“Elige algo que te fascine. Sé valiente y no tengas miedo de hacer algo difícil”
“Toda fórmula que expresa una ley de la naturaleza es un himno de alabanza a Dios: Qué extraño que algunas personas no puedan creer tanto en el libro de la naturaleza como en el libro de Dios”
Mitchel

Se ha iniciado un nuevo mes, que es el décimo del año: octubre, y en este se dice que “las lunas de octubre son las más hermosas”. Efectivamente en este mes se puede apreciar con más plenitud esa belleza de astro, que es el único satélite natural de la Tierra, el cual gira alrededor de ella y refleja la luz del Sol, ese bello astro tiene una superficie de aspecto volcánico que podemos apreciar si nos ponemos a observarla más detenidamente. La Luna tarda 28 días en dar la vuelta a la tierra. No existe aún una teoría concreta sobre su origen, pero una explicación aceptada hasta hoy, sostiene que la Luna es el resultado del choque de un cuerpo celeste con la Tierra.

El origen de la palabra Luna, en latín significa “luminosa” o “la que ilumina”. Por otra parte en la mitología griega, Selene es la diosa lunar, y de ahí que se derive en el ámbito científico o académico que se utilicen algunos términos derivados del nombre para designar conceptos asociados al satélite, como lo es selenografía, que es la parte de la astronomía que se encarga de estudiar a la Luna.

Existen otros planetas que tienen sus lunas y tienen sus nombres propios, pero en este caso, el satélite terrestre solo se llama Luna, ya que tiene que ver con el hecho de que no se sabía de la existencia de otros cuerpos celestes orbitando alrededor de otros planetas.

Se le llamó Luna, porque se suponía que era un cuerpo único en su tipo y fue hasta que en 1610, cuando Galileo Galilei observó por vez primera a cuatro lunas orbitando alrededor de júpiter, a las que se les llamó Ío, Europa, Ganímedes y Calisto. Actualmente se sabe que júpiter tiene más de sesenta satélites (Campuzano Arribas, 2006)

Para todo aquél que se inspira en ella, este es el mes más propicio para la inspiración con la contemplación de ese maravilloso astro. Iniciamos mes con la presencia de una luna llena, luna resplandeciente que a todos los que somos románticos nos encanta observarla, para volar nuestra imaginación y dar paso a ese romanticismo del que todos gozamos. En estas bellas noches de Luna, Luna de la que emana una brillantez exquisita y nos lleva e invita para dar un bello paseo por ese sendero inigualable de la inspiración para soñar.

Al observar ese bello astro, pensemos que ya desde muchos años atrás, otras personas más también lo hicieron y se inspiraron, pero, otras más estudiaron no únicamente a esta maravillosa Luna, sino que vieron algo más en ese fantástico universo, y que no fueron únicamente hombres los que lo estudiaron, también hubo bellas mujeres que les llamó la atención y lo estudiaron. Y como siempre, a lo largo de muchos siglos las mujeres han sido las grandes olvidadas de la historia y además en la sombra.

Así ha sido por muchísimos años, incontables mujeres han luchado por conseguir un espacio destacado en un mundo que parecía ser dominado por los hombres. Muchos avances y costumbres han cambiado a lo largo de los años gracias a su esfuerzo que, de una forma u otra ha marcado un antes y un después. Pero, eso no significa que no favoreciesen al avance de la sociedad o que no tuviesen una vida psicológica rica, todas ellas, si esas mujeres también tuvieron esas inquietudes, en las que se puede intuir sus motivaciones y reflexiones y una de ellas lo fue María Winkelman quien fue una astrónoma en la lobreguez.

María no fue la única, pero fue como algunas otras mujeres apasionadas por la ciencia en desear descubrir los misterios del Universo y quien por infortunio tuvo que resignarse a ser la esposa e hija de astrónomos reconocidos; ella de alguna forma contó al principio con su padre y después su tío, quienes fueron defensores de la educación de las mujeres y la ayudaron desde muy pequeña a formarse.

Su nombre completo fue María Margarethe Winkelmann-Kirch, quien nació el 25 de febrero de 1670 en la ciudad alemana de Leipzig, en el estado alemán de Sajonia. Su padre fue un ministro luterano que creía que las mujeres debían ser educadas de la misma forma que los hombres porque tenían el mismo derecho, eso era algo inusual en la época, pero gracias a la actitud positiva de su padre en cuanto al estudio a las mujeres, pudo ser educada en las artes y las letras.

Desde muy pequeña, María recibió la educación que le brindó su padre de manera excepcional para una niña en el siglo XVII, pero ese falleció cuando María era todavía una niña pero su tío continuó encargándose de su educación. Ellos le infundieron gran amor por el conocimiento científico y le llamó la atención la astronomía y se convirtió en estudiante, aprendiz y ayúdate de Christopher Arnold, astrónomo autodidacta que trabajaba como granjero en la ciudad de Sommerfeld. Esta situación era común en Alemania en el siglo XVII, donde la práctica de la astronomía tenía lugar en buena medida fuera de las universidades. Por esos años, muchos de los que fueron grandes astrónomos no estudiaron en la universidad porque la astronomía se estudiaba de forma tradicional artesanal y se desarrollaba dentro de los gremios y oficios que de las disciplinas académicas que se conocen hoy en día. (Schiebinger, 1991).

Por medio de Christopher conoció a Gottfried Kirch, famoso astrónomo y tenía 30 años más que ella, pero, se enamoraron y se casaron en 1692. La pareja tuvo un hijo y tres hijas y a todos les llamó poderosamente el estudio de la ciencia. Además de ser pareja, Gottfried y María eran compañeros en el observatorio donde ambos se complementaban, la trató siempre como una igual y trabajaron en el observatorio. En 1700 Gottfried y María se trasladaron a vivir a Berlín donde su marido fue nombrado astrónomo de la Academia de las Ciencias. María no obtuvo ningún cargo oficial por su condición de mujer pero se mantuvo al lado de Gottfried como su ayudante. También su hijo, la tuvo a su lado.

Pero los hombres de su tiempo no se lo pusieron fácil. Daba lo mismo que hubiera descubierto un cometa o que fuera una astrónoma muy competente, no les importaba, era mujer y punto.

El matrimonio elaboraba calendarios y almanaques que solicitaban en ese entonces y también su tiempo en el observatorio estudiando el cielo.

María Winkelmann se convirtió en la primera mujer de la historia al descubrir un cometa, el C/1702, aunque oficialmente fue Gottfried el descubridor, y fue hasta ocho años después que fue reconocida como la verdadera descubridora del cometa por parte de su esposo. María oficialmente nunca recibió su reconocimiento como astrónoma, tampoco cuando publicó sus estudios como Las Observaciones sobre la Aurora Boreal. Cuando falleció su esposo en 1710 le negaron su trabajo en el observatorio. (Sheffield, 1967).

En aquellos años, María tuvo a su lado a sus hijos, quienes aprendieron de ella los fundamentos de la astronomía, enseñanzas que verían sus frutos en su hijo Christfried, quien en 1716 consiguió el cargo de director del observatorio de la Real Academia de Ciencias de Berlín. Por otro lado sus hijas, apasionadas por la astronomía, las trataron igual que a su madre, por ser mujeres, quienes únicamente trabajaron como ayudantes de su hermano. (Helly, 1992).

El 29 de diciembre de 1720 María Winkelmann murió sin un reconocimiento oficial a su carrera y a su importante descubrimiento, pero, en los laboratorios deja su presencia y en el firmamento brilla una estrella más a partir de esa fecha.

“Vivir es como avanzar por un museo: es luego cuando empiezas a entender lo que has visto”
Audrey Hepburn

“La ceguera nos separa de las cosas que nos rodea, pero la sordera nos separa de las personas”
Helen Keller

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