La valentía, la valentía, valientes. Mucho se habla de la valentía; los hombres son valientes, las mujeres son valientes, niños valientes, ¿pero tenemos conciencia de lo que encierra esa sola palabra? ¡Valentía! Es una determinación con la que cualquier persona se enfrenta y da respuesta a una situación que puede ser de peligro, miedo o riesgo en la cual se involucra; puede ser también una virtud de la persona que se impulsa para ejecutar una acción, haciendo de lado su miedo y temor por las dificultades a las que se pueda enfrentar y es parte de su fuerza interior que posee, con el fin de responder a la situación que le implique afrontar miedos o riesgos.

Apenas había iniciado el 15 de septiembre y todo el pueblo mexicano ya se preparaba para gritar con total euforia que es un pueblo libre, ese orgullo mexicano que desde hace 209 años consiguieron los padres de la patria.

México, el ombligo de la Luna, tan diverso, tan rico en flora y fauna, tan completo en sus recursos naturales y tan complejo en su estructura social. Un país lleno de tantas historias de todo tipo, pues esa misma es la que da sentido a su tradición, alegría desbordante de los mexicanos, bailes específicos por cada estado, la música que lo hace ser especial, tradiciones, leyendas, costumbres, platillos gastronómicos, colores, formas y sabores, hacen de esta cultura una compleja construcción sociocultural y un abanico multicolor.

Comunidad construida con el trabajo de su pueblo. Si su economía pudiera hablar, lo haría con las manos manchadas de la tierra del campo, del carbón de la leña con que hacen sus alimentos, del sudor del esfuerzo que ha llevado a los mexicanos sostener a su país hasta nuestros días.

Pero para que eso sucediera, para que la ciudadanía tuviera el papel que actualmente funge, para que la desigualdad que devino de la conquista fuera derrocada, para que la miseria en que estaba sumida la mayoría de la población y dieran fin a toda esa denigración, es como surge casi de la nada esa acción bélica. Por esa razón y muchas más, es así que la historia del pueblo mexicano se escribe con tinta indeleble, extraída de las mismas venas en las que corre sangre mestiza, esa misma sangre que pinta una tercera parte de nuestro maravilloso emblema nacional y esa misma sangre que corrió por diferentes campos.

Aunque nuestra historia la protagonicen apenas unos cuantos, fueron muchos más los involucrados, es cierto que no alcanzarían las páginas en los libros de historia para contar las versiones de cada uno de todos aquellos que participaron en este movimiento bélico, ni habría cavidad en los murales para honrarlos a todos como bien lo merecen. Nuestra Independencia comenzó con un grito en Dolores, pero se resintió en todo el país para despertar de su letargo a todos los mexicanos.

“Al sonoro rugir del cañón” se escuchó cantar desde lo más hondo del ser de cada mexicano en la noche patria, las líneas que distinguen nuestro himno nacional, ese que emerge del pecho y que exige el bombardeo de las divisiones sociales, que caigan los ideales que marcan la desigualdad y la injusticia; porque nuestro trayecto como nación comenzó mucho antes de los españoles, pero aún sigue en pie, a pesar de las invasiones, a pesar de la economía, a pesar de la naturaleza misma, México seguirá como aquella flor del desierto, tan bella, tal vez brava, pero siempre fuerte.

Pero, ¡oh patria querida!, si “un soldado en cada hijo te dio”, qué no se podría cantar de tus hijas, las que riegan las semillas entre tu tierra, esas semillas que cosechan en sus vientres, que amamantan con amor, que entre sus mentes brillantes alojan el ingenio y la inteligencia propia que tienen; entre sus costillas se encuentra el corazón de guerreras y en sus rostros ocultan la astucia y perspicacia necesaria para despistar al enemigo.

Así pues, una mujer que rompe esquemas, viene a demostrar que la paciencia y valentía pueden ser armas a las que se tiene que temer. Aunque nos adentramos en una historia llena de personajes que reconocemos, también está llena de fantasmas, pues recién se ha encontrado el nombre de María Francisca como parte de los rebeldes en ese acto bélico de nuestra historia.

Recordemos, pues, que la violencia estaba a tope, los Insurgentes estaban cegados por una ideología “antigachupina”, asesinando a todos aquellos que se les pusieran enfrente. Así, el padre de la patria ordenaba acabar con los europeos y tomar sus bienes; de sus más leales aliados encontramos al insurgente Agustín Marroquín y al capitán Manuel Muñiz (Landavazo, 2009).

Halla sido planeado o por azares del destino, realmente nunca lo sabremos. Pero fueron los calores de Agustín Marroquín los que pusieron en un estado vulnerable a su tropa, al ponerse en contacto con María Francisca; se dice que se había convertido en su favorita. Así pues, se establece por aquellos tiempos que los chivos expiatorios estaban en todos lados, pero quién imaginaría que sería de las curvas de una mujer que la información se filtraría, pero la verdadera sorpresa devino después, cuando el capitán Manuel Muñiz fue llamado por el bando realista, luego de su mala suerte combatiendo, es que este se niega y se levanta en nombre de los insurgentes, de ahí que se da la orden de apresarlo. Pero el capitán ya tenía suficiente experiencia como para saber en quién confiar, bastó con cambiar su atención, pasando de su propia esposa a fijarse en una prostituta, ya antes exhibida en la plaza de Tacámbaro, pues en sus glúteos se podía ver la marca de la deshonra en los azotes que recibió. Se presenta ante el capitán como la Fina; qué ocurrió entre ellos, no sabemos, qué información intercambiaron o hubo algo que detonara en los verdaderos intereses de uno en específico, es un misterio aún, poco después Muñiz fue apresado y fusilado en el fuerte de los Remedios (Villaseñor y Villaseñor, 1910).

Los residentes del pueblo fueron quienes más tarde describirían a María Francisca como una embaucadora, al notar que ella era el comandante, que asignaba los empleos militares y se encargaba de mantener a salvo a sus preferidos. La última información registrada de ella es la toma y apropiación de las haciendas de la Loma y de Chupio, y los ranchos de Cirucio y Quahulote (Fumero, 2010).

Donde murió, donde nació, de donde venía, quién era en realidad; hasta el momento no se sabe, pero nos dejó muy en claro que la valentía también se alhoja bajo la piel de mujer. La Fina, un espíritu que aparece y se desvanece entre los restos que encontramos de los hechos cometidos en el movimiento Independiente, así pues, gritemos con total euforia:
¡Vivan los héroes, las heroínas y los fantasmas que nos dieron patria! ¡Viva María Francisca! ¡Viva la Fina!, ¡reviva su recuerdo y su valentía!

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