. De la cicuta al polonio (2012). La buena muerte (2013) y Sabías. La cara oculta de la ciencia (2017).

En 2015 obtuvo el Premio Meridiano del Instituto Andaluz de la Mujer. Tiene un hijo y una hija, es aficionada a la ópera y una entusiasta de la bicicleta.

Su libro simplemente se titula Marie Curie y se divide en cuatro partes: “Polonia en el corazón”, “París, la Ville Lumiére”, “El descubrimiento” y “Muerte y resurrección”.

Y a manera de preámbulo: “Apoyada en la barandilla del trasatlántico Olympic, Marie Curie observaba cómo el perfil de la ciudad iba surgiendo de entre la niebla conforme el barco se acercaba al puerto.

“El ruido del fondo aumentaba al mismo tiempo que las imágenes cobraban nitidez y Marie comenzaba a distinguir los grupos que formaban la multitud que llenaba el muelle: grupos de girls scouts agitando banderas, comités de bienvenida de vais organizaciones y delegaciones polacas enarbolando pancartas con su nombre, un amenazante grupo de periodistas esgrimiendo cuadernos y cámaras.

“Dos limusinas negras esperaban con el motor en marcha junto a la pasarela por la que los pasajeros habían de bajar. Cuando el barco terminó de atracar, tres bandas acometieron simultáneamente los himnos polaco, francés y estadunidense.

“Solo entonces se abrió paso en la mente de Marie la idea de que esos miles de personas que abarrotaban uno de los muelles del puerto de Nueva York estaban allí por ella.

“Al borde de un ataque de pánico, solo se tranquilizó al mirar a sus hijas. A sus 16 años, los ojos de Éve brillaban de emoción y orgullo. Iréne, en cambio, tenía esa mirada desafiante que tantas veces le había visto, sobre todo durante los años que habían pasado juntas en los hospitales de campaña.

“Pensó en su hermana Bronia, que había abierto el camino yéndose a estudiar a París. “Seguramente también pensó en Paul Langevin, a causa del cual había sufrido tanto”.

Hay un episodio muy importante en la vida de Marie: Pierre Curie, con quien se casaría. Y ella relata de la vez en que se conocieron.

“Al entrar en la habitación vi, de pie, junto a la cristalera del balcón, a un hombre joven y alto, con pelo castaño y grandes ojos claros. Vi la expresión grave y gentil de su cara, así como con cierto abandono en su actitud que sugería que un soñador abstraído en sus reflexiones.

“Se mostró muy cordial y me pareció muy simpático. Después de nuestro primer encuentro me dijo que quería verme otra vez para que continuáramos nuestra conversación de esa velada sobre temas sociales y científicos que nos interesaban a ambos y sobre los que teníamos opiniones similares”.

La escritora Adela Muñoz puntualiza: “Esta descripción que hace Marie del primer encuentro con el que había de convertirse en su marido no es ni efusiva ni espontánea, lo cual no es de extrañar, dado que la escribió 15 años después de que él hubiera muerto, pero a pesar de la contención, consigue transmitirnos la emoción del momento”.

Robert Reid, en una biografía de Marie publicada en 1974, dice que cuando se produjo este encuentro “ella era como una planta de invernadero a resguardo tras los cristales”.

Del drama con Paul Langevin, un científico brillante, la buena relación de Marie con él se fracturó porque la esposa de él Jeanne Desfosses suponía que había algo más que relación profesional y un buen día de verano en 1910 la enfrentó y la conminó a que abandonara Francia, amenazando con matarla si no lo hacía.

Ese era el mal recuerdo que en adelante acompañaría a Marie.

Nacida en Varsovia el 7 de noviembre de 1867, Marie Curie falleció el 4 de julio de 1934, presumiblemente por una anemia aplásica.

Descubrió el radio y el polonio. En 1903 recibió el Premio Nobel de Física y en 1911 el de química.

Singularmente su hija Irene y su esposo Frédéric obtuvieron el Premio Nobel de Química en 1935, repitiendo la historia de sus padres.

De Penguin Random House Grupo Editorial, la primera edición en México fue en marzo de 2020.

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