“Prefiero un hijo muerto que un traidor” Rafaela López Aguado Continuando con nuestro septiembre, denominado como mes de la patria, mes en el cual ocurrieron un sinfín de acontecimientos importantes en nuestro país en el transcurso de la historia como lo fue el día 10 pero de 1786 en que nació Nicolás Bravo y el 29 del mismo año nació también Guadalupe Victoria; el día 16 pero de 1810 fue el inicio de la Independencia, el 21 hizo su entrada triunfal Miguel Hidalgo en Celaya y el 28 del mismo año fue la toma de la Alhóndiga de Granaditas; en 1813 el día 14 fue la inauguración del Congreso de Anáhuac; en 1821 el día 27 fue la consumación de nuestra Independencia.

El 8 de septiembre de 1824 fue el nacimiento de Jaime Nunó, personaje que fue el autor de la música de nuestro “Himno nacional mexicano”; en 1827, el día 16 fue la celebración del primer grito de Dolores; el 12 de septiembre de 1847 fue la gesta heroica del batallón de San patricio y el 13 del mismo año, fue el sacrificio de los Niños Héroes de Chapultepec; en 1854 el 15 fue el estreno del Himno Nacional Mexicano y también la celebración del Grito de Independencia.

En 1860 el día 6 de septiembre fue la proclamación de las leyes de reforma; el día primero pero de 1925 fue la fundación del Banco de México; y también catástrofes en este querido mes, la primera muy fuerte fue en 1985 el 19 de septiembre ocurrió un gran sismo en la Ciudad de México ocasionando muchas muertes y la segunda fue también un 19 pero de 2017 ocurrida también en la Ciudad de México.

Lo anteriormente mencionado fue con el fin de recordar los acontecimientos tan importantes para nuestro México ocurridos en el noveno mes del año, que es septiembre, y que dejaron huella imborrable en la historia del país y más aún, el comentar de la Independencia ocurrida en 1810, en la cual también se perdieron muchas vidas en esa cruenta lucha por una liberación, por quitar un yugo que estaba haciendo mucho daño a los habitantes, en la participaron hombres y mujeres dispuestos a ofrendar su vida por lo que consideraron en ese momento una causa justa para el bienestar de todo nuestro México.

Se luchó por una independencia, para vivir en plena libertad y no depender de ningún país extranjero, en la que se enfrentaron hombres y mujeres con decisión y valentía en defensa de sus derechos y autonomía. En esta independencia los historiadores hacen mención de todos aquellos hombres que fueron importantes para la lucha, pero, como siempre se olvidan de mencionar a aquellas mujeres que sin importar ser mujer también lucharon cuerpo a cuerpo por ese ideal.

Indiscutiblemente, siempre se han mencionado y considerado a las mujeres que fungieron como representantes en cuanto al género femenino en la gesta del México como son a Leona Vicario y Josefa Ortiz de Domínguez, pero, no únicamente fueron ellas, muchas de las mujeres de ese momento vivieron momentos importantes jugando múltiples roles aún sin tener conocimiento de las diferentes acciones que tenían que desempeñar en ese momento, lo que se necesitaban era apoyar en lo que fuera necesario en esa lucha, ejemplo de ello es hacerla de enfermeras, cocineras, cargar armamento, limpiar las armas y líderes influyentes, por mencionar algo, pero detrás de todo ello, quienes fueron esas mujeres valientes que no son nombradas y que fueron olvidadas, una de todas ellas lo fue Rafaela López Aguado; quizá si es un poco recordada por su valiosa frase: “Prefiero un hijo muerto que traicionar a la patria” y saben quién fue en realidad y porque se unió a la lucha. No, los historiadores no hacen mucha mención de ello.

Su nombre completo fue María Josefa Rafaela López Aguado, su fecha exacta de nacimiento no se tiene con seguridad, únicamente que nació en Michoacán en 1754, ella fue considerada heroína de la Independencia de México porque fue madre de cinco hijos que se unieron a la guerra conocidos como los hermanos López Rayón y el mayor de ellos es el más destacado porque fue el secretario de Miguel Hidalgo, fue el General Ignacio López Rayón.

María Josefa Rafaela fue descendiente de una las más antiguas familias españolas que se establecieron en Michoacán, vivió en el poblado de Tlalpujahua (lugar que en la actualidad se fabrican esferas para los árboles de navidad), contrajo matrimonio con el señor Andrés López-Rayón, con quien de alguna forma eran parientes ya lejanos, y se casó con él. Andrés se dedicaba totalmente a la minería que en ese entonces era una de las industrias estrella de la nueva España y por la que son conocidos todavía esos lugares. En ese matrimonio nacieron cinco hijos de nombres: Ignacio, Ramón, José María, Rafael y Francisco, ninguna mujer nació de dicho matrimonio.

Su hijo mayor Ignacio, fue el primero en adherirse a la lucha de la Independencia en 1810 y posteriormente de alguna forma convenció a sus cuatro hermanos para que se unieran a la guerra y de esa forma los cinco hermanos se entregaron a la causa independista. Quizá esa situación hizo que Rafaela se uniera a la cusa insurgente junto con sus cuatro hijos.

En 1815 en diciembre, estando en plena batalla de la lucha armada, uno de sus hijos, Francisco, quien era el menor de los cinco fue apresado por el ejército realista y lo tuvieron prisionero y, casi de inmediato lo condenaron a muerte en Ixtlahuaca, actualmente Estado de México.

Con la intención de apresar a todos los hermanos López-Rayón, le enviaron a Rafaela el mensaje de que a cambio de que no lo fusilaran le ofrecieron el perdón de la vida para su hijo y mediar con sus demás hijos para convencerlos de que se rindieran y entregaran las armas, ese mensaje recibió como un ultimátum que si no lo hacía junto con sus demás hijos, Francisco sería ejecutado.

En esa encrucijada se encontraba Rafaela y, en ese momento fue cuando se le atribuyó la respuesta que le dio al comandante Aguirre “… prefiero un hijo muerto que un traidor a la patria”, esa fue su respuesta.

Ella en ese momento analizó y decidió que no podía ni debía traicionar sus ideales y tampoco traicionar los ideales que tenían sus hijos, ese pensamiento la llevó a decidir. Los ideales estaban presentes antes de aceptar el perdón para su hijo. No podemos imaginar a esa luchadora mujer los momentos terribles que debió sufrir por su hijo y sus ideales. Esa valiente mujer quizá pasó a la historia por su frase “prefiero un hijo muerto que traicionar a la patria”, cuando el gobierno le ofreció el perdón a su hijo menor. Todos sus hijos se unieron a la lucha insurgente.

Doña Rafaela, murió con sus ideales siempre presentes en el año 1822, a los 68 años, y como ya se comentó con anterioridad no se tienen datos exactos de ella. Por lo que les invito a recordarla como una grandiosa mujer que figuró en la lucha por la Independencia.

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